Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1996/10/21 00:00

TIEMPO DE MATAR

El más reciente éxito de John Grisham gira alrededor de los problemas raciales y su incidencia en la justicia estadounidense.

TIEMPO DE MATAR

Director: Joel Schumacher
Protagonistas: Mattew Mc Conaughey, Sandra Bullock, Samuel Jackson, Kevin Spacey, Oliver Platt, Keiffer Sutherland, Donald Sutherland.
El escritor y productor cinematográfico John Grisham se ha convertido en los últimos años en uno de los autores más cotizados de Hollywood. Experto en armar toda suerte de problemas alrededor del derecho y la administración de justicia, Grisham ha provocado la intriga en miles de espectadores con éxitos como El informe pelícano, La firma y El cliente. Precisamente el realizador de esta última película, Joel Schumacher, es el encargado de llevar a la pantalla gigante la más reciente ocurrencia de Grisham. Se llama Tiempo de matar y, a diferencia de sus anteriores relatos, esta vez el dilema jurídico está alimentado por un ingrediente que sigue siendo utilizado en Estados Unidos para dirimir los problemas con la justicia: el racismo. La película cuenta la historia de un negro (Samuel Jackson) a quien la fiscalía intenta condenar a muerte por haber asesinado a los violadores de su hija de 10 años. El hecho ocurre en un pequeño pueblo del sur de Estados Unidos, donde el abogado defensor (Mattew McConaughey) tendrá que enfrentarse a la ira desatada por una tensión racial evidente. Con la presión del Ku Klux Klan, la parcialidad del juez y un jurado en su mayoría blanco, McConaughey hará hasta lo imposible por demostrar que el asesinato de los violadores fue un acto de justicia. La fuerza del filme recae en su desenlace y en consecuencia Grisham y Schumacher van cargando de emotividad la trama a medida que transcurren los minutos. El fallo del jurado, válido o no, es algo que tendrá que discutir el público al final de la película. Por lo pronto, John Grisham ha demostrado que su imaginación en relación con la justicia es no sólo verosímil sino que está cargada de esas ambigüedades que hacen de cualquier sistema judicial una máquina considerablemente imperfecta.

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