Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1988/11/14 00:00

TIEMPO DE SUFRIR

La ironía, la maldad y el horror reaparecen en "Catástrofes", el último libro de cuentos de Patricia Highsmith.

TIEMPO DE SUFRIR

En el nuevo libro de la escritora norteamericana Patricia Highsmith, publicado en castellanocon el título premonitorio de "Catástrofes", una colección de diez cuentos cargados de crueldad, sarcasmo y lucidez, nos topamos con un historia titulada "Nadie ve el final" protagonizada por una mujer llamada Naomi, residente en un hogar para ancianos. Este personaje y la situación atormentada a que sobrevive resumen muy bien la intención de la escritora que se ha convertido en la mejor exponente de la llamada novela "negra" .
Estamos en el año 2090, Naomi ya debió pasar los 200 años de edad y está convertida en el dolor de cabeza para las enfermeras que muchos años atrás, decidieron atenderla de la peor manera posible. La dentadura extraviada en cualquier retrete, perdido el control de su organismo, con la memoria trastocada que le permite dialogar con las sombras de sus muertos -entre ellos el hijo que intentó comprender su demencia que comenzó muy temprano-, con la convicción de ser un organismo que jamás perecerá, Naomí sobrevive a varias generaciones de pacientes y enfermeras. Sus ojos sólo miran sombras, sus oídos sólo escuchan murmullos y se la pasa haciendo el inventario de los logros, los fracasos, las mediocridades y los momentos de soledad que pasaba aun antes de ser internada en este hogar para ancianos. Pero Naomí no está triste, ni se siente una desgraciada, ni quiere la compasión de nadie, ni siquiera se siente aludida cuando las enfermeras huyen de la pestilencia de su habitación, porque los pañales que le ponen siempre están sucios, ni siente dolor ni frío ni calor porque ya pasó cualquier barrera natural, ya superó cualquier referencia orgánica mientras el lector siente que esta mujer seguirá viva, divertida en su corazón y los enterrará a todos mientras haya un hogar donde permanecer y unos fondos dejados por un pariente que no sabía lo que estaba haciendo.
Naomí es un personaje que sólo se encuentra en la obra de una escritora como la Highsmith. Es más, Naomí es un resumen ridículo y doloroso de otros personajes femeninos, como la madre de "El diario de Edith", que se siente sola y comienza a llevar una doble vida al lado de ese hijo mediocre y en un momento dado, la imaginación tendrá que golpearse con la realidad doméstica y le hará daño a todos. También Naomí tiene algunos elementos de las mujeres de "El hechizo de Elsie", esas mujeres que no quieren dejarse atrapar por nada ni nadie.
"Catástrofes", según la autora, le sirvió para divertirse mientras escribía estos cuentos morbosos, cargados de maldad e ironía, con retratos crueles de personajes que se dejan arrastrar por circunstancias aparentemente cotidianas, pero que en el fondo están alimentadas por el absurdo.
En el cuento "Operación Bálsamo o no me toques", el fantasma de la catástrofe nuclear de Three Miles Island sigue rondando, especialmente alrededor del personaje llamado Benjamin M. Jackson, director de la Comisión de Control Nuclear, para quien la vida se ha convertido en un infierno porque desde ese accidente los habitantes de los pueblos más pequeños y lejanos están vigilando para que por sus carreteras no lleguen a transitar camiones con desechos nucleares y mortales. El cuento se va convirtiendo en una pesadilla cargada de humor negro, cuando la Comisión ya no encuentra sitios disponibles para arrojar esos desechos, cuando escogen el subsuelo de un estadio y cuando, en una escena que es un modelo del sentido sarcástico de la autora, uno de los funcionarios queda atrapado presuntamente en uno de los compartimientos metálicos a prueba de raciones.
En la historia "Nabuti, calurosa bienvenida a un comité de la ONU" la Highsmith demuestra sus perversas intenciones al aludir burlonamente a temas tan dramáticos como el subdesarrollo, el colonialismo cultural, la segregación racial y otros grandes conflictos que aquí alimentan la vida difícil de un país africano que no sabe qué hacer con la libertad, que se enreda con la mala utilización de los semáfaros (los vehículos no alcanzan a pasar en verde, se recalientan, estallan y quedan ahí en las calles bajo la lluvia y el sol), que es presa de políticos y militares hasta cuando se anuncia la llegada de una comisión de la ONU (la segunda carta se demorará varios meses en llegar con la noticia). Esto cambia la vida de la nación, los acelera, los convulsiona, los hace realizar obras que en otras circunstancias jamás habrían tenido lugar. El absurdo no tiene límites. Los electricistas, tratando de hacer funcionar obsoletos ascensores, mueren atrapados y a nadie le importa. Más tarde sus cadáveres serán quemados. Lo que ocurre con los extranjeros de la ONU, lo que descubren en ese país tan salvaje y olvidado, no tiene límites y el lector descubrirá por qué la autora confiesa. cándidamente, que pocas veces se había divertido tanto escribiendo unos cuentos. Los demás relatos son así, burlones, hasta con el Papa.

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