Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1996/01/08 00:00

TOY STORY

Al igual que 'Blanca Nieves' hace medio siglo, esta película es un verdadero hito en la historia de la animación cinematográfica.

TOY STORY

DIRECCION: JOHN LASSETER
PROTAGONISTAS: WOODY (VOZ DE TOM HANKS) Y BUZZ LIGTHYEAR (VOZ DE TIM ALLEN)
HACE 50 AÑOS Walt Disney partió en dos la historia de los dibujos animados: antes y después de Blanca Nieves y los siete enanitos. La perfección del dibujo en los decorados y la asombrosa aproximación a la realidad de los movimientos de sus personajes marcaron un hito que sólo pudo emular la propia compañía con películas como La bella y la bestia y El rey león. Sin embargo, el descubrimiento de la tridimensionalidad de la imagen en computador daría paso al nacimiento de la más revolucionaria técnica de animación cinematográfica, capaz de hacer de Blanca Nieves una película prehistórica: el cine digital.
El primer ejemplo es Toy Story y el resultado ha dejado a todo aquel que la ha visto con la boca abierta. Creada íntegramente por computador por Pixar Studios -la compañía que compró Steve Jobs (el genio de Apple) a George Lucas hace 10 años en 60 millones de dólares y hoy, luego del estreno de Toy Story, cuesta 1.000 millones-, la cinta es la historia de un par de juguetes que se disputan la preferencia de su dueño, un niño a quien le gustan por igual los héroes del lejano oeste como los interestelares futuristas. Así las cosas, un vaquero de nombre Woody y un astronauta llamado Buzz Ligthyear, lucharán por el cariño de su amo.
Si el argumento se gana con sobrados méritos la atención de niños y adultos, lo más impresionante son, sin duda, las imágenes. La totalidad de los decorados, así como los personajes, los juguetes, las calles, los autos y todo cuanto aparece en la película, son una obra maestra de la tecnología digital. Por primera vez los niños podrán ver, ya no un dibujo de su héroe, sino al propio juguete moverse por espacios tridimensionales reales que no son más que una ilusión del computador.
Si a toda esta fórmula mágica del movimiento se le suma un excelente guión, concebido sin truculencias y respetando la más honesta relación de los niños con los juguetes, el éxito en taquilla de Toy Story está justificado. Primero, por el estreno de una tecnología que marca un punto muy alto en la historia de la animación. Segundo, por haberla aprovechado en un relato sencillo y bien estructurado.
Después de ver la película, es muy probable que Woody y Buzz Ligthyear se conviertan en los nuevos héroes de los niños. Aparte de ellos será difícil olvidar la secuencia del ejército de soldados de plástico en misión de espionaje.
Toy Story ha demostrado que el cine digital es un evento histórico, pero también que su realización es difícil y dispendiosa. Si esta película demoró cuatro años de trabajo permanente, es probable, según los expertos de la Pixar, que la próxima no quede concluida antes de finales de 1998.

NI IDEA
Una comedia romántica tan vacía y plástica como sus protagonistas, un grupo de jóvenes de Beverly Hills.

DIRECTOR: AMY HECKERLING
PROTAGONISTAS: ALICIA SILVERSTON Y STACEY DASH
LA VIDA CORRE tan descomplicada en Beverly Hills que los mayores problemas de un grupo de jóvenes estudiantes de secundaria tienen que ver con el vestido que lucirán al día siguiente, las nuevas tendencias en maquillaje y el lanzamiento de las colecciones de temporada.
En este mundo de narices operadas y refinadas marcas de zapatos transcurre Ni idea, la comedia reciente de la misma directora de Mira quién habla, Amy Heckerling.
Aunque desde el comienzo asalta la sospecha de que se trata de una sátira al universo plástico californiano, lo cierto es que el presentimiento no alcanza a aclararse del todo. Su protagonista está hecha a la medida de su papel. Es Alicia Silverston, quien salvo una participación en la débil película de suspenso The Crush no había aparecido sino en los videos del grupo de rock Aerosmith. Alrededor de su imagen de niña linda y consentida gira una trama fácil y empaquetada al vacío, cuya mayor tensión se concentra en la necesidad de la ensoñadora Cher de encontrar un novio, a quien -a propósito- no le queda nada bien posar de inteligente sentado con gafas oscuras al borde de una suntuosa piscina, devorando una gruesa biografía de Nietzsche. La escena es tan desafortunada como la película misma, pues lo que en un principio simulaba ser un relato sarcástico sobre la juventud californiana, termina convertido en un episodio romántico sin pies ni cabeza.
Carente de guión y de dirección temática, Ni idea parece, más que una comedia, un aburrido capítulo de dramatizado juvenil.

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