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| 11/8/2014 10:00:00 PM

Teresa, en cuya mano el piano…

La concertista colombiana Teresita Gómez lanza ‘Trilogía’, un álbum que recoge lo mejor de la música colombiana.

El secreto del piano consiste en que la conexión entre las manos y las cuerdas del arpa no existe, porque posee un complejo mecanismo que se llama el doble escape, que la interrumpe. De conseguirla se encarga el pianista.

Teresita Gómez lo logra porque el piano es la extensión de sus manos que han estado sobre el teclado desde que tiene memoria, cuando a las escondidas se sentaba en los pianos del Instituto de Bellas Artes de Medellín, donde Valerio, su papá, era el portero y le alcahueteaba imitar las clases que allá se impartían; Teresa, su mamá, estaba en desacuerdo: “Donde se den cuenta nos echan, Valerio”.

Una de las profesoras la pilló y gritó admirada: “¡La negra toca!”. A Valerio no lo echaron, los profesores se tomaron en serio el asunto y resolvieron enseñarle porque su talento era excepcional.

El piano se convirtió en el eje de su vida, porque era adoptada y negra. Su mamá se lo negaba, “vos no sos negra, fue que de necia te tomaste un frasco de tinta china: La realidad era otra, cuando Valerio intentó matricularla en un colegio de monjas no lo consiguió: “Imagínate Teresa que no me recibieron a la niña por negra”. Cuando la invitaron a la piscina la sacaron por lo mismo, y como no tenía con quién jugar, la música era su diversión: “Mi papá era un hombre muy sencillo, me apoyó para que siguiera estudiando piano; mi mamá era la más racista del mundo: ‘Cómo que la niña va a tocar piano, eso es para ricos, para la gente de la crem’”.

Doña María Currea de Aya la trajo a Bogotá para que estudiara en el Conservatorio Nacional, se graduó summa cum laude: “Qué mujer doña María, hasta me enseñó los modales en la mesa; yo era brillante en el piano –lo digo sin modestia– muy buena, oído absoluto, pero rebelde y lo sigo siendo: ¡Yo soy un toro que merece ser indultado!”.

Teresita ha conocido las mieles del éxito y los sinsabores. Durante los años del Estatuto de Seguridad del presidente Turbay la encarcelaron en los calabozos del Ejército, el presidente Betancur la nombró agregada de la Embajada en Berlín y el presidente Uribe le dio la Cruz de Boyacá; el Establecimiento de la música nunca termina de tomarla en serio, “es que no encajo, no voy a decir que no me saluden, los músicos son hasta corteses, pero para ellos no pertenezco al Olimpo del pentagrama, soy como de segunda… qué digo, ¡de tercera! Y me lo han hecho saber de todas las formas, aunque hay excepciones”. Sin embargo, el público la adora.

Porque Teresita no siguió las normas, cuando descubrió que el mundo era más que el piano resolvió vivirlo con intensidad y hasta renunció al virtuosismo del instrumento, en su vida cabe el yoga, la enseñanza, un par de incursiones en la actuación, bailar el tango, los boleros…

Eso sí, a lo largo de toda su vida ha estado siempre presente su interés sincero y profundo por la música colombiana. Fue la primera en incluir en sus conciertos las obras de los compositores nacionales, y gracias a sus manos, nombres como Luis A. Calvo y Adolfo Mejía se convirtieron en clásicos.

Ese es su gran legado: haber llevado a las salas de concierto la música colombiana. Y haberla llevado al disco en varias oportunidades. Ella lo sabe, y por eso puso todo de su parte para la edición de esta Trilogía, un álbum que recoge en tres compactos lo mejor de la música colombiana: Luis A. Calvo, Carlos Vieco, Guillermo Uribe Holguín, Pedro Morales Pino, Adolfo Mejía, Gustavo Yepes, Fulgencio García…

Es una joya de la interpretación y de su amor por Colombia; toda su experiencia con compositores como Federico Chopin, Cesar Franck y Robert Schumann está agazapada en estas interpretaciones.

Lo que viene ahora no es menos complicado: que le llegue a la gente. Esa es su gran preocupación, no hace mucho se encontró en Medellín con uno de los altos ejecutivos del Éxito y con mucha audacia le dijo: “Ay, usted por qué no me ayuda y pone mi álbum en el Éxito, ¡Así como el de Juanes!”.
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