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| 6/22/1998 12:00:00 AM

UN ACONTECIMIENTO

De excelente calidad, pero difícil de leer.

Esta vida y la otra
Germán Pinzón
Seix Barral
Bogotá, 1998
$ 22.900
Debo confesar que no soy una lectora profesional: leo por placer, para gozar y nada más. Es por eso que, libro que me aburre o que me cuesta trabajo terminar, lo cierro sin reatos ni contemplaciones. En ocasiones, por este oficio de reseñista bibliográfica, me trago un ladrillo para dar con honestidad y conocimiento de causa mi opinión al lector. Tal preámbulo intenta explicar algo singular que me ocurrió con la novela Esta vida y la otra, de Germán Pinzón. Abordé su lectura con una esperanzada expectativa y me vi obligada a reanudarla una y otra vez, pues me costaba trabajo entender de qué se trataba.
Sin embargo, desde un comienzo me atrajo muchísimo el intenso trabajo con el lenguaje que realiza Pinzón en esta obra. Y ello me llevó a continuar hasta el final. O sea: es un texto denso, de difícil lectura, pero de excelente calidad literaria. Se advierte que cada palabra fue pensada y repensada con el fin de lograr unos efectos verbales deslumbrantes. He dicho que es un texto difícil de leer, y lo es por la riqueza y abundancia de las imágenes, como por el cúmulo de referencias culturales que, con frecuencia, resultan indescifrables para el lector. Pinzón juega con la historia, con la literatura y con la realidad misma por medio de paradojas muy elaboradas y de cierto humor.
La obra narra el encuentro en un hospital siquiátrico del teniente Edgar Pinto con la monja Magdalena. El es un sujeto abrumado por sus acciones en el Ejército, que sufre de 'trauma de héroe', delira con un comandante guerrillero llamado Carlos y termina enamorado de la novicia. Ella, que se llama a sí misma la 'Virgen Loca de los Locos', se enamora del teniente, al cual debe atender y con él conoce el amor, la carne y, finalmente, la muerte.
La realidad que Pinzón muestra es violenta, pues es la realidad colombiana; pero no es la anécdota lo que le interesa, sino su impacto en quienes la padecen y protagonizan. En este sentido la novela es muy cruda, pues la violencia de la realidad se hace delirio no sólo en los protagonistas, sino también en los médicos del manicomio, en los demás pacientes y hasta en el cura confesor. Es esta una forma interesante de tratar el traqueteado tema de la violencia en el país.
También hay poesía y de manera especial en los momentos más intensos, como por ejemplo en la magnífica escena de amor entre el teniente y la monja. En fin: recomiendo este libro al lector, pero le aconsejo que lo saboree palabra a palabra, pues de otra manera se quedará en Babia.
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