Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1989/05/29 00:00

TOCATA Y FUGA

El divorcio de von Karajan de la Filarmónica de Berlín deja vacante el puesto más codiciado del mundo musical.

TOCATA Y FUGA

Muchos lo presentían, otros lo temían y algunos, por qué no decirlo, ansiaban que se produjera: el retiro del director de orquesta Herbert von Karajan de la Orquesta Filarmónica de Berlin, se produjo la semana pasada. Fue este un matrimonio que, con altibajos, duró 34 años, lapso en el que orquesta y director se consagraron mutuamente.

Hace cuatro años comenzó a ventilarse el posible retiro del músico austriaco de la agrupación berlinesa e inclusive el propio von Karajan habló de candidatos para sucederlo.
En términos elogiosos hizo fijar la atención en el italiano Carlo Maria Giulini, sin descartar a un joven norteamericano de origen soviético, Seymion Bychkov, a quien ya colocó en la Orquesta de París. Pero ningún suceso excepcional hizo que la noticia se confirmara, aunque en el ambiente quedó flotando que algo no andaba bien entre el director y su orquesta.
Finalmente, en la celebración de los ochenta años del veterano maestro, el año pasado, la nota en falso, como fatal premonición, la dio el semanario alemán Der Spiegel al poner de presente que las relaciones del músico con la agrupación andaban de mal en peor.

En dicho escrito se le tildó de comerciante sin escrúpulos, de dictador, se le acusó de abuso de poder, e inclusive hubo quienes en términos nada elegantes le censuraron que se hubiera autonombrado director vitalicio de la orquesta. Baste decir que fue un cumpleaños que presagió graves desenlaces. No habían pasado cuatro meses, cuando en el pasado verano en Salzburgo se produjo el primer suceso: Herbert von Karajan, tras asumir por espacio de más de 20 años la dirección del festival de dicha ciudad, anunció su retiro definitivo luego de serios enfrentamientos con las directivas del certamen. Y cuando a la luz de la distancia se creía que la situación con la orquesta si bien no había mejorado, tampoco empeorado, se produjo la bomba: renuncia Herbert von Karajan, el director intocable de la Orquesta Filarmónica de Berlín.
Quedó así vacante el pódíum más codiciado del mundo musical.
La noticia le dió la vuelta al mundo y la razón presentada por el músico en nada se aleja de una verdad. El estado de salud no le permitía continuar el ritmo de trabajo que requíere la orquesta. Como se sabe, Herbert von Karajan sufrió hace algún tiempo una grave descaicificación ósea que le provocó la parálisis casi total de una pierna y serios problemas en la columna vertebral. En 1983, fue sometído a una intervención quirúrgica que le devolvió el movimiento y pudo reintegrarse de lleno a sus múltiples actividades. Pero en los últimos años, un nuevo problema en la columna vertebral, sumado a su avanzada edad, fue minando sus fuerzas y hoy con evidentes impedimentos físicos apenas logra desplazarse.

Pero otra verdad no menos ocultable es que von Karajan perdió gran parte de su poder. El nuevo gobierno alemán, menos sentimental que el anterior, no pasó por alto los abusos y prebendas que el anciano músico se permitía. La orquesta, ya no a sotto voce sino a voz en cuello exigió un diálogo con su director, que éste rechazó sin ningún argumento. Tales insucesos, sumados al poco trabajo que hoy le dedicaba a la agrupación berlinesa, acabaron por colmar la copa y la mejor salida para todos, según se dice en los mentideros de la ciudad, fue el retiro del anciano director de una orquesta que, en sus manos alcanzó el más alto grado de popularidad y de perfección. Herbert von Karajan, músico a todas luces genial, pasó hace tiempo con letras mayúsculas a la historia de la música como uno de los más grandes directores de orquesta del siglo XX.

Quizás continúe dirigiendo y muy posiblemente con otra de sus orquestas amadas, la Filarmónica de Viena, de la cual fuera también su director.
Pero se mantenga o no en sus actividades, como muy pocos artistas en el mundo Herbert von Karajan, con la cabeza en alto y después de una vida dedicada a la música, puede decir: misión cumplida.
Ahora el asunto por resolver es quién sucederá a este coloso de la batuta. Dicen algunos que James Levine, director del Metropolitan Opera House de Nueva York. Otros hablan de Ricardo Muti, director de la Scala de Milán, y hay quienes consideran que nadie mejor que Lorin Maazel, quien tiene la calidad pero no la corte de intrigantes que se requiere para presionar su nombramiento. Quien sí las tiene es James Levine, músico al que apoya la Columbian Artists, monopolio de tentáculos poderosos, ligada estrechamente y de vieja data a von Karajan. Amanecerá y veremos quién entra a ocupar tan codiciado y honroso cargo, pero de lo que sí no cabe duda es que quien suceda a Herbert von Karajan en Berlín, deberá contar con la bendición del maestro.-

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