Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2007/05/26 00:00

Último envión

Nuevas exposiciones e intervenciones se inauguran en el último mes del Encuentro de Arte Contemporáneo MDE07 que desde enero se celebra en Medellín.

Federico Herrero pintó la estación Berrío . En la página siguiente, intervenciones de Tatzu Nishi en la iglesia del Sagrado Corazón, Ciro Mieles (sus tejidos ya se exhiben en la estación Floresta) y Héctor Zamora, quien invadió las oficinas de la Casa del Encuentro para construir un bar que da a la calle

Este fin de semana comenzó la recta final del Encuentro Internacional MDE07 Prácticas Artísticas Contemporáneas que desde enero se lleva a cabo en diversos museos, galerías y espacios públicos de Medellín.

En esta tanda de nuevas exposiciones e intervenciones se destaca la exposición Memoria de las Bienales en Colombia, que se exhibe en el Museo de Antioquia, y que recoge el legado histórico que dejaron las bienales de arte de Medellín.

Delcy Morelos expone en la Galería Suramericana. En la Universidad Eafit se exhibe una colectiva de Beatriz Santiago, de Puerto Rico, Humberto Junca y Fredy Serna, de Colombia. En el campus de ese centro educativo también arrancó el recorrido Observatorio de pájaros, del artista colombiano Gabriel Sierra.

Por su parte, Fernando Pertuz, Nicolás Cadavid, Carolina Salazar y el Grupo Bere Bere exhibirán su obra en la sede de la Alianza Francesa y el Palacio de la Cultura.
Pero MDE07 también ocurre en el espacio público de la ciudad.

A una cuadra del Museo de Antioquia, en la Casa del Encuentro, sede del evento, se presenta la colombiana María Teresa Cano y Sustracción/Adición - Bar Las Divas, de Héctor Zamora (México), quien armó un bar público a costa de buena parte del espacio de las oficinas de la casa de encuentro. Un bar abierto a los transeúntes y totalmente ajeno a las instalaciones del encuentro.

Como señala Zamora, la idea le surgió al percatarse que el Museo de Antioquia y la Casa del Encuentro están en unas de las zonas de tolerancia de la ciudad. “Encontré una coexistencia armónica entre dos mundos antagónicos que muy difícilmente se puede dar en otra ciudad”. Para Zamora, la manera más coherente de buscar esta armonía era con un bar, que reproduce el estilo de vida del sector. Y que, además, “a la gente de a pie tal vez le genere reflexiones distintas a las de un curador o un experto en arte. Eso la hace viva. Ya se salió de mis manos, ya crece sola”.

En la Estación Floresta, de la línea occidental del metro de Medellín, se exhibe (Entre.paréntesis), obra que el artista brasileño Cildo Meireles diseñó especialmente para MDE07.

En la iglesia del Sagrado Corazón, en Barrio Triste, en pleno centro de Medellín, se inaugura Susúrrame algo al oído, la obra de Tatzu Nishi (Japón), quien construyó una habitación alrededor de la cruz del campanario de la iglesia, a la que el público puede ingresar para entender su propuesta de cómo convertir un símbolo público en el objeto decorativo cotidiano de un espacio doméstico. Renata Lucas, de Brasil, intervino las terrazas del Palacio de la Cultura, el Hotel Nutibara y las Residencias Nutibara, formando un triángulo en todo el centro de la ciudad que evoca el que conforman los tres cerros más altos del valle de Aburrá.

En la ciudad ya se encuentran expuestas las propuestas de Federico Herrero, de Costa Rica, quien pintó las columnas del armazón de concreto la estación Berrío. Por su parte, las fotografías de Jesús Abad Colorado y las palabras de Adolfo Bernal viajan en los vagones del Metro.

En junio, Gloria Posada, Ana Claudia Múnera y Beatriz Olano, de Colombia; Tomás Sarraceno, de Argentina; Santiago Cirugeda, de España, y Carla Fernández y Pedro Reyes, de México, intervendrán otros espacios públicos. Y, para rematar estos seis meses de arte continuo, Adolfo Bernal será el encargado de despedir a MDE07 con su obra The End.

No es tarea fácil que los habitantes de una ciudad tan grande, dispersa y diversa, la perciban como un escenario artístico. Y más cuando varias de las propuestas escapan a lo que comúnmente se entiende como arte. Por ejemplo, Federico Guzmán, artista español, quien combinó arte y ciencias agropecuarias al hacer realidad el tomaco (tomate y tabaco) ideado en un episodio de Los Simpson. “El proyecto consistió tanto en hacer injertos con plantas de tomate y tabaco reales como construir plantas artificiales en espuma y látex en el taller de escultura en la Universidad Nacional”, señala Guzmán. Un proyecto que él ha continuado en Sevilla, España, y cuyos avances se pueden seguir a través de la página www.eltomaco.blogspot.com.

¿Cuál ha sido entonces el balance de un evento tan variado y sorprendente? Para Lucía González, directora del evento, no es posible hacer un balance del evento. “MDE07 se pensó para dar frutos en el mediano y largo plazo. Por eso es más hondo que espectacular. Ojalá me preguntaran esto mismo en cinco años”.

Pero la respuesta, si no masiva, sí ha sido positiva y ha trascendido el círculo cerrado de los expertos en arte contemporáneo. A las exposiciones en museos han asistido públicos diversos que, por lo general, jamás se asoman a los museos y las galerías de la ciudad.

 “Es un evento vivo que produce él mismo eventos, acciones, hechos inesperados. Estamos asistiendo a actos de creación, no a la historia ya escrita, como nos toca tantas veces. Hay alegría. Es posible un evento de esta dimensión y riqueza sólo cuando una ciudad ha construido confianza, capacidad de trabajo conjunto, eso que algunos llaman capital social”, dice Lucía González. MDE07, a su manera, le ha medido el pulso a una ciudad que se la ha jugado en todos los órdenes por darle prioridad absoluta a la educación y la cultura.

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