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| 10/3/1983 12:00:00 AM

¿TOCAR O NO TOCAR?

20 años después, en La Tertulia de Cali se exhiben obras de quienes Marta Traba consideró los 6 grandes artistas colombianos contemporáneos

Están en exhibición en el Museo de Arte Móderno La Tertulia de Cali, pinturas, esculturas, acuarelas, dibujos, objetos múltiples y obra gráfica seriada de Fernando Botero, Enrique Grau, Edgar Negret, Alejandro Obregón, Eduardo Ramírez Villamizar y Guillermo Wiedemann, para conmemorar el libro de Marta Traba y Hernán Díaz, editado por Alberto Barco, "Seis artistas colombianos contemporáneos".
Hace 20 años la crítica Marta Traba tuvo la idea de sacar un libro que aglutinara sus apreciaciones sobre los artistas que ella consideraba los más importantes, no sólo por los trabajos que hasta el momento habían realizado, sino previendo los desarrollos de sus obras destinadas a evolucionar. Habló con Hernán díaz, quien por esa época había entablado amistad y fotografiado las obras y los talleres, consiguiendo imágenes de emotiva penetración en cada uno de estos futuros maestros.
El mismo fotógrafo se encargó de diseñar el libro y así nacieron estas primeras monografías y el texto inicial del arte contemporáneo nacional.
La edición era para Colombia de lujo y uno de los intentos más acertados de integración literatura-ilustración. Tiene una reproducción a color por artista y diez en blanco y negro. El equipo Marta Traba-Hernán Díaz dio como resultado una visión de las obras, sus autores y los conceptos muy didáctica, a la vez que crítica y visionaria, pues en el transcurso del tiempo estos nombres y sus obras se han convertido en parte imprescindible de nuestra historia cultural.
En la exhibición se puede apreciar un retrato de Hernán Díaz, tomado en la época del libro por Rafael Moure, otros de Marta Traba y los seis artistas en horas laborales; estas fotografías han sido donadas por el autor (Díaz) con motivo de la exhibición. Se enseña también el libro, del cual salieron para la ocasión 1.028 ejemplares, así: de la A a la Z numerados a mano y 1.000 para la venta. Pasta dura y solapa desprendible encerraban las 100 páginas donde, a la vez que se analizaban los trabajos,se los ubicaba en el arte continental y en los sucesos del arte de este siglo.
De los seis, solamente Wiedemann (Munich 1905-Key Biscayne 1.969) ha fallecido, dejando una obra abundante y significativa, dada su siempre impetuosa capacidad investigativa que lo llevó a practicar paisajes de la costa pacífica colombiana, desde su llegada al país en 1939, vía Buenaventura. Sus acuarelas contaron de manera inédita los gestos y las costumbres costeras de los negros nativos en el ambiente.
Posteriomente esta obra se volvió abstracta, usando el color y las formas como elementos composicionales, estructuras que se densificaron en 1963,con collages elaborados con base en materiales desechables como cartón, cuerdas, trapos, etc. Finalmente y hasta 1965, Wiedemann fue un pintor abstracto, muy hermético y anti-decorativo. Se había nacionalizado en 1946: realizó una última muestra individual en 1964 en el museo de Arte Moderno de Bogotá y en 1968 la Biblioteca Luis Angel Arango organizó una muestra retrospectiva de su obra.
Los otros, después del libro han conocido la consagración nacional, hasta el punto de convertirse en instrumentos o etiqueras ideológicas, siempre que se nombre el arte. Son "Los intocables", aunque el tiempo --más que prudencial-- ha comenzado a ser implacable. No tanto con las obras primeras que constituyeron aperturas notables, sino con la producción actual. Seguramente Obregón (1920), pionero de una simbología entre real y fantástica, será recordado por los trabajos de los 60, donde acuñó cóndores,paisajes de jungla,mar y selva, generando imágenes míticas de la geografía y el entorno nacional, en detrimento de su práctica actual donde se apuesta una argumentación cansada y superficial, ayudada por el color desbocado de todo control y gusto.
El espléndido Botero (1932), de prestigio internacional, fue celebrado en la muestra del Hirhhorn en Washington, en 1979, donde se aglutinaron obras importantes de su cautivadora personalidad. Menos aportante, su producción hoy repite gestos antes conseguidos. Al contrario Grau (1920), quien siempre tenía fama de un impecable oficio, sus varias muestras antológicas que ahora se celebran en distintos lugares del país (Medellín, Bogotá,Cali,Cartagena) lo muestran como un dudoso ejecutante, tironeado por excesos de decoraciones falsas y banales que en los últimos años ha corregido, sobre todo a partir de su muestra en Aberbach (1981) de Nueva York.
Igualmente la obra de Ramírez Villamizar (1923), quien había sido pintor abstracto geométrico y pasó a ser escultor purista, moviéndose entre una organicidad evocada de la naturaleza y el minimalismo formal, practicado a través de materiales diversos. Negret, en cambio, logró en los 60 convertir sus "Aparátos Mágicos" en formas envolventes y atrapar el espacio mediante repeticiones modulares; se adueñó de un lenguaje sobrio y elegante que ha sabido conservar con una cordura inusual entre sus colegas de generación.
Las obras en exhibición, así como los nombres de sus autores, permiten no sólo remitirse a la nostalgia de un período especialmente relevante de nuestra historia, sino entrar también a cuestionar resultados que muchas veces parecen presentarse como inamovibles.
Miguel González
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