Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2008/02/09 00:00

Tiemblan los gigantes

El mítico sello EMI está a punto de perder a varias de sus superestrellas. La inminente muerte del CD obliga a la industria musical a reinventarse.

Los Rolling Stones firmaron con Universal para sacar su próximo disco, la banda sonora de la película Shine a Light, dirigida por Martín Scorsese, que abrió el pasado jueves el festival de cine de Berlín

Tarde o temprano tenía que suceder. La industria musical, que todavía sigue anclada en los paradigmas del negocio de los años 60 y 70, la edad dorada de los álbumes de vinilo de larga duración, comienza a aplicar políticas de choque para adaptarse a la nueva era de las descargas por Internet.

Desde enero se ventila la crisis del sello disquero EMI, el cuarto más grande del mundo, que en agosto del año pasado pasó a manos del fondo de inversión Terra Firma, y anunció un recorte de entre 1.500 y 2.000 puestos de trabajo en todo el mundo para reducir costos.

Las superestrellas de EMI no tardaron en reaccionar. Robbie Williams amenazó con romper su contrato para protestar por el maltrato recibido por parte de los nuevos dueños. El ex Beatle Paul McCartney ya abandonó la casa que lo acogió desde 1962. "Todo el mundo en EMI se ha convertido en parte del mobiliario. Yo era un sofá, Coldplay, un sillón...". Además, EMI y los Rolling Stones no han logrado llegar a un nuevo acuerdo para renovar su contrato, que vence en mayo. Si se van, EMI pierde una banda que le aporta casi seis millones de dólares al año.

Este es el resultado de una crisis que se comenzó a cocinar a finales de los 80 con la euforia de la aparición del CD. Aunque contaban con un formato más barato de producir y de mercadear que el LP, las disqueras subieron los precios para aprovechar la euforia de los consumidores que compraban en masa CD con los títulos que ya tenían en LP. Un negocio más que redondo, porque vendían de nuevo grabaciones por las que ya no tenían que invertir en estudios ni en promoción. El cantante argentino Andrés Calamaro señaló en 2001: "Un compacto se vende al 2.000 por ciento de su valor: ¿Eso es música o narcotráfico?".

Durante la bonanza, ni fabricantes ni consumidores imaginaban que en menos de 20 años cualquier persona podría andar con un equipo de sonido del tamaño de la palma de una mano que puede almacenar el equivalente a 1.000 LP. Y a las casas disqueras se les olvidó un detalle: cultivar a las nuevas generaciones en el amor por el disco como objeto de culto. Con un agravante más. Con la aparición de los CD regrabables, se volvió rentable la piratería e irrelevante tener el original o la copia, pues la calidad del sonido es la misma. El golpe de gracia fueron las descargas de música por Internet, que volvieron obsoleto el concepto mismo del soporte, llámese este LP o CD. Como señala el escritor Sandro Romero, melómano compulsivo, "los discos se volvieron objeto para fetichistas. Los menores de 25 no compran discos. Oyen música".

Cada vez son menos quienes siguen apegados a conceptos obsoletos como "yo tengo el original" o, peor aun, "coleccionar discos". ¿Coleccionar qué, se pregunta un joven de hoy que almacena carpetas de música en su reproductor mp3.

Eso sí, lo que está en crisis no es el consumo de música, sino el CD. Y las grandes disqueras no se han quedado quietas. Cada día crece más la cultura de la descarga de música de manera legal a través de páginas como iTunes y Amazon.com. En el Mercado Internacional del Disco y de la Edición Musical (Midem), que se celebró en Cannes (Francia), Jean-Bernard Lévy, jefe del consorcio Vivendi, al que pertenece Universal, manifestó: "El sector crece impulsado por las nuevas tecnologías, y la música crecerá también si se encuentran soluciones creativas". Dominique Leguern, directora general de Midem, considera que "hoy el consumidor es el rey. Consume la música, cuando quiere, donde quiere y como quiere".

Y las grandes estrellas también se han adaptado a una nueva realidad: la principal fuente de ingreso han vuelto a ser los conciertos. Bandas extintas como Soda Stereo o The Police volvieron a presentarse, a primera vista por nostalgia, aunque en el fondo se sabe que lo hacen porque ya casi ninguna superestrella del pasado puede vivir de las regalías de sus álbumes.

En 1990 era imposible imaginar que en 2005 el mundo estaría inundado de reproductores de mp3. Por eso hoy nadie se atreve a predecir ni siquiera el futuro cercano de la industria musical. Lo que sí es cierto es que los músicos van a estar allí. Quién y cómo se lucre con el negocio o se quiebre, esa es otra historia.

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