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| 5/28/2011 12:00:00 AM

Tres meses en Yarumal

El mayor Meneses le cuenta a la periodista Olga Behar su versión completa sobre el grupo paramilitar Los Doce Apóstoles.

Olga Behar

El clan de Los Doce Apóstoles

Ícono, 2011

326 páginas

Las revelaciones de Juan Carlos Meneses son graves. Meneses, comandante de la Policía de Yarumal en 1994, confiesa haber sido cómplice y haber recibido dinero del grupo paramilitar conocido como Los Doce Apóstoles durante los tres meses que estuvo allí. Pero no se trata de la denuncia de un caso más de corrupción: el exmayor acusa a Santiago Uribe Vélez de haber sido el jefe de dicho grupo y de permitir que La Carolina, la hacienda de su familia, fuera utilizada como un lugar de entrenamiento paramilitar, donde, además, se cometían crímenes. Allí, según Meneses, Santiago Uribe le dijo lo siguiente el día que se conocieron: "Usted no tenga ningún temor porque esto lo conoce el comandante del departamento, lo conoce la brigada, lo conoce mi hermano que es político, y él tiene muchos amigos… Pero también sepa usted, que nos ayude o no nos ayude, este trabajo lo vamos a seguir haciendo, entonces lo mejor es que haga como viene haciendo el capitán Benavides".

Meneses, exiliado en Buenos Aires para proteger su vida y la de su familia, había denunciado este caso hace un año en la capital argentina tomando como testigos al premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, al padre Javier Giraldo, director del Cinep, y al reconocido periodista del diario Página 12, Santiago O'Donnell, entre otras personalidades. En su momento, las denuncias tuvieron eco en algunos medios colombianos y en el exterior: The Washington Post le hizo un gran despliegue. Al respecto, el presidente Uribe comentó: "Los criminales tienen la capacidad de convertir en idiota útil a un premio Nobel de la Paz, tienen la capacidad de convertir en idiota útil a un sacerdote y tienen capacidad de penetrar un periódico serio como el 'Washington Post'". Posteriormente, Meneses fue acusado de haber sido pagado por unos narcotraficantes con el fin de desprestigiar a los Uribe Vélez. El testimonio más importante en su contra lo dio el capitán Pedro Antonio Benavides, su antecesor en la comandancia de la Policía de Yarumal. Según Meneses, este mismo capitán, cuando hacían el empalme del cargo, fue quien le dijo: "Resulta que aquí hay un grupo de autodefensas que son los que están haciendo limpieza social. Usted lo que tiene es que colaborarles… Vea Meneses, el jefe de ese grupo es Santiago Uribe… Yo lo voy a llevar para que usted lo conozca, yo vengo trabajando con él".

El asunto quedó entonces en la palabra de Meneses contra la de Benavides. Y en un proceso que duerme el sueño de los justos en la Fiscalía. Hasta la aparición de este libro, que revive ahora el candente tema. Gustavo Álvarez Gardeazábal, en La Luciérnaga de Caracol, lo calificó como un "refrito". Discrepo y expongo mis razones. El clan de Los Doce Apóstoles va más allá del típico libro en el que un delincuente arrepentido utiliza a un periodista para atacar a un personaje público y así obtener beneficios a favor. La periodista Olga Behar no le hace el juego a Meneses de ser una amplificadora pasiva de su testimonio. Todo el tiempo lo confronta y lo contrasta. Por cierto, Meneses queda aquí como una persona incapaz de asumir su cuota de responsabilidad en los hechos. Meneses fue trasladado de Yarumal porque las autoridades judiciales encontraron evidencias de que su fusil de dotación fue disparado en una masacre. Quien lo utilizó fue Amaya, su escolta, pero su única preocupación a lo largo del libro es por "la embarrada de Amaya" y no por las personas que murieron y los niños que resultaron heridos. Meneses no dirige el libro y, como no lo dirige, se convierte en algo que trasciende el escándalo y la denuncia. El clan de Los Doce Apóstoles es también un documento muy importante para entender cómo y por qué se gestó el paramilitarismo en el nordeste antioqueño.

Y, desde luego, hay muchísima más información y precisiones sobre el funcionamiento del grupo Los Doce Apóstoles en relación con su testimonio dado en Buenos Aires. Se lee una grabación en la que Benavides queda refutado. Aparece un episodio, muy interesante, en el que interviene el presidente Uribe y que hoy, con una fiscal general más acuciosa, podría verse como un caso de obstrucción a la justicia. Hay nueva tela que cortar en este libro.
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