Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1998/07/27 00:00

TERCIOPELO ELECTRONICO

Luego de su nominación a los Grammy, Aterciopelados regresa con 'Caribe atómico', un álbum encerrado en las ondas de la electrónica y el 'trip-hop'

TERCIOPELO ELECTRONICO

No hay que sorprenderse. El grupo Aterciopelados ha cambiado y lo ha hecho para bien. Metido ahora entre sonidos absolutamente contemporáneos, con influencias de los géneros electrónicos, del ambient, del trip-hop y similares, pero sin perder ese aire tan nacional que lo ha caracterizado, ha vuelto a aparecer con uno de los mejores discos para la historia del aún insípido rock colombiano. Sutil, elegante, refrescante, natural, moderno, sencillo, encantador y otros cuantos adjetivos se le pueden aplicar a Caribe atómico, como se llama este trabajo. Héctor Buitrago y Andrea Echeverry _ellos dos son los Aterciopelados_ dieron rienda suelta a la música que los motiva. De un tiempo para acá Héctor anda atrapado por la música electrónica y Andrea está embelesada con los artistas insignias del trip-hop británico, como Portishead, Tricky, Morcheeba o Massive Attack, influencia suficiente para conseguir lo que es este disco. Los Aterciopelados le han dado la mayor proyección internacional al rock colombiano gracias a una efectiva fórmula en la que el punk o el rock convencional se unen a una alta dosis de sonidos típicos, proyección de la idiosincrasia colombiana. Hoy Aterciopelados es otra cosa. "Este es un cambio real _comenta Andrea_, es un poco lo que le está pasando a uno por dentro y eso finalmente se refleja en lo que uno hace creativamente. Estamos interesados en otros sonidos. Después de oír varias veces 'La Pipa de la Paz' _su disco anterior_ sentimos que a pesar de toda la tecnología que tuvo seguíamos siendo una banda convencional como tal. Queríamos romper con eso. Yo, por ejemplo, quería encontrar otras formas de cantar". Y lo lograron, en gran parte de la mano de Andrés Levin, un productor reconocido por sus trabajos junto a grupos como La Portuaria y Los Amigos Invisibles, quien los puso a trabajar de otra manera, realizando una preproducción que le 7permitió a Héctor y Andrea crear cerca de 30 canciones para escoger sólo las 12 que integran el disco. "Eso nos sirvió para que las canciones crecieran, se definieran y tomaran una dirección con las atmósferas y las texturas que queríamos, dice Andrea. Nos dio también la capacidad de experimentar y posibilidades de sonar distinto". Sin embargo, al escuchar este álbum, es evidente que el grupo no ha perdido la carga popular, clave de su éxito. Eso sí, han sabido dosificarlos, vestirlos de sutileza y enmarcarlos en un verdadero viaje de percusiones y ritmos envolventes sobre los cuales la voz de Andrea se muestra más sobria que nunca. Ejemplo de ello son canciones como Péndulo, Maligno, que guarda cierto aire tanguero, o Reacio, con algo escondido de cumbia. La inclusión de lo popular fue algo deliberado. "Tratamos, en lo que cabe, de darle algo de sutileza, porque finalmente somos populares, no escribimos alta poesía, ni letras intelectuales. Pero sí fuimos selectivos, en especial cuando oímos ciertas cosas del pasado y encontramos que son muy gritonas o desentonadas. Queríamos ser más elegantes sin olvidar lo que somos", concluyó Andrea. Caribe atómico merece ser escuchado. Su tema titular está en lo justo del rock y la electrónica. El desinflar de tu cariño es una especie de versión al estilo Morcheeba de Oye como va; Miénteme, Humo y alquitrán y Doctora Corazón están completamente empapadas de influencia trip-hop. Cosmos es el momento ranchero-ska del disco, eso sí con todo lo que le da el tecno. Mañana guarda ambientes brasileños y Días cierra el disco en un ambiente baladístico como para que todos queden ávidos de nostalgia. El grupo se marcha esta semana para presentar el disco en Francia y España. No hay duda, con esta propuesta de avanzada Caribe atómico hará eco fácil en otras latitudes. El rock colombiano sigue en evolución.

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