Viernes, 20 de enero de 2017

| 2016/03/26 00:00

Todos somos artistas

El director de arte de la BBC propone desarrollar la creatividad aprendiendo las lecciones de los grandes maestros del arte.

Will Gompertz manejó durante años las comunicaciones de la Tate Gallery. Foto: A.P.

Will Gompertz

Piensa como un artista

Taurus, 2015

206 páginas

Después de su libro Qué estas mirando, un original repaso del arte en los últimos 150 años, Will Gompertz, director de arte de la BBC, regresa con otro tomo provocador, Piensa como un artista, que nos invita a aprender y a llevar a la práctica las lecciones de creatividad de los maestros modernos y contemporáneos. Algo que, según lo demuestra con su estilo directo e irreverente, salpicado de citas, interesantes anécdotas y agudas reflexiones, es posible si dejamos de ver a los artistas en un pedestal: “Según mi experiencia, los artistas, como muchos de nosotros, temen ‘que los desenmascaren’. Sin embargo, de alguna manera, se las arreglan para encontrar la suficiente confianza en sí mismos y las dudas terminan disipándose”. Gompertz, que fue director de comunicación de la Tate Gallery, sorprende con una tesis sui generis sobre arte: “Todos somos artistas. Solo tenemos que creérnoslo. Eso es lo que hacen, precisamente, los artistas”.

Parodiando los libros de autoayuda, Gompertz propone tener en cuenta diez pasos para alcanzar la creatividad. El primero es el emprendimiento. Sí, los artistas son emprendedores. ‘Artista empresario’ no es un oxímoron. Para tener éxito creando, como lo sabía Leonardo da Vinci, es necesaria cierta visión empresarial: “Desde largo tiempo me ha llamado la atención que las personas de éxito rara vez esperan sentadas que las cosas les ocurran. Son ellos los que ocurren las cosas”. Entre otros ejemplos, Gompertz nos habla del artista afroamericano Theaster Gates, quien crea sus obras a partir de restos y escombros que encuentra en los edificios abandonados de su barrio marginal de Chicago. Los vende por mucho dinero que reinvierte en la rehabilitación de las construcciones de las que obtuvo los materiales y que se transforman en pequeños centros culturales. Como la calidad no basta en el mundo del arte, Theaster Gates obtuvo renombre con su primera exposición donde ocultó su condición de habitante del peligroso South Side, de Chicago, y se hizo pasar por Shoji Yamaguchi, un “prestigioso ceramista japonés”.

El segundo: los artistas no fracasan. La sociedad nos ha enseñado que las personas o son fracasadas o son exitosas. “Yo no creo en ello”, dice

Gompertz. “Los grandes artistas son extraordinariamente perseverantes. Pensamos que ellos nacen con un don, pero todos hemos nacido con un don. Ellos han perseverado y desarrollado su don”. Para ejemplificarlo, nos recuerda los casos de Bridget Riley, Piet Mondrian y Roy Lichtenstein, cuya voz propia surgió del plan B.

El tercero: los artistas se toman su curiosidad muy en serio. Aquí, el caso emblemático es de la artista conceptual y performance Marina

Abramovic: “Su mente inquisitiva y su voluntad de ver en cualquier experiencia una potencialidad fuente de inspiración le dan la materia prima intelectual para crear”.

El cuarto: los artistas roban. Picasso revolucionó el arte con el cubismo, una idea que no se sacó de la manga: la tomó de Paul Cézanne. Y también le robó a Goya, a Velázquez, a

Degas, a Toulouse-Lautrec y a Van Gogh, porque la originalidad pura no existe. Como dijo Jean-Luc Godard: “No es de dónde sacas las cosas, sino a dónde las llevas”.

El quinto: los artistas son escépticos. La única manera de arrancar el proceso creativo es haciendo preguntas. El sexto: hay que pensar en el conjunto y también en el detalle. Como lo demuestra Luc Tuymans, todos los cuadros tienen un punto de entrada, un pequeño detalle que capta nuestra atención. El séptimo: hay que tener un punto de vista propio: en el juego de la creatividad nadie es jugador hasta que no tiene algo que decir. ¿Cómo? Con la convicción de que lo que se ha dicho no se ha dicho lo suficiente. El octavo: hay que ser valiente. Para lanzar ideas al mundo, se necesita coraje, aunque pueda sentirse uno extraño o arrogante. El noveno: hay que pararse a pensar. Duchamp, sin ser un gran artista aprendió a pensar como un gran artista. Y el décimo, lo encontrarán en el libro, pero les anticipo: “No esperes que llegue la inspiración, tienes que ir tras ella con un palo”.

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