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| 5/31/2014 12:00:00 AM

La batuta de Tomasz Golka

El pasado viernes, el polaco de 39 años debutó como director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional. Golka llegó al país con el ánimo de enaltecer la música colombiana en el mundo.

Desde muy pequeño, Tomasz Golka vivió rodeado de música. Asistía con frecuencia a ensayos de la orquesta en la que tocaba su padre, quien era trombonista, y del que aprendió a ver y a escuchar la música interpretada por muchos al tiempo, por una sinfónica. Una orquesta de este tipo cuenta en promedio con 80 músicos que se dividen en: 15 que tocan los instrumentos de viento-madera, 12 los de viento-metal, 3 en percusión, y un poco más de 50 en cuerdas. De este último grupo, lo que más le atrajo en un principio al ahora director de orquesta fue el violín.

La madre de Golka suele bromear diciendo que la atracción que generaban en su hijo las primeras filas del violín era debido a que las chicas más guapas tocaban este instrumento de cuerda frotada. Y tal parece que era cierto, porque años después Tomasz encontró allí a la que hoy es su esposa, Anya.

Tomasz Golka afirma que tuvo una niñez fantástica. Con padres músicos, era casi natural que él hallara música por todos lados y que esta hiciera parte de sus entretenciones de infancia. Siendo un niño de 4 años, Tomasz emigró con su familia a México, país donde empezó la escuela, la música y donde solía montar obras clásicas junto a su madre, quien tocaba el piano, mientras él interpretaba el violín.

El aprendizaje de este instrumento lo empezó a los 4 años de edad, algo que para él puede variar según la persona. “Todo el mundo es diferente”, dice respecto al tiempo en el que, se supone, alguien debe iniciar su relación con un instrumento musical. “Mi profesor de violín comenzó cuando tenía 15 años de edad, y hay personas mayores en el mundo cuyo sueño de toda la vida fue tocar un instrumento y deciden hacerlo después de la jubilación”, afirma Golka, quien cree que lo más importante es simplemente hacerlo. “La música es para todo el mundo, y cuanto más se da a ella, más se devuelve”, reafirma el maestro.

En la vida de Tomasz Golka son muchas las experiencias e historias inolvidables que involucran la música. Una de las más memorables quedó registrada en un viejo video en el que aparece –con 12 años edad- tocando en el violín Czardas, de Monti, mientras era dirigido por su hermano Adam -de un año de edad-.

Tomasz Golka hizo su debut en Europa dirigiendo la Orquesta Sinfonía Varsovia. Foto: Camilo George.
La familia de Tomasz Golka es realmente musical. Fue precisamente al lado de Adam, quien hoy es un solista de piano –de renombre internacional-, que Golka hizo su debut en Europa dirigiendo la Orquesta Sinfonía Varsovia, en el Salón Sinfónico Nacional de su ciudad natal.

Tomasz Golka nació en 1975, en Varsovia, donde vivió sus primeros años de vida. Él encuentra en común entre Colombia y Polonia las “emociones directas” de su gente y la gran pasión con la que esta vive. El maestro afirma que le ha encantado hacer presentaciones en Colombia, donde las personas son cálidas y reales y “las audiencias son muy receptivas y agradecidas”; algo que -según dice- se está volviendo cada vez más difícil de encontrar por estos días.

Para Golka, la música es la vida. “Es una experiencia trascendente que tiene el poder de movernos, de hablarnos, de transportarnos a lugares y a tiempos diferentes, y de hacernos sentir que no estamos solos”. Golka dice que no se puede explicar su verdadero significado en palabras, y que si ello fuera posible, no necesitaríamos de la música ni de su magia.

Según Tomasz Golka, él no puede estar más feliz de ser ahora el director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia (OSNC), con la que disfrutó mucho de su tiempo en septiembre de 2013, cuando tuvieron dos semanas seguidas de ensayos.

El maestro Golka, quien se encuentra en su tercer año como director titular de la Orquesta Sinfónica de Lubbock (Texas) y en su segundo año a cargo de la dirección de la Orquesta Sinfónica de Williamsport (Pennsylvania), dice que está encantado de tener la oportunidad de construir una relación más larga con el grupo de músicos de la OSNC, entre los que se encuentra Richard Biaggini, el concertino (principal del violín), quien define a Golka como un muy buen director y pedagogo.

El músico quiere convertir a la Orquesta Sinfónica Nacional en embajadora y promotora de la música colombiana en el mundo. Foto: Camilo George.
En efecto, el maestro Golka es reconocido en el mundo por su labor en la educación musical. “Creo que la mejor cosa que podemos hacer para que el mundo sea un lugar mejor es educar. Pienso que poner la educación musical al alcance de todos debe ser la meta de cada sociedad en el planeta”, dice Golka, quien asegura que la educación cambia todo: “abre la mente, los oídos y los corazones”. Según él, el buen profesor de música puede traer música a la vida y llevar vida a la música.

“Golka es alguien que nos enseña cómo tocar, cómo interpretar el lenguaje de cada obra, de cada compositor”, dice Biaggini y agrega que al maestro lo hace especial la combinación entre el dominio de la batuta y lo que comunica a los músicos de la orquesta. Siendo la primera orquesta del país, la Sinfónica Nacional –según Biaggini- merecía un director del calibre de Tomazs Golka.

Para Golka, la OSNC es una excelente orquesta, con un amplio repertorio bajo el brazo. Él planea ampliar ciertas áreas específicas de dicho repertorio y dedicar un buen tiempo a la música clásica y barroca, en particular a obras de Bach, Haydn y Schubert; compositores que el maestro polaco adora, y cuya música describe como “una experiencia maravillosa tanto para una orquesta como para el público en general”.

También quiere añadir más música vocal -incluyendo ópera- a la Orquesta Sinfónica Nacional y convertirla en embajadora y promotora de la música colombiana en el mundo.

Anya, la esposa de Golka, lo define como una persona amable y divertida, alguien que nunca deja de aprender. De hecho el maestro ocupa parte de su tiempo libre leyendo biografías (de los más grandes exponentes del arte y la música), libros de historia, viendo documentales e investigaciones sobre temas que van desde salud hasta astronomía y música. Por ello no es extraño que su frase favorita sea: “sólo sé que nada sé”, de Sócrates.

Golka se describe a sí mismo como una persona que además de ser apasionada por la música, lo es por la buena comida. “La comida es mi pasión, no tengo ningún plato como preferido, pero todo lo que sea de alta calidad y que tenga una presentación artística me atrae”, dice.

En palabras de Anya, “son las pequeñas cosas las que le traen más alegría a Tomasz”. Lo hace feliz preparar albóndigas polacas (pierogi) con su mamá y ver películas de Pedro Almodovar y Wes Anderson.

Golka estudió dirección orquestal y tiene una licenciatura y un máster en violín de la Universidad de Rice. Foto: Camilo George.
También le encanta correr entre los árboles de otoño en Nueva York (ciudad que ama) y disfruta –entre otras cosas- de tomar Zinfandel, un vino tinto robusto producido a partir de una variedad de uva cultivada en viñedos californianos.

Golka estudió dirección orquestal en la Universidad de Indiana y en el Conservatorio Peabody de la Universidad Johns Hopkins; y obtuvo también una licenciatura y un máster en violín de la Universidad de Rice. Como violinista, fue concertino de la Sinfónica de Owensboro –entre 1999 y 2000- y de la Orquesta del Festival de Spoleto –o Festival de los Dos Mundos-, el cual se celebra en julio de cada año en Spoleto, Italia.

Richard Biaggini, quien define a Tomasz Golka como “un tremendo ser un humano”, conoció al maestro hace 15 años en la Universidad de Indiana (Estados Unidos), en su faceta como violinista, cuando aún no se dedicaba de lleno a la dirección.

“Los dos estábamos estudiando en Indiana y el convocó a muchos músicos para tocar sin director el concierto número 3 de Mozart para violín. Fue desde ahí que nos hicimos amigos, musicalmente hablando”, dice Biaggini y agrega que “ahí vi su potencial en el violín y en la dirección al tiempo, y pensé: este hombre se va a cambiar en algún momento a la dirección de orquesta”.

Según Ligia Perilla, principal del contrabajo de la OSNC, la experiencia -durante los quince días de ensayos el año pasado- con Golka fue una verdadera prueba de fuego para el director polaco junto a los músicos de la orquesta, debido a la complejidad de las dos obras que montaron. La primera fue Vida de Héroe del compositor alemán Richard Strauss, y la segunda, la Sinfonía número cinco del danés Carl Nielsen; dos piezas rigurosas y de difícil comprensión que le otorgaron a Golka un logro especial frente a los demás directores que concursaron también por obtener la dirección titular de la Sinfónica.

La Orquesta Sinfónica Nacional está conformada por músicos que en promedio tienen entre 30 y 35 de edad, aspecto que hace de Golka, con 39 años, el director más apropiado. “Me gusta que él es joven y desde ese punto de vista es muy allegado a todos”, dice Perilla, quien destaca que la juventud del maestro permite que él tenga mucha más empatía con los músicos de la orquesta.

Algo que caracteriza a Tomasz Golka en la dirección es su intención de mantener siempre la música muy activa. Esto es quizás aquello que lo hace tan particular y valioso para los músicos de la orquesta, el estar pendiente de que la música suene bien viva, que en ningún momento decaiga y que no pierda el hilo con el que empezó. Y es precisamente con esa misma energía con la que llegó Golka a Colombia este mes de mayo para tomar posesión de su cargo como director titular de la Sinfónica Nacional, un puesto que se ganó a pulso y que le otorga la gran responsabilidad de hacer vibrar a Colombia a partir de su música y la del mundo entero.
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