Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2005/03/20 00:00

"Todavía me emocionan los clásicos"

Mario Vargas Llosa habló con SEMANA sobre su nuevo libro, 'La tentación de lo imposible'. En él, el peruano confiesa su amor por una de las grandes obras de la literatura: 'Los Miserables' de Víctor Hugo.

Aunque Vargas Llosa es más conocido por sus obras de ficción, también es un respetado ensayista. Entre sus ensayos literarios se encuentran 'La orgía perpetua', 'Historia de un deicidio' y 'La tentación de lo imposible'.

Para la gran mayoría de escritores las lecturas de juventud son decisivas. Los primeros libros que se leen -sean buenos o malos, no importa- dejan una marca indeleble en los futuros creadores y determinan inevitablemente el rumbo de su obra. En La tentación de lo imposible (título que hace referencia a la imposibilidad de abarcar todo un mundo en una novela) Mario Vargas Llosa le rinde homenaje a esa emoción juvenil que sintió al leer Los Miserables de Víctor Hugo y mira su influencia desde la perspectiva de un novelista consagrado.

Vargas Llosa habló en exclusiva con SEMANA desde París, donde se encuentra recibiendo un doctorado honoris causa de la Sorbona sobre su nueva obra.

SEMANA: La publicación de 'La tentación de lo imposible' coincide con la entrega del doctorado en La Sorbona. ¿Por qué es tan fuerte su relación con la cultura francesa?

MARIO VARGAS LLOSA: Como les sucedió a tantos latinoamericanos de mi generación, mi relación con la cultura francesa ha sido muy fuerte y viene desde la niñez. Comencé leyendo a los autores de aventuras como Julio Verne o Alejandro Dumas y luego descubrí a Víctor Hugo a través de Los miserables, una obra que me marcó cuando estaba en el colegio. Más tarde en mis años de universidad leí muchísimo a los existencialistas que estaban de moda en esa época: Albert Camus, Simone de Beauvoir y, principalmente, a Jean-Paul Sartre. Él tuvo una gran influencia en mi manera de concebir la literatura y en mi compromiso como escritor. Aprendí de Sartre que el escritor tiene además de una responsabilidad artística, una obligación moral y que la literatura es también un instrumento de transformación social. En fin, esas ideas que hoy ya no tienen tan buena prensa, pero que entonces tenían un enorme arraigo en el mundo entero. A mí me marcaron muchísimo y las seguía con tanto entusiasmo, que mis amigos se burlaban de mí y me llamaban 'el sartrecillo valiente'.

SEMANA: ¿Por qué después de esa relación tan estrecha con la literatura francesa de vanguardia vuelve a escribir sobre un clásico?

M.V.LL.: Porque no creo que sean incompatibles. Pienso que uno puede admirar mucho a los escritores de vanguardia y al mismo tiempo emocionarse con los clásicos. Nunca he tenido que enfrentarme a una elección entre los dos. Incluso cuando también me interesaba y aprendía mucho del nouveau roman -del que hoy ya nadie se acuerda-, leía con pasión a los novelistas del siglo XIX: Stendhal, Flaubert, Dostoievski y Tolstoi. Al final no hay ninguna incompatibilidad y creo que los grandes innovadores se vuelven clásicos.

SEMANA: Justamente otro de sus ensayos, 'La orgía perpetua', es sobre una de las grandes obras del siglo XIX: 'Madame Bovary' de Gustave Flaubert. ¿Por qué le interesaron particularmente estos dos clásicos de la literatura francesa que son tan diferentes?

M.V.LL.: Si hay que elegir la primera obra de la modernidad en literatura -la que les abrió la puerta a los grandes escritores modernos como Proust, Kafka o Joyce-, esa es Madame Bovary. Y la prueba es que la idea de novela que tuvo Flaubert todavía prevalece, con algunos cambios e innovaciones. Sin duda es una idea muy distinta a la que tenía Víctor Hugo, a pesar de que Los Miserables apareció después de Madame Bovary. Creo que Los Miserables cierra toda una tradición clásica, mientras que Madame Bovary abre la tradición moderna.

SEMANA: ¿Y cómo escritor a quién se siente más cercano: a Flaubert o a Víctor Hugo?

M.V.LL.: Desde luego me siento más cercano a Flaubert. Cualquier lector o escritor moderno tiene que hacer una especie de acomodación de su sistema intelectual para apreciar un clásico porque éste maneja otros códigos y otras reglas de juego. Aunque al principio eso puede distanciar al lector, poco a poco la fuerza arrolladora de una novela como Los Miserables le va permitiendo entrar en su mundo. Es lo mismo que sucede con El Quijote: podría parecer una novela que tiene códigos diferentes, pero al final termina siendo un texto lleno de elementos modernos, como la ironía. Creo que lo que hace un clásico es su capacidad de atravesar las épocas y las culturas manteniendo siempre su frescura.

SEMANA: Sin embargo, Víctor Hugo fue escritor y hombre político, como también es su caso. ¿En ese sentido no hay una cierta proximidad?

M.V.LL.: La vida de Víctor Hugo es una de las más ricas y diversas de todos los tiempos. Parece mentira que alguien que escribió una obra tan monumental, que es casi imposible de abarcar, tuviera tiempo de vivir tanto. Su vida familiar y amorosa es de una extraordinaria variedad. Y ni hablar de su vida política: fue monárquico, llegó a coquetear con el anarquismo (en los días de la Comuna) y luego se convirtió en una figura pública que ha pasado a ser un símbolo de la República Francesa. También vivió varios años en el exilio. De cierta forma su vida marcó la historia de Francia del siglo XIX.

SEMANA: Usted dice que Víctor Hugo es uno de los autores del que más se han escrito estudios, críticas y biografías, ¿es eso cierto?

M.V.LL.: Efectivamente, ese fue un dato que descubrí mientras hacía mi investigación: Víctor Hugo es el autor occidental, después de Shakespeare, sobre el que más se ha escrito. Además, Los Miserables es la obra de la literatura que más se ha adaptado a otros géneros: teatro, cine, musical e incluso historietas. Esto es muy indicativo de la vitalidad de la novela, aun tantos años después de ser publicada.

SEMANA: Sus dos últimas novelas, 'La fiesta del chivo' y 'El paraíso en la otra esquina' están basadas en personajes reales. ¿Alguna vez pensó en hacer una obra de ficción sobre Víctor Hugo?

M.V.LL.: La verdad es que no lo pensé. Pero desde luego que se podría escribir una novela maravillosa sobre su vida. Es una personalidad arrolladora, llena de curiosidad y apetitos, que daría un gran personaje de novela. Ahora he decidido alejarme un poco de las novelas históricas y estoy trabajando en una que no tiene personajes reales, es una novela que le debe mucho a la imaginación.

SEMANA: Otro de sus ensayos es 'Historia de un deicidio', sobre 'Cien años de soledad'. ¿Piensa que García Márquez está, como escritor, a la altura de Flaubert y Víctor Hugo?

M.V.LL.: Aunque García Márquez es un gran escritor de nuestra época, creo que su caso es muy distinto al de los otros dos. Pero es muy difícil dar un veredicto sobre la significación de una obra, aun si nos parece extraordinaria a sus contemporáneos, sin tener la perspectiva de la historia. Lo fundamental es cómo una obra pasa la prueba del tiempo y estoy seguro, eso sí, de que Cien años de soledad pasará esta prueba e integrará el mundo exclusivo de los clásicos. Ahora, hay que esperar el veredicto de la historia sobre el conjunto de su obra.

SEMANA: Dice en su ensayo que "Los Miserables es capaz, gracias a su poder de persuasión, de transportar al lector a un mundo más coherente, más bello, más perfecto, o simplemente menos penoso o aburrido que en el que vive". ¿Le sucedió esto a usted cuando lo leyó por primera vez en su juventud?

M.V.LL.: Sin ninguna duda me sucede cada vez que leo Los Miserables y cualquier obra maestra. Lo que tiene una gran obra literaria es justamente eso: una perfección, una coherencia, una integridad y una enorme lógica interna. Una gran novela da una visión completa de un mundo o de un individuo, algo que en la vida real no podemos tener jamás. Esa visión total es la belleza de la obra de arte.

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