Lunes, 23 de enero de 2017

| 2010/05/02 00:00

Teatros: en proceso

De los pocos escenarios bogotanos, varios están cerrados por las obras para recuperarlos. A pesar de que se inauguran el Julio Mario Santo Domingo y el Faenza, el déficit capitalino sigue siendo grande.

Platea del Teatro Faenza vista desde el escenario;

Hace unas semanas, todo parecía indicar que Bogotá, la ciudad cosmopolita de la que los capitalinos se jactaban, estaba en claro retroceso en cuanto a infraestructura cultural. Poco antes del inicio del Festival Iberoamericano del Teatro, los dos principales teatros de la ciudad estaban cerrados. El Jorge Eliécer Gaitán, el escenario más grande del país y donde se iba a llevar a cabo la apertura, seguía en obras de reforzamiento estructural después de 11 meses (aunque había estado cerrado cerca de tres años). Y no se podía contar con el Colón, el teatro más tradicional en la ciudad, pues los trabajos de restauración iniciados a principios de 2008 se extenderán hasta 2011. Dentro de los círculos artísticos y culturales se oía decir con escepticismo que Bogotá no tenía escenarios, que el cierre del Jorge Eliécer y el Colón era una triste coincidencia para el público y los dramaturgos, y que quizás era un síntoma del grado de abandono en el que se encontraban. Si ese era su caso, ¿cómo estarían los teatros más pequeños?

Por eso, la inauguración del Teatro del Centro Cultural Julio Mario Santo Domingo a comienzos de julio y la esperada reapertura del Teatro Faenza a mediados de junio generan gran expectativa. El primero, porque con una inversión de 40.000 millones de pesos será uno de los más modernos del país, y el segundo por ser, después del Colón, el escenario patrimonial más importante de la ciudad.

Construido en un terreno de seis hectáreas y parte del Centro Cultural Biblioteca Pública Julio Mario Santo Domingo en Suba, el nuevo escenario está compuesto por dos teatros: el Mayor, con un aforo de 1.350 personas, y el Teatro Experimental, con capacidad para 350. Es cierto: no será el de mayor capacidad, en el Jorge Eliécer entran 1.780 personas, pero sí tendrá características únicas. El Teatro Mayor tiene un escenario de 478 metros cuadrados, el más grande del país, y el foso de mayor capacidad, en el que entran hasta 100 músicos. En el del Colón, sede de las temporadas de ópera, por ejemplo, solo entran 47, lo que hacía difícil -por no decir imposible- montar las obras de gran instrumentación de compositores como Puccini, Wagner y Strauss, y por primera vez los 97 instrumentistas de la Orquesta Filarmónica podrán acompañar óperas y presentaciones de canto lírico.

Por su parte, el Faenza se 'preinaugurará' el 15 de junio con la presentación de Manuelita, un montaje del grupo de Teatro de la Universidad Central. Y es una preinauguración, pues en palabras de Claudia Hernández, la arquitecta encargada, el teatro está "en obra gris adelantada, casi blanca". Aunque el vestíbulo, la platea y los balcones están terminados, y se espera que para entonces algunos de los murales originales estén descubiertos, el arco de boca ni los detalles Art Decó de los balcones estarán listos. Y aunque estará abierto para conferencias, eventos privados y algunas obras contemporáneas, el teatro aún no tiene tramoya, ni cuenta con las especificaciones de luz y sonido. "Eso hace parte de la quinta fase de la reconstrucción", dice Hernández. La última fase de un proyecto que lleva más de cinco años en proceso y cuya finalización aún no está clara.

Prácticamente en el mismo estado se encuentran las obras del Colón. A pesar de que el Ministerio de Cultura ha invertido miles de millones de pesos en remodelarlo -para restaurar completamente el plafón, los murales y el arco de boca, actualizar los sistemas de ventilación y reforzar las estructuras, el trabajo más profundo desde que fue construido-, la licitación para actualizar la tramoya y la caja técnica aún no está abierta. En pocas palabras: los dos teatros patrimoniales quedarán como monumentos de la ciudad. Dignos de mostrar, sí, pero aún inservibles en cuestiones técnicas. ¿Hay razón entonces para estar optimistas?


Una ciudad de teatros

Bogotá es sede del Festival de Teatro más importante en Hispanoamérica y, aunque a primera vista parezca increíble, tiene más escenarios que otras ciudades de las mismas características: al menos unos 60, incluidas las salas concertadas, los teatros independientes, los municipales y distritales, y los que pertenecen a colegios y universidades como el William Shakespeare y el León de Greiff. A pesar de todo, las investigaciones del Observatorio de Culturas del Distrito y la última encuesta Bienal de Consumos Culturales demuestra que los bogotanos exigen más escenarios.

"El problema de esos 60 teatros es que están concentrados en una misma zona de la ciudad y que no atienden a gran parte de la población", dice Víctor Manuel Rodríguez, asesor de la Orquesta Filarmónica, encargado de la sección de artes escénicas del Distrito. "Que haya más escenarios no significa necesariamente que haya una oferta cultural más diversa o apropiada para las localidades". Lo dice con base en los resultados del Plan Maestro de Equipamientos Culturales (PlaMEC), un estudio que realizó la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte en 2006, y uno que confirma las sospechas de los bogotanos: los teatros de la ciudad carecen de dotación, no cumplen con las normas de seguridad (de ahí el reforzamiento estructural del Jorge Eliécer y del León de Greiff, y de los más recientes por cumplir la norma), son inaccesibles para buena parte de la población (la mayoría se encuentra en el centro), y aconseja construir al menos otros cinco teatros metropolitanos (escenarios de características similares a los del Jorge Eliécer Gaitán; el primero de ellos es el Santo Domingo). El problema, entonces, no es de número, sino de planeación. Los teatros bogotanos a duras penas garantizan que se puedan ver los espectáculos de gran envergadura y son tan desconocidos, que nadie se entera de su existencia y, mucho menos, de su programación.

Mientras Ciudad de México tiene un Teatro Nacional con capacidad para 10.000 personas y el Teatro Colón de Buenos Aires puede albergar unas 2.500 (las mismas que el Lincoln Center de Nueva York, donde se presenta la Ópera Metropolitana), los teatros bogotanos no suplen la demanda y están abandonados. Cierto: en los próximos dos meses se inaugurarán dos nuevos escenarios; es un alivio que el Jorge Eliécer cumpla con las normas de sismorresistencia y seguridad. Pero el camino aún es largo.

Según María Claudia Parias, directora de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, esta "es una ciudad que ya está lista para tener un gran escenario -después de todo la creación de escenarios tiene que ver con la evolución de las ciudades, con su desarrollo-; un escenario multipropósitos donde se puedan montar espectáculos de gran renombre y que tengan la capacidad de atender múltiples disciplinas y formatos, desde complicados espectáculos de circo hasta conciertos de rock". Si el teatro más grande en Colombia es el Jorge Eliécer Gaitán con 1.780 sillas, ella opina que debería haber uno con capacidad para por lo menos 10.000 personas y con una arquitectura versátil: un teatro cuyo estudio de viabilidad ya está contemplado en el PlaMEC. Ojalá se cumpla.

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