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| 1/7/1991 12:00:00 AM

TIEMPO DE REFLEXION

La Garcés Velásquez despide el año con dos artistas que Invitan a la meditacion: Miguel Angel Rojas y Elsa Zambrano.

Parece como si la Garcés Velásquez lo hubiera hecho a propósito, consciente del ánimo que invade a los mortales en las postrimerlas del año. Las dos muestras que se exiben actualmente en la galería resultan adecuadas para esa arraigada intención de reflesionar y, al mismo tiempo, de recrearse.
Las obras de Miguel Angel Rojas, que de alguna manera reflejan su trabajo pictórico emprendido en el último lustro, invitan a poner los pies sobre la tierra con respecto a la realidad que vive el país. Una realidad que bien podría ser universal porque la violencia, por ejemplo, ha sido una constante en el desarrollo de la humanidad-,pero que precisamente ahora pega más duro en el país.
Su "Guerrero", una construcción épica que simboliza al hombre entregado a las armas, que aparece a plenitud en el lienzo con elementos que lo hacen sentir intemporal, deja claro, con su gesto despectivo y esa "metralla" que no se adivina con la primera mirada, que el potencial del horror ha logrado que el pánico cunda en medio de una sociedad impotente. Pero su visión de la violencia no se limita a las causas del desaliento, sino que, por el contrario, posee su énfasis en los efectos. En "siendo el noticiero desde las torres" la tragedia se presenta con el embeleso de la imagen adomada, recortada y sensacionalista y se convierte en un lugar común con el que los habitantes de una metrópoli deben aprender a convivir.
Rojas se interesa por las sensaciones que llegan hasta el cuando-a el hombre. De manera que si la violencia tiene cabida por su fuerte dosis de penetración, también el sexo y las pasiones resultan adecuadas en este orden de ideas. O la memoria y la nostalgia de los tiempos idos y el deseo de rescatar lo que nunca volverá. Por medio de una profunda simbología, el artista presenta la realidad de una manera descarnada. Para enfatizar su propósito juega con los planos y logra una profundidad de la cual es imposible escapar.
Así, a pesar de esa composición casi barroca como debe ser la composición del subconsciente no permite que el menor detalle se pueda pasar por alto. La obra de Elsa Zambrano, por su parte, parece, a primera vista, elaborada con intenciones recreativas. Pero realmente no es éste el fin último de una artista que ha pasado del paisaje urbano de hace algunos años, al carboncillo de vegetaciones tupidas. Si bien en sus series del pasado el anonimato y el peso del cemento de las ciudades era el origen de su mensaje, ahora la idea es enfrentar al público con una naturaleza que quiere volver a tomar las riendas del universo. En el fondo se trata del mismo punto: la incapacidad del hombre para convivir con su medio.
Elsa Zambrano se ubica en medio de la naturaleza, quiere mirar el cielo a través de las ramas que se van entretejiendo ante sus ojos. Por eso, los primeros planos llevan la clave. Ahí están, como si quisieran agredir al que contempla la obra, hojas y frutos tomados del natural, ampliados sin temor, que se aproximan y tratan de salirse del marco. Los motivos botánicos, entonces, si bien recrean la vista, no son más que una disculpa para transmitir un mensaje ecológico, que en el fondo es una invitación a la reconciliación con la naturaleza.
¿Epoca de reflexión? Bien podría serlo con esta exposición de la Garcés Velásquez. Sobre la drástica realidad de un mundo agobiado o sobre los medios de escape para hacer menos duro el exilio espiritual.
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