Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/12/02 00:00

Un buen año

Una comedia ligera que ni siquiera pretende decirnos algo nuevo sobre los pequeños placeres de la vida.

Max (Freddie Highmore) creció con su tío Henry (Albert Finney) en un idílico viñedo perdido en Francia

TÍtulo original: A Good Year.
Año de estreno: 2006.
Dirección: Ridley Scott.
Actores: Russell Crowe, Albert Finney, Marion Cotillard, Tom Hollander, Abbie Cornish, Didier Bourdon, Archie Panjabi, Freddie Highmore.

No es fácil comprender la visión de mundo del versátil Ridley Scott: el cineasta inglés que dirigió Los duelistas, Blade Runner, Thelma y Louise, Gladiador y Black Hawk Down, entre tantas, parece ser muchos hombres al mismo tiempo. Su falta de personalidad, de marcas de estilo, puede venir de su larga temporada en el mundo de la publicidad: los realizadores de comerciales persiguen diferentes géneros hasta convertirse en una especie de sastres a la medida. Sea como fuere, en la búsqueda de cierta coherencia dentro de su obra, habría que decir que los protagonistas de Scott suelen compartir una misma actitud ante la vida: el esfuerzo consistente de liberarse de sí mismos. Y vista así, como "la historia de otro héroe que se salva de sí mismo", su más reciente producción, la tontísima Un buen año, no es la calamidad que parece en un primer momento, no, sino un ordinario, innecesario e insulso capítulo nuevo en su apasionante investigación de las cosas que pasan en el planeta.

"Ordinario" es, en este caso, una manera de decir que repite, con los mismos giros, los mismos chistes y los mismos personajes, una trama que sabemos de memoria: la de ese frío hombre de negocios (piensen en el Scrooge de Cuento de Navidad, en el señor Banks de Mary Poppins, en el protagonista de Jerry Maguire) que, gracias a un revés de fortuna, recobra el supuesto placer que producen "las pequeñas cosas de la vida". "Innecesario" es el adjetivo que se nos pasa por la cabeza desde el comienzo hasta el final de la película: desde el principio nos preguntamos "¿por qué gastar tanto dinero para contar, sin actuaciones memorables ni secuencias especialmente logradas, una historia que sabemos a donde irá a parar desde el primer minuto?", y no encontramos ninguna respuesta que nos deje tranquilos. "Insulso" es una forma decente de denunciar que, ni siquiera haciéndose pasar por un homenaje al cine de Jacques Tati, Un buen año consigue ser algo más que un espectáculo vacío.

El "frío hombre de negocios" se llama, esta vez, Max Skinner. Y ha dejado atrás una infancia idílica, en el pequeño viñedo francés de su tío Henry, para convertirse en un yuppie indolente que está dispuesto a todo con tal de enriquecerse, que se toma su trabajo en la bolsa de Londres como un juego y les dice a sus subalternos "ratas de laboratorio" sin asomos de culpa. Claro que va a cambiar. Claro que va descubrir que lo que desea no es lo que necesita. Y claro que Ridley Scott va a filmarlo con gracia (filmarlo a él, pobre, interpretado por un Russell Crowe que era el actor equivocado) mientras la historia avanza como una rutina. Pero nada va a salvar a Un buen año de la trivialidad. Sus personajes están a medio hacer. Las sorpresas de su trama sorprenden por lo obvias, por lo anunciadas. El romanticismo que quiere contagiarnos es un romanticismo falso. En fin. Decir más parecería una venganza.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.