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| 1/25/1999 12:00:00 AM

UN BUEN CERVANTES

María M. Carranza hace una semblanza del poeta español José Hierro, Premio Cervantes 1998.

A lo que parece, Jose Hierro siempre fue calvo, pues yo lo conocí en 1953, cuando tenía 31 años, y ya no lucía un solo pelo en la cabeza. Y, en verdad, aparte de las obvias arrugas de sus hoy 76 años, siempre ha tenido la misma figura: delgado, frente alta y desnuda, piel de pergamino, mejillas enjutas y un eterno cigarrillo en los labios que, a estas alturas, hace parte ya de su fisonomía. Es madrileño pero parece de Santander, ciudad de donde era su padre. Y como buen santanderino se toma antes del desayuno, todos los días de su vida, un buen vaso de orujo, que es un aguardiente de uva fuertísimo: por eso tal vez derrocha energía, tiene el gesto rápido y nervioso y el habla atropellada. Esa actividad le impide el reposo y por ello también dibuja de improviso lo que tenga por delante: un rostro, una flor, un corazón. A Hierro, como a todos los españoles que la padecieron, lo marcó la Guerra Civil. Su padre era republicano y fue detenido y encarcelado durante cuatro años. Esto obligó al hijo, de 15 años entonces, a trabajar de cilindrador, al tiempo que colaboró con una organización clandestina de ayuda a los presos. Gracias a tal actividad se conviertió, a su turno, en un preso, ya que fue detenido en 1939 y condenado a 12 años, pero fue liberado en enero de 1944, luego de haber pasado por cinco cárceles diferentes. Esa experiencia tan traumática está consignada en toda su obra: ejemplo de ello es su hermosa Canción de cuna para dormir a un preso.Hierro es de los más importantes poetas españoles de la posguerra, al lado de Leopoldo Panero, Luis Rosales, Francisco Brines, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo y Claudio Rodríguez. Esta aseveración está respaldada por los premios poéticos que ha recibido entre los que figuran, además del Cervantes que le acaban de otorgar, el Príncipe de Asturias, el Reina Sofía, el Adonais y el Nacional de Poesía. Hasta el momento ha publicado siete libros de versos, cuyos títulos se transcriben para ilustración del lector interesado: Tierra sin nosotros (1947), Alegría (1947), Con las piedras, con el viento (1950), Quinta del 42 (1953), Estatuas yacentes (1955), Cuanto sé de mí (1957), Libro de las alucinaciones (1964) y Agenda (1991). Para mi gusto los mejores son Cuanto sé de mí y Libro de las alucinaciones. En ellos se concentran las principales y mejores características de la poesía de Hierro: la solidaridad, el escepticismo, la indignación, la alucinación, el amor. Porque estamos hablando de un poeta que aborda el tema social sin caer en el panfleto, sino con un lenguaje y tratamiento estrictamente líricos: he ahí su gran acierto. Hierro ha hablado con frecuencia de que su poesía está hecha de "reportajes y alucinaciones". Con ello alude a sus dos estilos muy definidos, que coexisten a lo largo de toda su obra: el poema claro, el lenguaje directo y una lógica argumental por un lado y, por el otro, el poema que envuelve la realidad en sombras y la impregna de misterio, dentro de una atmósfera subjetiva y un ritmo entrecortado.Reportaje y alucinación también significarían, según lo han visto los críticos, el deber ético del testimonio y el deber estético de elaborar un lenguaje poético para ese testimonio. Realidad alucinada podría ser la síntesis de la peripecia creativa de Hierro. El poema titulado Réquiem, que se transcribe en estas páginas, es uno de sus más famosos y muestra bien esa realidad alucinada: en un estilo narrativo y directo habla del drama del emigrante español, al tiempo que transcurre el funeral de uno de ellos en una triste, fría y anónima iglesia de cualquier sitio de Estados Unidos. La riqueza expresiva contrasta con la crudeza del tema.En Réquiem, como en toda la poesía de Hierro, hay canto, temporalidad, conciencia social, cotidianidad, reflexión sobre la vida y la muerte, soledad. Y, sobre todo, hay buena poesía. nHierro dice que su poesía está llena de reportajes y alucinacionesRéquiem (fragmento)Manuel del Río, naturalde España, ha fallecido el sábado11 de mayo, a consecuenciade un accidente. Su cadáverestá tendido en D'AgostinoFuneral Home. Haskell. New Jersey.Se dirá una misa cantadaa las 9:30, en St. Francis.Es una historia que comienzacon sol y piedra, y que termina sobre una mesa, en D'Agostino,con flores y cirios eléctricos.Es una historia que comienzaen una orilla del Atlántico.Continúa en un camarotede tercera, sobre las olas_sobre las nubes_ de las tierrassumergidas ante Platón.Halla en América su términocon una grúa y una clínica,con una esquela y una misacantada, en la iglesia de St. FrancisAl fin y al cabo, cualquier sitioda lo mismo para morir:el que se aroma de romero,el tallado en piedra o en nieve,el empapado de petróleo.Da lo mismo que un cuerpo se hagapiedra, petróleo, nieve, aroma.Lo doloroso no es moriracá o allá...Réquiem aeternam,Manuel del Río. Sobre el mármol,en D'Agostino, pastan toros de España, Manuel, y las flores(funeral de segunda, cajaque huele a abetos del invierno),cuarenta dólares. Y han puestounas flores artificialesentre las otras que arrancaronal jardín... Libera me Dominede morte aeterna... Cuando mueran James o Jacob verán las flores que pagaron Giulio o Manuel...Ahora descienden a tus cumbresgarras de águila Dies irae.Lo doloroso no es morirDies illa acá o allá;sino sin gloria...
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