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| 12/4/2010 12:00:00 AM

Todas las vidas, mi vida

El guionista Charlie Kaufman debutó como director, hace dos años, con esta desconcertante fábula sobre la simulación.

Título original: Synecdoche, New York
Año de estreno: 2008
Género: Comedia
Guión y Dirección: Charlie Kaufman
Actores: Philip Seymour Hoffman, Samantha Morton, Michelle Williams, Catherine Keener, Emily Watson, Dianne Wiest, Jennifer Jason Leigh, Hope Davis, Tom Noonan

El título en español, Todas las vidas, mi vida, ofrece una posible interpretación: Synecdoche, New York, la primera película dirigida por el guionista Charlie Kaufman, es sobre la capacidad que compartimos para atravesar la vida, de la juventud a la vejez, a bordo de una ficción. Tenemos un personaje principal: un melancólico, cobarde, narcisista director de teatro llamado Caden Cotard. Tenemos algo parecido a una trama: cuando su primera esposa por fin se atreve a dejarlo, porque la pobre se ha cansado de fantasear que él se muere y ella puede comenzar de ceros, Cotard se dedica por completo a llevar a cabo un montaje autobiográfico en el que se le va toda la vida. Pero pronto, a punta de giros extraños e imágenes dignas de los malos sueños, nos damos cuenta de que estamos ante una alegoría sobre la experiencia de vivir: notamos que, como suele pasar, Cotard le gasta la segunda mitad de su biografía a simular la primera.

Es una advertencia: esta película, brillante pero alargada, aguda pero repetitiva, original pero demasiado original, está hecha para un público de sentido del humor triste que, o bien se ha resignado a caer, o bien aún está a tiempo de escapar de la trampa en la que cae Caden Cotard.

Se sentirá perdido en ella, mirará el reloj cada cinco minutos quien no entre al teatro dispuesto a interpretar lo que está viendo.

El neoyorquino Kaufman, uno de esos guionistas con estatus de autores cinematográficos (vienen a la memoria Billy Wilder, Woody Allen y David Mamet) que un buen día se ven obligados a convertirse en directores, ha hecho toda una carrera a punta de fábulas que tratan de explicarnos cómo hacemos para soportar la vida de un extremo al otro: sus brillantes guiones, ¿Quieres ser John Malkovich? (1999), Naturaleza humana (2001), Confesiones de una mente peligrosa (2002), El ladrón de orquídeas (2002) y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004), han explorado nuestra habilidad para fingir que somos otros: en las películas escritas por Kaufman, dirigidas por talentos como Spike Jonze o Michel Gondry, envejecemos cargados de frustraciones, de arrepentimientos o de delirios de grandeza, porque un buen día decidimos negar que somos personajes secundarios.

Eso le sucede a Cotard, un Scrooge sin una segunda oportunidad sobre la Tierra, en la exigente Synecdoche, New York: que para evitar la vida real, para ser un poco menos humano y no verse enfrentado a su destino, se gasta la importante beca que se ha ganado en poner en escena una versión de su biografía en la que él es el protagonista y los demás son lo que él quiere.

Queda hecha la advertencia: todo en Synecdoche, New York, desde su elenco genial hasta sus cuidadosas imágenes, nos obligará a pensar qué vida estamos viviendo. Será una lástima que nos pida semejante esfuerzo a cambio de tan poco placer.
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