Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2007/04/14 00:00

Tsotsi

Esta mirada desapasionada a la vida en las calles de Soweto, Suráfrica, recibió el Oscar a la mejor película extranjera de 2006.

‘ Tsotsi’, que significa hampón en la jerga de las calles, será el nombre del que tendrá que deshacerse el héroe del drama.

Título original: Tsotsi.
Año de estreno: 2005.
Dirección: Gavin Hood.
Actores: Presley Chweneyagae, Mothusi Magano, Zenzo Ngqobe, Kenneth Nkosi, Terry Pheto, Zola.

Y, ya que estamos pensando en lo que les sucede a los personajes de los dramas de fondo, al pandillero Tsotsi (que significa 'hampón' en la lengua de las calles de Johannesburgo, Suráfrica) se le pondrá la vida al revés cuando encuentre un bebé en el carro que se acaba de robar. Desde entonces no lo dejarán en paz, al héroe de este edificante relato de redención, las imágenes desordenadas de su pasado. No lo dejarán respirar los miembros de su banda, el leal Aap, el sensato Boston, el peligroso Carnicero, pues la vida en las esquinas de la ciudad los ha llevado a todos ya a un punto sin salida. Tal vez sea ese bebé, que no para de llorar, que amanece cubierto por cientos de hormigas, la oportunidad que ha estado esperando para recordar su verdadero nombre, para volver a pensar en el futuro, para deshacerse, de una vez por todas, de sí mismo.

Tsotsi, la mejor película extranjera según los premios Oscar de 2005, la adaptación de una popular novela del dramaturgo surafricano Athol Fugard, es un largometraje bien filmado, bien interpretado, bien intencionado, que no siempre logra hacernos creer lo que estamos viendo. Es una visita guiada a la oscura tras escena de una cultura que, a pesar de todo, ha conseguido siempre celebrar la vida. Y un nuevo llamado, un llamado conmovedor, contundente, a una trasformación hacia las vidas de los otros: lo más probable es que los espectadores, al final, nos sintamos todos liberados de un gran peso, y que la denuncia se pierda un tanto en esos encuadres cuidadosos que poco tienen que ver con el horror de aquellas vidas.

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