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| 10/19/1998 12:00:00 AM

TODO OIDOS

La Deustsche Grammophon celebra sus primeros 100 años con el lanzamiento de dos ambiciosas colecciones discográficas.

Si algo ofrece garantía al comprador de música clásica es el discreto símbolo de Deustche Grammophon, con sus caracteres sencillos sobre fondo amarillo. Eso lo sabe el melómano. Y no es gratuito: porque el sello alemán es el pionero de la grabación de música clásica en el mundo. Deutsche Grammophon acaba de celebrar el centenario de su fundación en Bremen, Alemania. Para ello hicieron venir a la Filarmónica de Berlín dirigida por su titular, Claudio Abbado, con la pianista portuguesa María Jo_o Pires como solista. Fue una noche excepcional en Die Glocke, con el Concierto op. 54 de Schumann y la Sinfonía Nº3 de Brahms, que la televisión alemana transmitió en vivo. Al siguiente día el Messe Centrum recibió 7.000 espectadores para el lanzamiento del proyecto 'Voces del cielo': el gigantesco escenario estuvo ocupado por la Filarmónica de Londres, el coro de la Accademia Nazionale di Santa Cecilia de Roma, la soprano británica Rebecca Evans, el director Myung-Whun Chung y la estrella de la noche: Andrea Bocelli, para repertorio religioso y el estreno mundial de I believe, una canción destinada a convertirse en el nuevo best seller del más carismático tenor de los últimos tiempos, acaballado certeramente entre lo clásico y lo popular. Sin embargo lo auténticamente trascendental del centenario del sello, fundado en noviembre de 1898 y hoy en día con un archivo de grabaciones de 10.000 títulos, de los cuales 2.000 están en el catálogo, son las dos colosales colecciones que lanza al mercado. La primera era previsible: La colección centenario, 60 discos compactos con los grandes momentos musicales de la casa, desde los pioneros: Carusso, la Melba Chaliapin, Nikisch y Walter; las leyendas, como Von Karajan, Fischer-Dieskau y Ferenc Fricsay; los debuts excepcionales de Anne-Sophie Mutter, Mstislav Rostropovich, Ivo Pogorelich, Martha Argerich, Maurizio Pollini y Krystian Zimmerman, hasta La Traviata dirigida por Kleiber y Falstaff por Giulini. El segundo proyecto es uno de los más ambiciosos de la historia del disco, Los cien pianistas del siglo. Porque seleccionar 100 ya es un asunto 'acuerpado'. Pero además, porque después apareció el verdadero obstáculo, muchos de ellos no eran artistas Deutsche Grammophon. Sin embargo un proyecto así no puede permitirse el lujo de no incluir monstruos sagrados de la talla de Gleen Gould, exclusivo de CBS, hoy Sony Classical. O los colosos del piano ruso del sello Melodya. Pero lo consiguieron: 100 monstruos del piano, tocando lo más representativo de su arte y de su repertorio. Están los pioneros, los nacidos el siglo pasado: Rachmaninov, Godowsky y Paderewsky. Uno a uno desfilan Cortot, Argerich, Anda, Lupu, Perahia, Lipati, Gulda, Solomon, Horowitz, Rubinstein, hasta llegar al grupo de los 'jóvenes', nacidos en la década del 50: Pletnev, Kocsis, Gavrilov, Zimmerman y Schiff. Absolutamente ninguno de la década del 60 y uno solo de la del 70: el ruso Evgeny Kissin. Tres suramericanos, Arrau, Argerich y Baremboim; un cubano, Bolet; una española, Larrocha; una portuguesa, Pires; una oriental, Uchida. La colección necesariamente desatará un vendaval: habrá quien clame por la ausencia de Nikolayeva, de Freire, Katsaris o Ax. Pero difícilmente alguien pondrá en duda los nombres de los 100 escogidos.
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