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| 2/9/1998 12:00:00 AM

TODO TIEMPO PASADO...

Es igual: así lo prueba un interesantísimo libro sobre la destrucción del patrimonio arquitectónico de Bogotá.

Bogotá: de la devastación a la esperanza Textos de Alfredo Iriarte; investigación de Alberto Saldarriaga Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá y Organización Pedro Gómez Bogotá, 1997 $ 40.000 pensar que Bogotá pudo haber sido una ciudad hermosa, como La Habana o Cartagena, si no no hubiera tenido tanto gobernante irresponsable, ignorante o importaculista! Tal cosa es lo primero que le pasa por la cabeza al lector que se interesa por este libro. Realizado por expertos conocedores de la ciudad _Alfredo Iriarte de su historia y Alberto Saldarriaga de su arquitectura_ está dividido en tres partes: la devastación de la arquitectura religiosa de la colonia y de la república, el deterioro de inmuebles y monumentos notables y, por último, la esperanza que representan las restauraciones y recuperaciones, esperanza que es más bien optimismo pues tales obras no son nada frente a la destrucción de lo mejor y más numeroso de ese patrimonio. Da rabia pasar y pasar las páginas con las láminas y fotos de las grandes construcciones religiosas coloniales que han desaparecido, en total 10 entre conventos, iglesias, templos y ermitas: el Humilladero, Santa Inés, Santo Domingo, Las Nieves, San Francisco, San Agustín, El Carmen, Santa Clara, San Juan de Dios y Los Capuchinos. Pero lo más sorprendente es que mucho de ese vandalismo se produjo por iniciativa de gobernantes que el país reconoce como grandes figuras de la política y la cultura. ¿Cómo entender, por ejemplo, que el convento de Santo Domingo (donde se construyó después el adefesio del Murillo Toro) fue demolido siendo presidente de la República Eduardo Santos y su ministro de Educación Germán Arciniegas? Aquello que quedó en pie, a pesar de los gobernantes, se lo llevó el 9 de abril del 48, especialmente lo mejor de la arquitectura republicana, ubicada a lo largo de la carrera séptima. Y el deterioro: la Avenida Caracas, la Terraza Pasteur, el Cementerio Central... ¿por qué se olvidaría el investigador de la Avenida de Chile? Frente a esto hay, sí, algunos ejemplos de restauración y de recuperación, especialmente en el barrio de La Candelaria. El libro sólo habla de monumentos y construcciones de envergadura, pero ¿y las casas? ¿Y el espacio público? El lector advierte, gracias a las ilustraciones, que también ha sido destruida la concepción urbana de las diferentes épocas, para satisfacer la rapacidad de propietarios y constructores, con la complicidad de los funcionarios públicos. Y la cosa sigue igual: sin ir más lejos, la semana pasada se dio la noticia de que la alcaldesa de Santa Fe autorizó la demolición de un hermoso edificio republicano, conocido como el Centro Nacional de Higiene. Y ¿a quién le importa? (De venta en la Librería Central, Museo El Chicó y Museo Nacional).
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