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| 3/10/2003 12:00:00 AM

!Tenoríssimo!

El disco debut de Salvatore Licitra, a quien el mundo saluda como el 'tenor del futuro', desbordó todas las expectativas.

Salvatore Licitra:

El debut

Arias de Puccini y Verdi

London Symphony Orchestra Carlo Rizzi

Sony Classical

Bernard Shaw dijo de los buenos tenores que "eran tan escasos que el mundo les perdonaba todo a cambio de un ut de poitrine...", de un do de pecho. Afirmación que tiene tanto de largo como de ancho. Es cierto, el tenor tiene que 'cantar' y darle al público la sensación de estar en el filo de la navaja y debe poseer un 'do de pecho' bajo la manga para coronar su aparición en escena. De lo contrario erró la profesión, así haya cantado como los mismísimos ángeles. Hasta se le perdona hacerlo 'sospechosamente' con tal de que en el momento culminante de la ópera regale al público con su 'do'...

Efectivamente, los buenos tenores son escasos. No tanto como ocurrió a lo largo de las últimas décadas, cuando todo quedó monopolizado por Plácido Domingo y Luciano Pavarotti, que a duras penas dejaron algo para un José Carreras de condiciones muy mermadas, dos migajas para Alfredo Krauss y Jaime Aragall y prácticamente nada para los demás.

Las cosas son hoy a otro precio. Porque al escuadrón lírico de José Cura, Roberto Alagna, Juan Diego Flórez y Marcelo Alvarez se suma la rutilante voz del italiano Salvatore Licitra, que acapara la atención del mundo lírico luego de su inesperado debut en la Metropolitan de Nueva York el pasado sábado 11 de mayo, cuando en el último momento sustituyó a Luciano Pavarotti en la presentación de Tosca de Puccini que, se presumía, sería su despedida de la Met. Con el teatro de bote en bote y 3.000 espectadores apostados en la plaza para ver la retransmisión del espectáculo en una pantalla gigante, Licitra pisó el escenario en condiciones adversas: al fin y al cabo el público pagó costosísimas entradas por Pavarotti y no por un joven talento, virtualmente desconocido en Nueva York, pese a su éxito en La Scala milanesa.

Las cosas cambiaron cinco minutos más tarde. Cuando Licitra abordó Recondita armonia, el aria de Cavaradossi, una sensación inesperada se apoderó del público que dos minutos más tarde se entregó y ovacionó al italiano. Al día siguiente la prensa de Nueva York afirmó que se trataba del "más excitante debut ocurrido en la Met en su historia reciente". Por eso puede afirmarse que en asuntos de tenores este disco ha sido el más esperado de los últimos tiempos y, afortunadamente, no decepciona ni por un segundo. Lo mejor, sin duda, comprobar que Licitra efectivamente podría ser el 'sucesor' de Pavarotti, pero sólo en el sentido de tratarse de una voz en la tradición lírica italiana por el ardor de su canto, por el poderío vocal, por la robustez de su voz y también porque tiene los agudos brillantes, bien colocados, seguros e incisivos que el público espera de los tenores. Pero nada más. Su voz posee sello propio, timbre único y personalidad interpretativa que trasciende más allá del "ut de poitrine": posee lo que le permite al tenor dejar de ser el portador de un 'do de pecho' para convertirse en artista.

Licitra no se anduvo por las ramas. Enfrentó el repertorio en el que todo el mundo quería 'medirle el aceite': las grandes arias de Puccini y de Verdi, sin caer en la obviedad de La donna è mobile, pero culminando esta casi hora de música con un 'do de pecho' asombroso y brillante en la temible Di quella pira del Trovador.

Dos cosas quedan claras. Primero, que en su manera de cantar las arias de Puccini Licitra toma partido por una interpretación de canto cuidadoso, casi de cautela expresiva y no se permite los desgarros dramáticos que son el sello característico de la manera de hacer Puccini en los últimos años.

En segundo lugar, que es en Verdi donde desde el punto de vista expresivo parece sentirse más a gusto, o por lo menos más explosivo en asuntos de dramatismo. Al menos esto se deduce de la fervorosa y ardiente interpretación de las arias provenientes de Aida, Forza del destino, Simon Boccanegra, Ballo in maschera, Macbeth y Trovatore. La grabación cuenta, además con unas condiciones técnicas y de registro sencillamente impecables, con la participación de la Sinfónica de Londres bajo la dirección de Carlo Rizzi, que no se limitan a acompañar adecuadamente el repertorio sino que rodean la cálida voz de Licitra.

Si hemos de convenir en el hecho de que en asuntos de tenores los grandes verdianos son más escasos que los puccinianos, pues bienvenido Licitra al mundo lírico. Tenorisimo, voz privilegiada que, afortunadamente ya despierta pasiones. En esto de tenores el unanimismo es cosa perniciosa. Al fin y al cabo la ópera es campo de pasiones donde los personajes no hablan, ¡cantan! n
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