Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1993/06/07 00:00

TRIUNFO MUSICAL

Simon Rattle instala a Birmingham en la estrecha geografía de la música internacional.

TRIUNFO MUSICAL

BIRMINGHAM, en Inglaterra, fue durante el siglo XIX un importante centro musical. Allí estreno Mendelssohn su Elijah y Elsar el Gerontius. Sin embargo, durante el presente siglo no consiguió salir del encasillamiento de "centro industrial afectado por bombardeos de la guerra".
Las cosas empezaron a cambiar a mediados de los 70, cuando la "City of Birmingham Simphony Orchestra" resolvió nombrar en la dirección titular al muy joven Simon Rattle. Su nombre estaba apenas respaldado por un diploma de la "Royal cademy of Music" y un premio de la "Competencia Internacional John Player 1974".
Rattle se dedicó a trabajar con obsesión. Los conciertos empezaron a convertirse en suceso. Finalmente la crítica de Londres se ocupó de un fenómeno que tomó dimensión internacional. Vinieron los discos; el de La consagración de la primavera conmovió cimientos en la moderna interpretación de Stranvinski, por ejemplo.
Naturalmente la vieja sede de la orquesta, el Town Hall del siglo pasado se quedó corto. Pensaron en grande. Casi siete años tomó la construcción del Centro Internacional de Convenciones que contiene el Simphony Hall, nueva sede de la orquesta, recientemente inaugurado.
De su construcción y diseño se encargó al norteamericano Russell Johnson, un arquitecto especialista en acústica y obsesionado por la música. Rattle y Johnson, trabajando hombro a hombro durante estos años, lograron una sala sencillamente perfecta.
El moderno auditorio permite el absoluto control acústico. Más aún, es una perfecta sala de grabación. Baste un detalle: para el gigantesco órgano de concierto, obra del alemán Johannes Kleis, un complicado sistema de rieles permite el rodaje de paredes de concreto, de toneladas de peso, y se logran los niveles de reverberación de una catedral del siglo XVIII.
Los habitantes de Birmingham consideran justificada la inversión de 30 millones de liras que requirió la sala. Al fin y al cabo orquesta y director han escrito con mayúsculas el nombre de su ciudad en la estrecha geografía de la música internacional.

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