Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1993/11/08 00:00

TONI, LA NEGRA

El Nobel de Literatura obtenido por la novelista estadounidense Toni Morrison es el punto culminante de una tradición de escritoras que llevaba 100 años abriéndose camino.

TONI, LA NEGRA

POCOS COLOMBlANOS SABIAN DE LA existencia de Toni Morrison antes de que la Academia Sueca le concediera, el jueves de la semana pasada, el Premio Nobel de Literatura. Incluso el propio Alvaro Mutis, entrevistado al respecto por una emisora de la capital, confesó que no la había leido ni la conocía. Por supuesto, su nombramiento no era una casualidad y Toni Morrison tenía razones suficientes para merecerlo. Al otro día los colombianos comenzaron a enterarse de que el nuevo Nobel era una mujer negra estadounidense, con seis novelas publicadas, todas dedicadas al rescate y a la descripción de las tradiciones afroamericanas, y que su obra había sido elegida por su "fuerza visionaria y su gran contenido poético.
Para los críticos, que el premio le fuera otorgado a una autora relativamente desconocida no era una sorpresa, pues en los últimos años la Academia ha demostrado que la popularidad no es en nada un factor decisivo. Lo que sí sorprendió fue la juventud de la obra galardonada. Desde que Morrison publicó su primera novela hasta ahora, no han pasado más de 25 años.
En realidad, su ascenso como escritora fue tan acelerado que aún hoy le cuesta trabajo admitir la trascendencia de su obra. Que una negra nacida en Ohio consiguiera la atención de los blancos con una lileratura escrita para negros, era sorprendente, incluso para ella misma. De hecho, hasta hace poco las escritoras de color de Estados Unidos no gozaban de celebridad en su país. La obra de Harriet Wilson, la primera escrilora negra estadounidense, no sólo paso inadvertida sino que fue considerada una agresión. Tanto que su novela Our Nig, publicada en 1851 sobre el trato recibido por las mujeres negras durante la sociedad esclavista, no alcanzó mayor tiraje.
Tanto editores como lectores preferían un tema más próximo a la raza blanca. Y así se escribió hasta comienzos del siglo XX, con heroínas mulatas e ideales de vida de acuerdo con los patrones blancos. Surgió entonces Zora Neale Hurston, una escritora tenaz que se atrevió a desafiar la tradición blanca para incorporar a sus novelas el orgullo por el espíritu africano que corría por las venas de los habitantes del sur estadounidense. Su prosa era admirable, pero aún así, pasaron más de 30 años antes de que se le reconociera su trabajo, gracias al cambio provocado por la generación de los años 60 con el movimiento por la recuperación de los derechos civiles de los negros. En ese entonces, Toni Robinson rondaba los 35 años y el deseo de escribir para su raza ya era una idea que tenía claro llevar hasta las últimas consecuencias, sin imaginar que su trabajo traspasaría las fronteras, no sólo de su raza sino las de su país. Sin embargo, su reconocimiento estaba gestándose. En Latinoamerica, una de las primeras publicaciones que puso atención al fenómeno fue la revista Quimera, que hace algunos años dedicó uno de sus numeros a Morrison y a la irrupción de la narrativa femenina negra en Estados Unidos.
El movimiento se consolidó a finales de los 80, pero nadie esperaba que el triunfo llegara tan temprano. Por eso Toni Morrison, quien ha sido calificada por la crítica como la expresión afroamericana del realismo mágico de García Márquez, no dudó en decir, al conocer la noticia de su elección: "Ganar como estadounidense es muy especial. Pero ganar como una estadounidense negra es knock-out".

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