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| 5/2/1994 12:00:00 AM

A TODO VAPOR

Un libro de Mayr & Cabal Editores, 'Presencia alemana en Colombia', cuenta cómo y por qué llegaron los germanos al país.

AÑO 1823. BOLIVAR HABIA CULMInado la liberación de los vastos territorios de la Nueva Granada y ya vislumbraba la creación de un nuevo país. Juan Bernardo Elbers, un alemán establecido en Curazao, había sido responsable de ese éxito. Años antes, durante la campaña de Los Cayos, había prestado una invaluable colaboración al otorgar a los patriotas un cuantioso préstamo para comprar una flotilla, armas y pertrechos. La recompensa estaba lista. El decreto número 96, firmado por Santander, le otorgaba a este hombre durante 20 años el derecho para explotar y usufructuar el Río Grande de la Magdalena. Por allí se habían encaramado a los Andes los antiguos conquistadores, y él pretendía, ahora, conquistarlo a su manera.
El Río Grande era peligroso. Sus márgenes aún estaban, plagadas de enfermedades y de caimanes, y no faltaban ciertas tribus caribes muy belicosas. Pero Elbers era un caballero temerario. Un día, parado frente a las Bocas de Ceniza en la entonces Villa de Barlovento -Barranquilla- encontró la respuesta a su sueño. Viajaría a Europa, compraría cuatro buques de vapor y se embarcaria en su propia quimera.
Meses después, las inmensas paletas de aquellos barcos comenzaron a ensamblarse en un improvisado galpón. El Fidelidad, de 40 caballos de fuerza, fue el primero. En mayo de 1821, ante la perplejidad de los testigos, este vapor logró vencer las Bocas de Ceniza y pudo hacer tres viajes hasta San Pablo y Mompox. Pero el experimento duraría tan solo seis meses. Fue necesario devolverlo a Nueva York, donde había sido fabricado, porque tenía un peso excesivo y era muy grande para las necesidades de la época. Aun así, Elbers no se desanimó: mientras se armaban las demas maquinas estableció la infraestructura necesaria para las futuras travesías. Fundó leñateos o posadas para que los capitanes pudieran obtener viandas, madera, reposo...
¿Itinerarios? el Gran Bolívar intercomunicaría a Mompox con Peñas del Conejo, y el Santander uniría a Cartagena con Mompox y Puerto Nacional...


ELBERS, EL PIONERO
Elbers fue un caso extraño entre los europeos que se asociaron primero a la Revolución, luego a la Gran Colombia y, cuando esta deió de existir a la Nueva Granada. No pertenecía a la casta militar ni terció en la política. Tampoco fue miembro de la estirpe de intelectuales, científicos, pensadores, ingenieros y técnicos que contribuyó a la Independencia. Sin embargo, fue el pionero de la navegación a vapor por el río Magdalena y de algo mucho más importante: el auge de la navegación fluvial estimuló el desarrollo de la pequeña Villa de Barlovento y del país. Numerosos comerciantes europeos comenzaron a establecer oficinas de representación y se radicaron con sus familias. Este hecho, impensadamente, originó la más grande inmigración de europeos, entre ellos, cientos de alemanes.
Si bien desde los tiempos de la conquista y colonización la presencia alemana en Colombia fue notable -Spira, Federman, Alfinger, el barón de Humboldt- esta no alcanzó a arraigarse en el país. Los alemanes del siglo XIX, en cambio, trajeron más que ímpetus y afanes civilizadores; con ellos llegaron la navegacion a vapor, la aviación, el correo postal, las primeras factorías de cerveza,los primeros bancos privados y conceptos pedagógicos -entonces de vanguardia- en la educación y la enseñanza.
Mientras Elbers iniciaba un pleito contra el gobierno colombiano por la explotación del río Magdalena, la mayoría de los inmigrantes comenzó a instalarse en Barranquilla. Uno de ellos, de apellido Dugand, escribió a sus familiares: "Los hombres en la Villa de Barlovento son delgados, huesudos y van tocados con sombreros llamados de Panamá. Casi todos llevan poncho. Algunos extranjeros se han avecindado en la ciudad. Ingleses y alemanes se dedican al comercio; los franceses, más dados a las artes, han establecido peluquerías de tipo parisino".


LOS APORTES
A don Leo S.Kopp le cupo el mérito de haber puesto a beber cebada fermentada a los colombianos. Después de sortear un sinnúmero de dificultades, desde tener que ampliar el camino de Cambao para poder transportar la maquinaria, vivir la pena por la muerte de su hijo Sigfried y del ingeniero Federico Stribrny, soportar la envidia de los dueños de las chicherías y demás, el jueves 28 de mayo de 1891 inauguró su cervecería.
A su vez, Werner Kaemmerer organizó, con un grupo de amigos, la primera aerolínea comercial de América: Scadta. Johannn Friedrich Bayer, Karl Greiffestein y Julius Degenhardt, introdujeron al occidente antioqueño modernas técnicas de explotación minera. Agustín Freidel y Enrique Hausler construyeron puentes. Carlos H. Simmonds fue el principal impulsor de la navegación en el río Cauca. Adolfo Held, en asocion con varios antioqueños, creó la banca en el país. Y Reinhold Paschke fundó fábricas de vajilla...
Quinientos años después de que Ambrosio Alfinger penetrara a las tierras de Santander, que Federman cofundara la ilustre Santa Fe de Bogotá, que el barón de Humboldt clasificara la flora y faunas de este nuevo continente, que Elbers decidiera introducir los buques a vapor por el Magdalena, que muchos refugiados huyeran del nazismo, quinientos años después un libro recoge esas hazañas de aquellos valerosos y románticos aventureros.
La presencia alemana en Colombia es más que un simple libro de anécdotas. Es un libro sobre un importante capítulo de las culturas que han contribuido a forjar este país.
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