Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2003/11/30 00:00

Tribunal en fuga

Esta película de suspenso, un alegato contra la venta indiscriminada de armas, recuerda a ciertos clásicos del cine.

El comerciante Nicholas Easter (John Cusack) no quiere hacer parte del jurado que determinará, en una corte de Nueva Orleáns, quién tiene la culpa de la muerte de un padre de familia.

Título original: Runaway Jury.(2003)

Director: Gary Fleder

Protagonistas: John Cusack, Gene Hackman, Dustin Hoffman, Rachel Weisz, Bruce Davison, Bruce McGill

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Quien haya tenido la suerte de ver los grandes clásicos de aquel cine sobre importantes procesos judiciales, esperará, de Tribunal en fuga, emocionantes declaraciones de principios, conflictos insalvables entre la moral y la ley, escenas de suspenso unos segundos antes del final. Aspirará a encontrarse con esos fiscales de sangre fría que harán lo que sea por ganar o con esos abogados idealistas que arriesgarán sus propios nervios en la defensa de una causa. Querrá oír los gritos "la corte entra en sesión", "acérquense al estrado" y "objeción". Y entrará en el teatro con la esperanza de involucrarse, como un investigador más, en un caso plagado de mentiras. La buena noticia, para llegar al punto de una vez, es que no saldrá decepcionado: en esta película, que parte de otro best seller escrito por los bolsillos expertos de John Grisham, hallará la historia, los personajes y los diálogos que conoce de memoria. Es probable que encuentre, de paso, algunas cosas más.

Se juzga, esta vez, si la venta irresponsable e indiscriminada de armas por parte de una poderosa fábrica de Nueva Orleáns -los dos adjetivos, advierto, están en el guión- puede tener la culpa de la muerte terrible de un responsable padre de familia. Se revisa paso por paso, gracias a las jugadas maquiavélicas del manipulador de veredictos Rankin Fitch, al discurso convencido del famoso defensor de causas perdidas Wendell Rohr y a la sospechosa resistencia del experto en videojuegos Nicholas Easter, una frase escalofriante que según parece puede aplicarse sin problemas al sistema judicial de los Estados Unidos: "Los juicios son demasiado importantes como para dejarlos en manos de los jurados". Se asiste, como era de esperarse, a las estupendas actuaciones de Gene Hackman, Dustin Hoffman y John Cusack. Y a la buena labor de una serie de intérpretes que encarnan, sin vacilaciones, a los importantes personajes secundarios.

El director, un norteamericano llamado Gary Fleder, parece un poco menos convencido. Sus trabajos anteriores (Ni una palabra, Besos que matan, Cosas que hacer en Denver cuando uno está muerto) revelaban aquella debilidad por los trucos de moda -montaje de videoclip, cámara vertiginosa, ruidosos efectos de sonido- que le sobran por completo a Tribunal en fuga. Es mérito suyo, no obstante, que semejante tras escena, llena de jueces, de litigantes y de jurados confundidos, nos resulte familiar antes de la primera media hora de proyección. Es gracias a su talento que recordamos la emoción que producen clásicos como Doce hombres en pugna, Anatomía de un asesinato o Matar a un ruiseñor. Y que comprendemos por qué este tipo de dramas, aun cuando repiten ciertos modelos, jamás consiguen agotarse: las ideas para películas de juicios son infinitas, como los casos en los pocos glamorosos juzgados de verdad, porque todos los hombres pueden ser jueces o partes.

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