Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1998/07/13 00:00

UN ANALISIS DEMOLEDOR

UN ANALISIS DEMOLEDOR

¿Por qué la violencia hoy? La violencia de los años 90 Juan Manuel López Caballero (s.p.i.) Bogotá, 1998 $ 15.000 Hoy una de las características del modo de ser nacional es no pensar, sino acoger los diagnósticos que los medios masivos de comunicación quieren transmitir. O sea: pensar como borregos. Por eso resulta muy poco corriente que alguien observe lo que pasa, piense y proporcione opiniones diferentes al lugar común. A Juan Manuel López Caballero le importa un bledo ir contra la corriente y sacar conclusiones sobre los problemas del país que no concuerden con las que están de moda. Ya lo ha hecho en cinco libros anteriores. Ahora se mete con el tema de la violencia en los años 90, en un ensayo que debería dar _si este fuera un país medio normal_ para armar una polémica de las buenas. En su análisis López Caballero parte de la tesis de que la violencia en el país depende de unos factores que la desencadenan y no de unos actores, que son tan solo su manifestación. ¿Es que acaso la violencia ha mermado con las muertes de Pablo Escobar o de Ariel Otero o del cura Pérez? Y en seguida propone cinco hipótesis. La primera tiene que ver con los factores que activan la violencia. No es la pobreza del país, como tanto se afirma, sino la aberrante concentración de la riqueza o, lo que es igual, la inmensa injusticia social. Y hay otro factor decisivo: el modelo neoliberal y sus consecuencias más notables, como son el desempleo y la desactivación de la economía agrícola. La segunda hipótesis es bien interesante: el debilitamiento y desprestigio de las instituciones que sirven como mecanismo de resolución de conflictos: los partidos políticos, los organismos de administración de la justicia y el Estado mismo. Las explicaciones que da López sobre este fenómeno son agudas y polémicas. La tercera hipótesis constituye una gravísima acusación a los medios de comunicación de su responsabilidad como vehículos que promueven y estimulan la violencia. El estar por lo general al servicio de poderosos intereses económicos privados, el ser un negocio antes que los responsables de una función social, son deformaciones que se vuelven monstruosas cuando ocurre, como ha ocurrido, que los medios sustituyen a los políticos y a los administradores del Estado en su función de voceros del interés público. La cuarta hipótesis se basa en factores externos, ajenos al control del país y tienen que ver con la errada política antidrogas, fruto a su vez de las relaciones equivocadas de Colombia con Estados Unidos. La última hipótesis plantea la necesidad de defender un modelo de sociedad y de Estado en el cual la sociedad civil no se enfrente al Estado y se convierta en su alternativa, como ocurre hoy. En fin: tal es el esquema general de los planteamientos de López Caballero. Pero lo bueno de verdad son sus disquisiciones, salpicadas de críticas y argumentos agudos y demoledores.

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