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| 2/14/1994 12:00:00 AM

TESTIGOS DE LA MEMORIA

La Biblioteca Nacional tiene resguardados 28 mil volúmenes entre libros incunables, raros y curiosos, en ediciones que van del siglo XV al XVIII. Sin embargo, pocos saben de este tesoro.

TESTIGOS DE LA MEMORIA TESTIGOS DE LA MEMORIA
ESCONDIDO EN UN ANAQUEL DE LA SAla de seguridad de la Biblioteca Nacional reposa el libro más antiguo que hay en Colombia, De la veracidad de la fe católica, escrito por Santo Tomás de Aquino en el siglo XV y editado en Venecia por Nicolás Jenson en 1480. Junto a él 39 volúmenes más de la misma época hacen parte de la colección de incunables universales -aquellos libros escritos durante los primeros 50 años a partir de la aparición de la imprenta de Guttemberg- que la biblioteca cuida con recelo de las manos destructoras del tiempo.
Pero nadie los mira. Pocos han ingresado a ese recinto sagrado donde respira pulcramente la historia en cientos de añejos tomos recogidos durante dos siglos por diferentes medios y hoy acomodados en una estrecha hilera de repisas. En ellas hay ediciones primigenias de creaciones españolas inmortales como las Novelas ejemplares, de Miguel de Cervantes edición príncipe de 1613; la compilación de las obras de Juan de Mena edición de 1528 y la Arcadia de prosas y versos, de Lope de Vega edición de 1605. Y también clásicos latinos y griegos, como De bello Peloponnesium, de Tucídides edición de 1527; las Epístolas, de Séneca de 1529 y De bello Gallico, de Julio César de 1574. Sin embargo cada día son menos los que llegan a estas reliquias con afán investigativo tal vez porque cada vez son menos los conocedores de latín y español antiguos. La dificultad del idioma las ha confinado a la frialdad de los anaqueles metálicos a la espera de que algún curioso detenga su mirada en sus lomos y en sus hojas con el simple deseo de palpar la historia en el material impreso.
Colombia tuvo la fortuna de tenerlas bajo su resguardo casi por casualidad. La expulsión de la Compañía de Jesús de los dominios españoles por decisión de Carlos III en 1767 no sólo produjo consecuencias políticas y religiosas. Los jesuitas fueron desterrados de la Nueva Granada y sus bienes pasaron a manos del Estado. La biblioteca de la comunidad religiosa era una de las más valiosas y completas del virreinato. Con ella se fundó la Real Biblioteca del Nuevo Reino de Granada diez años más tarde. La colección fue enriqueciéndose y permaneció en el Palacio de San Carlos hasta 1822 cuando ya creada la República Santander ordenó su traslado al Museo de las Aulas en el Colegio San Bartolomé donde se conservó durante más de 100 años. Finálmente en 1938 bajo el gobierno de Alfonso López Pumarejo y por iniciativa de Daniel Samper Ortega se construyó la sede actual la edificación estilo Bauhaus que con sus corredores fantasmales y fríos se alza entre las calles 24 y 26 del centro de la capital con más de un millón de ejemplares en su interior.
Allí descansan como espíritus vivientes los cerca de 28 mil volúmenes antiguos que reúne la colección de raros y curiosos editados entre los siglos XV y XVIII la mayoría de origen religioso científico y filosófico. Pocos se acercan a auscultarlos a pesar de que encierren buena parte de la historia del país. Gruesos ejemplares testimoniales de la Expedición Botánica así como los textos de estudio europeos que el sabio Mutis utilizó para su investigación incluida la obra científica de Joseph Nicolai Jacquin uno de los más célebres científicos de la época; ediciones originales de las primeras narraciones de la conquista americana, entre los que se encuentra la Historia general de la conquista del Nuevo Reino de Granada, de Lucas Fernández de Piedrahita, hacen parte de esta colección de incalculable valor univérsal.
Al lado de ella crece el patrimonio bibliográfico de los últimos 200 años, gracias a las adquisiciones de la institución y a las donaciones de particulares. Las más recientes han sido las bibliotecas de Germán Arciniegas, de 20 mil ejemplares, y del maestro Guillermo Uribe Holguín, quien poseía entre sus pertenencias ediciones originales de autores como Víctor Hugo y Paul Verlaine.
Curiosamente, una de las colecciones más impresionantes es facsimilar. Se trata de la edición española Testimonios, realizada en conmemoración de los 500 años del Descubrimiento y que reúne libros y documentos históricos idénticos al original, tanto en su elaboración como en el material y la forma de presentación. Entre ellos se destacan las ediciones de los Códives Mayas, el testamento de Isabel la Católica y los testimonios de Marco Polo, comentados de puño y letra por Cristóbal Colón.
No hay duda de que los incunables, raros y curiosos de la Biblioteca Nacional representan un importante patrimonio. Sin- embargo, siguen allí, reposando como fantasmas entre las estrechas estanterías, aguardando a que sean rescatados del tiempo y del olvido. Esperando a que sus lomos se abran nuevamente para revivir pasados insospechados.

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