Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1998/02/23 00:00

TITANIC

La película más costosa de la historia es un milagro tecnológico que revive la tragedia que conmocionó al mundo en 1912.

TITANIC

Los 86 años que han pasado desde el hundimiento del Titanic hacen pensar que esta es una historia que ya debería estar muerta y suficientemente enterrada en el fondo del mar. Sin embargo, su leyenda está más viva que nunca. Tiene un puesto preferencial en la cultura y el folclor popular, y no ha habido un naufragio o un conjunto de dramas personales que más atención haya recibido en la historia. En dos meses se conmemora un nuevo aniversario del Titanic, y la parafernalia producida por este, así como por todos los anteriores aniversarios, parece incansable. Cuando ya se creía que no cabía una sola película más sobre el tema _se han producido más de media docena_, aparece una nueva, Titanic, que no sólo se ha erigido en la cinta con mayor presupuesto de la historia sino que se aproxima a batir todos los récords de taquilla, un fenómeno que hace pensar que al desastre del Titanic todavía le falta mucha tela por cortar. Hasta el pasado 19 de diciembre, día del estreno de Titanic, la película Waterworld _Mundo acuático_ era considerada la más cara de la historia del cine. Kevin Costner, su productor y protagonista, llevó a la Universal a invertir 175 millones de dólares en una odisea en mar abierto que amenazó seriamente con quebrar a la productora y al final arrojó pocos dividendos, tan pocos que prácticamente a nadie le quedaron ganas de volver a arriesgar una suma similar. O por lo menos a casi nadie. Al mismo tiempo que se estrenaba Waterworld en el verano de 1995 ya el director James Cameron tenía en mente llevar a la pantalla una odisea mayor que, a la postre, arrasaría con todos los cálculos presupuestales y se erigiría, con su estreno en diciembre de 1997, en la cinta más costosa en la historia de la industria cinematográfica. Se trataba de relatar con lujo de detalles la espectacular pero breve y trágica epopeya del barco más grande y lujoso de su tiempo, el R.M.S Titanic, que zarpó de las costas de Southampton, Inglaterra, hacia Nueva York el 10 de abril de 1912 en su viaje inaugural, y cinco días después se hundió en las gélidas aguas del Atlántico norte con 2.223 personas a bordo, al colisionar con un iceberg (ver artículo siguiente).
Un sueño hecho realidad
El sueño de Cameron costó 200 millones de dólares, una cifra con la cual podrían filmarse cuatro superproducciones en Hollywood y fácilmente 66 películas de buen presupuesto en Colombia. Sin embargo, la comparación más elocuente la ofrece el propio Titanic, cuya construcción costó en su época 7,5 millones de dólares, es decir, unos 125 millones de dólares al cambio de hoy. Al contrario de lo sucedido con Waterworld, que sólo después de dos años de exhibición internacional ha logrado cuadrar a duras penas la inversión, Titanic se ha disparado en un mes, con recaudaciones que superan los 200 millones de dólares sólo en Estados Unidos, un monto que se aproxima bastante al mínimo calculado para recuperar la inversión (unos 350 millones de dólares) si se tiene en cuenta que a Titanic le faltan varios meses en cartelera en Estados Unidos y todavía no están contadas las entradas por su exhibición internacional. En Colombia el estreno está preparado para el próximo 6 de febrero y desde ya se vaticina que será la gran atracción de la temporada que sirve de antesala a los premios Oscar.Curiosamente la cinta es entretenida, pero no es una gran película. De hecho es un melodrama de tres horas y cuarto que parece escrito por la popular guionista de telenovelas venezolanas Delia Fiallo. Narra la historia de una joven aristócrata de Filadelfia (Kate Winslet), comprometida con un magnate estadounidense (Billy Zane), que se enamora de un aprendiz de pintor pobre y desamparado que viaja en tercera clase (Leonardo Di Caprio). Los obstáculos de este amor imposible, símbolos de la discriminación social y hasta de la lucha de clases de la época, le sirven de base al desarrollo al novelón. La historia, sin embargo, es lo de menos en comparación con el propósito esencial de la película: la reproducción con pelos y señales del hundimiento del Titanic tal y como debió ocurrir hace 85 años. El descomunal éxito de la película, que ha llevado a miles de personas a las salas de cine en invierno cuando los grandes taquillazos siempre suceden en verano, tiene que ver, primero, con el milagro tecnológico que significó la realización del filme, y, segundo, con la estrategia de Cameron de utilizar elementos cinematográficos que engancharan a dos generaciones. Por un lado, no existe prácticamente ningún adulto que no esté interesado en el desastre del Titanic, y para ellos Cameron reprodujo el hundimiento y sus circunstancias con meticuloso detalle. Por el otro, atrajo el interés de los adolescentes con una historia de amor al estilo de Romeo y Julieta, protagonizada por el ídolo juvenil del momento: Leonardo Di Caprio. Esa fórmula produjo el fenómeno que hoy tiene ubicada a Titanic entre las tres películas más taquilleras de la historia, sólo superada por Día de Independencia y Parque jurásico. Cuestión de presupuestoAún así, gastarse 200 millones de dólares en la producción de una película sigue siendo para muchos algo descabellado. Sin ir más lejos, ante la disparada de los costos la Fox tuvo que buscar en otra productora, la Paramount, un respaldo de 65 millones de dólares, a cambio de cederle a esta última sus derechos de distribución en Estados Unidos. Sin embargo, la dimensión del proyecto fue tan monumental, que cada centavo es justificado por su director. Al fin y al cabo no es la primera vez que James Cameron se le mide a una empresa semejante. Los siete millones de dólares que costó Terminator, en 1984, y los 18 y medio con los que hizo Aliens: El regreso, en 1986, son una nadería al lado de los presupuestos que empezó a manejar en los años siguientes. En 1989 su primera superproducción, Abismo, alcanzó la cifra de 80 millones de dólares, mientras sus dos películas posteriores, Terminator 2 y Mentiras verdaderas (de 93 millones de dólares y 100 millones de dólares respectivamente) encabezaron en su momento la lista de las cintas más caras de la historia. Como en ambas había sobrepasado el presupuesto inicial y entre todas ha recogido más de 1.000 millones de dólares en taquilla, que Titanic costara más de lo previsto era un asunto que él, sin duda, podría controlar. Y de hecho, lo controló, aun a pesar de sacrificar su salario como director (ocho millones de dólares) y su participación en taquilla (calculada en unos 15 millones), con tal de contar con el dinero suficiente sin alterar el guión.

Viaje a 1912Y lo cierto es que la inversión se nota en la pantalla, tanto que Titanic ha sido comparada por muchos críticos con Lo que el viento se llevó, por la forma en que logra transportar a los espectadores desde su asiento hacia un período de la historia que hasta el momento sólo existía en sus mentes. Para empezar, Cameron y su grupo de colaboradores se cuidaron de que cada detalle, desde el puerto de Southampton hasta el lujoso decorado de los salones y habitaciones que adornaron aquel barco monumental durante escasos cinco días, fueran rigurosamente exactos a los de 1912. A tal punto que Cameron logró, por ejemplo, que la alfombra y la vajilla usadas en la película fueran reproducidas por las mismas empresas que elaboraron las originales del Titanic hace 85 años. Algo similar sucedió con los botes salvavidas y algunos instrumentos de navegación. Antes de comenzar con la fotografía principal de la película, Cameron se sumergió 12 veces en un submarino ruso, uno de los cinco en el mundo que pueden realizar semejante faena, hasta el sitio exacto donde fueron encontradas las ruinas del Titanic en 1985. El propósito era filmar escenas naturales del navío, algunas de las cuales aparecen en la película, pero también realizar una rigurosa investigación sobre el barco y las circunstancias del siniestro. Sólo en esta operación el director se gastó más de cinco millones de dólares. La maravilla tecnológicaSi todo esto ya daba para pensar en la seriedad del proyecto, lo que midió su verdadera magnitud fue la tecnología desarrollada en la producción: desde la cámara especial para filmar en el interior del buque tal y como yace hoy a cuatro kilómetros de profundidad, hasta la reconstrucción del Titanic a una escala de un 90 por ciento en relación con la original, pasando por complejos programas de computador que sirvieron para filmar los planos generales de los pasajeros en cubierta, antes y durante el naufragio. El modelo principal del Titanic fue elaborado por un grupo de expertos en ingeniería y efectos especiales, quienes se dieron a la tarea de levantar un gigantesco estudio en las costas de Rosarito, en Baja California, México, para construir el barco casi en su tamaño natural, una mole de 235 metros de largo (30 menos que el original) y cerca de 30 metros de alto que reproduce de manera sorprendente buena parte de la cubierta y las paredes exteriores del legendario barco. El estudio, además, fue equipado con un tanque con capacidad para 65 millones de litros de agua, donde sería filmado parte del hundimiento y las escenas más significativas ocurridas en cubierta. Adicionalmente los expertos diseñaron cuatro maquetas más: tres del Titanic antes del desastre _una de 14 metros de largo, una de 7,5 metros y una de 20 metros_, y otra más del Titanic _de ocho metros de largo_ tal y como descansa hoy en las profundidades del océano. Como cosa curiosa, el más pequeño fue utilizado para filmar muchos de los planos generales del Titanic navegando a mar abierto. Los otros fueron usados indistintamente según se acomodaran a las diferentes secuencias por filmar. A pesar de la maravilla que significó trabajar en un Titanic de tamaño real, las escenas más espectaculares son obra del computador. Los adelantos en tecnología digital fueron los que le permitieron a Cameron reproducir, con un grado de realismo asombroso, el momento en que decenas de pasajeros se precipitan al mar o caen aparatosamente contra el barco cuando la popa del mismo se levanta a 90 grados antes de sumergirse para siempre en el mar. En realidad muchos de los pasajeros fueron añadidos por un ordenador. Lo mismo sucede en las tomas a mar abierto, en las cuales algunos pasajeros caminan desprevenidamente por un barco que en realidad no mide más de 20 metros (ver ilustración).La suma de todas estas peripecias tecnológicas hizo posible la resurrección del Titanic 85 años después de su trágico destino, bajo la lente de un director que, a pesar de estar acostumbrado a proyectos monumentales, esta vez superó todos los límites cinematográficos. Lo cierto es que Titanic no sólo pasará a la historia por ser la película más costosa en la historia del cine, sino también por haber revivido de forma tan fidedigna uno de los desastres más intrigantes del siglo XX.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.