Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1982/10/18 00:00

TRAMPA PARA OSOS

El ilusionismo de la pintura y los dibujos de Santiago Cárdenas sugieren una artificialidad más allá de lo común.

TRAMPA PARA OSOS

El objeto como ser físico fue rescatado por el movimiento Pop internacional de los años sesenta y fue vuelto a usar materializado, para que sirviera de catalizador visual de un mundo cada vez más preocupado por el anonimato de lo artesanal. La gran discriminación que sufriera el objeto por parte del Expresionismo Abstracto y la pintura del color-field (Louis. Noland, Olitski) se ve radicalmente alterada cuando artistas como Robert Rauschenberg y Jasper Johns retoman la tendencia objetista de Marcel Duchamp y los surrealistas y producen un trabajo atrevidamente físico, de referencias cotidianas, iconoclasta y, ante todo, antiromántico.
En Colombia la tendencia objetista empezó hacia mediados de los sesentas poniendo de relieve una actitud casi innata para la ironía y el sarcasmo en muchos de los artistas que se beneficiarían del espíritu rebelde de la época. Así, las obras de Bernardo Salcedo, Beatriz González, Hernando Tejada, Feliza Bursztyn y Juan Camilo Uribe crearían un pequeño universo matizado de la más profunda e irreverente iconoclastia. El objeto, como en las demás partes del mundo, había tomado su pequeña revancha.
El ilusionismo con el que Santiago Cárdenas ha tratado siempre los objetos que dibuja o pinta, lo coloca en una posición algo ambigua respecto a sus colegas de generación y de tendencia. En la exposición que se abre en la Galería Garcés-Velásquez el día 22, muy diferente de la actual retrospectiva que recorre el país, Cardenas reafirma lo que se sabía desde hace algún tiempo: discretamente él se ha convertido en el pintor más brillante e inteligente de Colombia.
La tradición visual de Cárdenas se nutre de una observación obsesiva sobre cómo se percibe la realidad y no tanto sobre cómo es la realidad misma. En sus actuales cajas de cartón y tableros, el ojo, aunque consciente del engaño, se niega a dar crédito a la razón. En este caso, todos los objetos pintados se hallan elaborados en su tamaño real, reforzando así el ilusionismo que los engendra pero, al mismo tiempo, haciéndolos dueños de una personalidad perceptual; la caja de cartón no es sólo una caja, es "La caja". Los inmensos tableros que se exhibirán (de 5 metros por 1.40 metros) no son una exageración sino una verdad: existen en cualquier colegio colombiano.
La trayectoria de Cárdenas lo ha mostrado atento siempre a la comprensión de la relación objeto-pintura. Desde sus primeros dibujos de patas de pollo ( 1957), pasando por las pinturas de bastidor recortado según la forma de los objetos pintados, hasta los impresionantes tableros de hoy, el pintor ha logrado que sus imágenes se vuelvan tan reales como la misma artificialidad del cuadro físico. Una vez pintadas, las imágenes de los objetos se convierten en otros objetos, que por su tamaño real habitan el mundo de aquellos que sirvieron de modelos.
La exposición en Garcés-Velásquez comprende seis dibujos y nueve pinturas que, casi intacta, viajará a la FIAC (Feria Internacional de Arte Contemporáneo) que se realizará en París a finales de octubre. Los dibujos comprenden dos tableros en carboncillo y pastel, dos combinaciones de chaleco y paraguas en carboncillo (primera vez que Cárdenas hace tal combinación) y dos enchufes en carboncillo. Las pinturas son una caja de cartón, cuatro tableros, dos marcos para cuadros y dos ventanas. Con este inventario nos podemos dar cuenta de que el vocabulario de objetos pintados o dibujados por Cárdenas es elemental y que en realidad no cuentan historia alguna. La única referencia es la que hacen sobre sí mismos.
La técnica de Cárdenas es, hasta cierto punto, increíble. La explicación de cómo logra hacer lo que hace se encuentra seguramente en la extraña sección de la genialidad y de la paciencia. Cuando aplica el óleo lo hace de una manera tan delgada que la tela parece convertirse en una vibración del pigmento y, tal vez, allí esté la clave del problema plástico del artista. Esa vibración que aparentemente viene de la imagen es, en realidad, producida por la materia con que ésta ha sido pintada. La imagen se ha vuelto un objeto pero con la ventaja de que existe un cuestionamiento perceptivo de primer orden: ¿quién fue el primero de los dos?

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