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| 10/29/1990 12:00:00 AM

TODO AL AIRE

El destape hace carrera y el traje de Eva se ha puesto de moda en programas y comerciales de TV.

TODO AL AIRE TODO AL AIRE
La política de apertura parece estar de moda.
Sin embargo, no sólo en materia económica, sino en lo que a telenovelas y comerciales de televisiòn se refiere. Los desnudos, que antes apenas si se insinuaban, ahora hacen furor en las Pantallas de televisiòn, y hay quienes sostienen que se ha llegado a un punto en que puede hablarse de sobredosis. Cualquier producto, cualquier tema sirve de pretexto para despojar de sus vestiduras a modelos y actrices.
Algunas producciones de televisiòn como " El carretero " de Caracol y "Azúcar", de RCN han incluido escenas no solamente apasionadas, sino muy reveladoras y nada sutiles, que hacen pensar que la timidez y el puritanismo de otros tiempos han sido guardados en el baúl de los recuerdos. Y en los comerciales de televisiòn quedaron atrás las curiosas regulaciones según las cuales la ropa interior femenina no se podía anunciar con modelos en movimiento. Hoy, un comercial de jabòn "Sensus" descubre en todo su esplendor el dérriere de la modelo.

Pero si a esta onda de desinhibiciòn en la pantalla chica se suman otros ejemplos, como la obra de teatro "Doña Flor y sus dos maridos", el aviso publicitario de "Yo amo a Shirley" en el que aparece el futbolista Luis Carlos Perea en su mejor posiciòn de "líbero" de ropa, y hasta el mural que Luis Caballero fue haciendo, prácticamente a la vista del público, las cosas hacen pensar que, a pesar de los vientos de guerra, o quizá por ellos, en lugar de una tendencia a guardarse lo que se está dando es una tendencia a destaparse.

Aunque ya el país está lejos de aquellas épocas en las que mostrar algo más que los tobillos causaba conmociòn nacional, anatemas de la curia, protestas de los padres y coloreadas y golpes de pecho de los defensores de las buenas costumbres, hay quienes piensan que esta apertura no es más que una simple fòrmula publicitaria. Es decir, que responde más a las necesidades del bolsillo de los anunciantes que al desarrollo artístico e intelectual del medio. Aunque no se puede negar que las producciones están bien hechas.

Mirar atras
La historia del desnudo en televisiòn, como la de la misma humanidad, ha pasado por varias etapas. Primero fue la nada. Los libretistas no consideraban la posibilidad de escribir una escena en la cual los personajes tuvierar que quitarse algo más que el abrigo c los guantes. Y las escenas apasionadas que por lo general correspondían al ca pitulo final de una larga y sufrida historia de amor, no pasaban de ser cortos y atropellados besos. En ellos, más que la credibilidad del televidente, se lograba una torticolis en los protagonistas La bocacerrada y los labios apretados eran ley en los estudios. Cuando algùn productor muy lanzado se atrevia a sugerir una escena de amor, las luces palidecian y los "avances" de los enamorados quedaban a la libre imaginaciòn de los televidentes. Intentar rescatar un gesto libidinoso en la penumbra, sòlo le era posible al gato de la casa.

Cuando en la televisiòn se hizo la luz, ésta empezò tímidamente a escurrir tirantas, subir faldas y mostrar pijamas. En la mayoria de los casos, sin embargo, se echaba mano de la escena tipica de presunto desnudo bajo las sábanas. Pero la verdad era que los protagonistas estaban prácticamente vestidos hasta el cuello, y antes de grabar la escena tenian que librar titánicas luchas, bajo esas mismas sábanas, para destaparse los hombros. Esto, ante la curiosa mirada de asistentes, luminotScnicos y tramoyistas que aspiraban a pillarse algo más revelador.
El primer intento de desnudo nacional que se recuerda fue en una versiòn de La Maria. Su protagonista era Amparo Grisales. La escena del "desnudo" se hacia desde un balcòn muy plano general y sugeria a una Maria atravesando unos jardines tal como habìa llegado al mundo. No era tal. La actriz estaba hasta los pies cubierta con una malla color carne. Hoy forma parte de las anécdotas de la televisiòn colombiana.

A pesar de los timidos intentos, el erotismo le seguia siendo esquivo a las cámaras. Directores y camarògrafos estaban diestramente entrenados para hacer el corte justo antes del grito de la señora en la casa: "¡Niños, a dormir apaguen esa televisión!". Sòlo unos programas tenian licencia para mostrar, sin posibilidades de censura, el desnudo: los documentales que registraban las tradiciones de las culturas indígenas. Asi, las únicas mujeres con el pecho al aire que tenian ganado un espacio en la pantalla en horarios para adultos, eran las mujeres indígenas.

Pero de esta época, el génesis del desnudo en televisiòn, hasta nuestros días, hay una historia muy poco sagrada que ha ido exactamente en contravia de la del Paraiso. Los actores, especialmente las actrices, aparecen cada vez más como salieron de la costilla de Adán. En puros cueros.

Las primeras en romper el mito fueron Inés y Juanita de Hinojosa, quiene inauguraron el desnudo del seno, en el seno de la pantalla chica. En unas de las escenas más audaces de la televisiòn colombiana, Amparo Grisales y Margarita Rosa de Francisco corrieron sus velos y mostraron sus cuerpos ante los ojos sorprendidos de millones de televidentes que subieron el termòmetro de la sintonìa a unos niveles sòlo comparables con los de la final de la Copa Libertadores el año pasado.

Con el semáforo en verde que significò la serie "Los pecados de Inés de Hinojosa", las producciones nacionales empezaron a preocuparse menos por el vestuario. "La casa de las dos palmas' con Carmenza Gòmez, "Azúcar" con Erika Shutz y "El carretero" con Marìa Fernanda Martínez han seguido el camino de la ligereza de ropas trazado por las audacias de las pioneras de la desmitificaciòn del desnudo en TV.

Quietas en primera
Pero si los programas, en lo que al desnudo se refiere estaban en la etapa de la creaciòn, el mundo de los comerciales vivía en las tinieblas. Los creativos de cuñas tenìan que enfrentrar la dura realidad de convencer al cliente, y a los televidentes, que un maniquì rosado, brillante y rígido podìa verse bien con ropa interior. Las modelos en movimiento estaban prohibidas. Más que hombres de cine, los directores parecìan médicos. En lugar de la consabida orden de "¡Acción!", vociferaban:
"¡No respiren!". Las modelos, entonces,procedìan a tomar posiciòn de radiografìa de tòrax. Quietas, muy quietas.

Una larga lucha contra las normas de Inravisiòn consiguiò finalmente que la ropa ìntima pudiera ser modelada por uno de esos especìmenes humanos que Dios quiso poner sobre la tierra para utilizar esas prendas: una mujer de carne y hueso. Entonces, cuando los comerciales lograron salir del oscurantismo, las cosas dieron un velco de 180 grados. La figura femenina se convirtiò en el principal argumento de venta, ya no sòlo de ropa interior o de los jabones para el baño, cosa que parecerìa obvia, sino de toda clase de productos. Desde perfumes, colonias, camisas y medias, hasta de gaseosas. Comerciales recientes como el de la bebida Kola que muestra una galerìa de traseros en cadencioso movimiento o el de Pepsi basado en la insinuaciòn de un provocativo strip-tease de una linda jovencita para no quemarse los pies en la arena,muestran la nueva tendencia. El más osado hasta ahora, el del jabòn "Sensus", ha motivado un respetable volùmen de canas al Consejo Nacional de Televisiòn.

Depende del cristal
La discusiòn está planteada en el medio y aunque todos los involucrados esgrimen sus argumentos, el debate se mueve en la cuerda floja que existe entre el desnudo con fines artìsticos y aquel con fines comerciales.
El buen gusto y la calidad parecen ser los llamados a terciar en la polémica.
Los directores que han trabajado con desnudos reconocen que, aunque en la televisiòn del mundo los temas del sexo y la violencia tienden a usarse básicamente con fines comerciales, en el caso colombiano, aunque el argumento de ventas no está ausente, la orientaciòn ha sido siempre más hacia lo estético.
Jorge Alì Triana, director de "Los pecados...", asegura que "en el caso de Inés, el erotimo era la esencia de la obra. Si se iba a tratar de ignorar, era mejor no hacerla. El desnudo tiene sentido cuando responde a una necesidad dramática". Por su parte, Pepe Sánchez, director de "El carretcro", explica las escenas "fuertes": "Tapar cosas que son de la vida real, es lo mismo que tener una doble moral. La intimidad debe asumirse con veracidad." David Stiven, otro director que ha tenido que tomar decisiones frente a escenas de desnudos, prefiere verlo más como un problema de horarios: " Sì destape en sí mismo no representa ningún peligro. Todo depende de cómo se utilice y del horario en que se pase. Yo me guío siempre por lo que estoy seguro que mi hijo Mateo puede ver. " Y Darlo Varìas, director de "Por qué mataron a Betty..." está convencido de que "es más efectivo y más artístico sólo sugerir la escena, y que el público participe dejándose llevar por la imaginación" .

En lo que a los comerciales se refiere, los creativos parten de un catálogo de normas para no pasarse de raya: que el desnudo tenga una clara relaciòn con el producto. Un aviso de automòviles no necesita para nada una modelo desnuda. Los de jabones o cremas si, pues hoy nadie que se respete se baña vestido ni se unta crema sobre la ropa. Por otro lado, se busca que la modelo no opaque al producto, pues se corre el riesgo de que el consumidor recuerde a la monumental rubia, pero no al producto que se intenta vender. Finalmente, se trata de que los comerciales cumplan con ciertos niveles de calidad y se transmitan en determinados horarios.

Pero indepedientemente de que las cuñas de marras llenen los requisitos de publicistas y anunciantes, y de que las escenas de desnudos en series y telenovelas las exija el libreto y no se salgan de lo estético, lo cierto es que el Consejo Nacional de Televisiòn recibe cada dìa más quejas de padres de familia preocupados con el aumento del desnudo en la pantalla. El padre Joaquìn Sánchez, miembro del Consejo, explica su punto de vista: "Nosotros tratamos de mantener un control, de manera que los programas de la franja familiar sean para toda la familia. Pero es obvio que no podemos ver cada una de las escenas que se transmiten. Mucho depende de las programadoras. También es cierto que hay diferencia entre un desnudo vulgar y uno artístico. Bien tratado y cuando no agrede al televidente ni es grotesco y puede, en algunos casos, ayudar a la temática. El problema es cuando se utiliza solamente con fines de sintonía. El asunto está en saber encontrar el límite entre una cosa y la otra. En cualquier caso, pienso que los productores tienen que tener en cuenta que la televisión no es una sala de cine en donde se puede controlar la entrada por edades. Aunque las nuevas generaciones ven ya con mucha naturalidad el cuerpo humano, el tema del sexo no puede tratarse a la ligera y mucho menos sólo con fines de ventas" .
Finalmente, hay quienes piensan, como el publicista Carlos Duque, que el destape no existe ni en la televisiòn, ni en el cine, ni en la literatura colombianos. "El erotismo aquisiempre se trata por las ramas y lleno de tapujos. El verdadero destape es un cambio de actitud frente al tema del sexo" .

De todas maneras, lo que parece estar claro es que nadie se queja del desnudo por el sòlo hecho de ver una persona sin ropa, sino por los fines que se persiguen con el mismo. Y a pesar de que unos y otros abogan para que lo estético sea el ingrediente que predomine en la utilizaciòn del desnudo, éste ha demostrado no sólo ser una de las más certeras fòrmulas para conquistar público, sino para aumentar ventas. Para confirmarlo, basta oìr la opiniòn de un televidente al preguntarle sobre el comercial de "Sensus": "A mì ese jabón me parece buenísimo"

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