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| 7/20/2013 2:00:00 AM

Titanes del Pacífico

En esta película de Guillermo del Toro, ambientada en un futuro cercano, robots gigantes y monstruos de las profundidades se pelean espectacularmente. ***

Título original: Pacific Rim
País: Estados Unidos
Año: 2013
Director: Guillermo del Toro
Guión: Guillermo del Toro y Travis Beacham.
Actores: Charlie Hunnman, Rinko Kikuchi y Idris Elba
Duración: 131 minutos

Sentado en el cine, viendo a estos robots agarrándose a puños con estos monstruos, pasó algo extraño: me encogí. Volví a tener ocho años o siete, a estar en esa edad en la que la única forma de articular el asombro es decir ‘¡uish!’ o ‘¡uiiiiish!’, donde la modulación de la sorpresa depende de la cantidad de íes en medio de la palabra (obviamente, mientras más íes, más impresión). Y esta película, para ese niño de siete u ocho años, tiene al menos cinco íes en medio. Mínimo. 

Los primeros minutos explican su premisa: en un futuro cercano se abre una brecha en medio del océano de donde salen monstruos enormes que luego van a la orilla a acabar con las ciudades que encuentren a su paso. La humanidad reacciona primero atacándolos con aviones y misiles y, luego, construyendo robots tan enormes como los mismos monstruos. 

De ahí las peleas entre monstruos (llamados Kaijus, como un homenaje a las películas japonesas de Godzilla y compañía) y robots (llamados Jaegers). Los robots son manejados por al menos dos personas, para que los cerebros resistan mejor la conexión con la máquina. 

Lo que sigue es relativamente elemental: por razones no muy claras, los gobiernos deciden descontinuar el programa de robots y construir murallas alrededor de las ciudades costeras que resultan insuficientes para contener a estas criaturas abismales. Hay un piloto traumatizado (Charlie Hunnman) por la pérdida de su hermano y copiloto que se ha dedicado a otras tareas y a quien deben convencer para que regrese en un último intento por cerrar esa brecha. 

A él se suma  una piloto inexperta que sueña con pelear contra estos bichos gigantes para vengar un trauma de infancia (Rinko Kikuchi) y un comandante que lleva con altura el peso de la responsabilidad (Idris Elba). 

Esta es una de las últimas coproducciones entre Legendary Pictures y el estudio Warner Brothers, que han dado películas taquillerísimas como las serie de Batman de Christopher Nolan. Aparentemente en respuesta a este rompimiento, en los tabloides de Hollywood circularon rumores de que la película estaba destinada a ser un fracaso de 190 millones de dólares. 

Pero si los malos pronósticos resultan ciertos, no será porque la película incumpla con lo que aprendimos a esperar de una gran cinta de verano; Titanes del Pacífico es potente y divertida, ligera y aplastante, ensordecedora y emocionante. Además está basado en un guion original, no es secuela de nada.

Quizá su mayor logro, y lo que más emocionó al niño de ocho años que mencionaba al principio, es mostrar a los robots como poseedores de una materialidad arrolladora y casi alucinante –más cercanas a la tecnología arcaica y sólida de unos tanques de la II Guerra Mundial que a la estética impoluta de la era digital.

Es esa materialidad lo que hace que las peleas de la película, en realidad su  plato fuerte, sean tan impactantes y que Titanes del Pacífico termine siendo tan satisfactoria (mientras se deje salir al niño de ocho años que llevamos dentro, claro). 
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