Miércoles, 22 de octubre de 2014

| 2013/01/26 00:00

Un clásico indiscutible

Con la publicación de una de las primeras narraciones de Georges Simenon, la editorial Acantilado inicia la reedición de la obra completa del autor francés, un maestro del género policíaco.

Georges Simenon siempre luchó para que lo reconocieran no solo como un autor de género policial, sino como a un escritor de literatura seria.

Pietr, el Letón 

Georges Simenon 

Acantilado, 2012

116 páginas

Georges Simenon no es solo un escritor de novelas policíacas. Es un gran escritor. Punto. Gide, Mauriac, Faulkner y Hemingway, lo habían proclamado en su momento. “Los grandes de la literatura siempre lo valoraron muy bien”, dice John Simenon, su hijo. Sin embargo, el hecho de ser un autor muy popular, encasillado en un género menor y de entretenimiento, eclipsó por muchos años su valoración e hizo que no fuera apreciado como lo que en realidad es: un clásico de la literatura. Aunque, entrados en el siglo XXI, es difícil encontrar una voz en contra. Para el reconocido crítico y lector George Steiner, Simenon es “el autor más extraordinario de nuestro tiempo”. En apenas un par de párrafos, dice Steiner, Simenon es capaz de crear un personaje y poner una novela en movimiento. 

La obra de Simenon es monumental: 191 novelas firmadas con su nombre (publicó con seudónimo un número impreciso de novelas y relatos), dictados, cartas y memorias. Sus obras completas contienen 27 volúmenes. Al igual que Balzac, quiso escribir la épica del hombre común. Hace unos años, la editorial Tusquets emprendió la ambiciosa tarea de publicar en español sus obras completas. Por cierto, el primer relato de ese proyecto que finalmente quedó trunco, tenía un bello prólogo de García Márquez, otro declarado fan del escritor belga. Ahora, la editorial Acantilado de Barcelona vuelve a la carga y publicará mínimo seis títulos anuales de Simenon, traducidos por José Ramón Monreal. “Intento recuperar toda la obra de nuestros autores, no soy un editor de libros sino de autores completos”, dijo Jaume Vallcorba, director de Acantilado. Los primeros títulos publicados son El gato (1967) y Pietr, el Letón (1931), la novela que nos ocupa, que tiene la particularidad de que en ella aparece por primera vez el famoso comisario Maigret, que terminaría protagonizando 75 novelas y 28 relatos. 

El comienzo de Pietr, el Letón es prometedor: Maigret recibe en su oficina de la Policía de París un telegrama de inteligencia donde le informan que un estafador –joven, rubio y de baja estatura– que es buscado infructuosamente por toda Europa, viaja en uno de los compartimentos de un tren que arribará en las próximas horas a la Gare du Nord. Maigret asume el caso, memoriza las facciones de ‘el Letón’ –en especial una marca en el lóbulo de la oreja– y va a esperarlo. Lo ve, se cruza con él y, con la intención de seguirlo, deja que se suba a un lujoso coche hostelero. En ese preciso instante, un guardián de tren da aviso que en el compartimento en el que venía ‘el Letón’ se ha cometido un crimen. Maigret sube al tren y encuentra en el baño a un hombre muerto con una fisonomía idéntica a la de ‘el Letón’ que acaba de cruzarse: joven, rubio, de baja estatura…

Hasta acá podemos contar, pero se puede adelantar que la historia y su desenlace valen enteramente la pena. Es increíble que ya en esta primera novela Simenon tiene delineado a su personaje, sus tics y su visión de mundo: el inspector Maigret con su pipa, su gusto por la cerveza espumante y los sánduches, le interesa más descubrir la personalidad del delincuente que resolver el propio crimen, aunque lo resuelva, y de manera impecable: “En todo malhechor, en todo facineroso, hay un hombre. Pero hay también y sobre todo un jugador, un contrincante, y este es el que la Policía tiende a ver, es a él a quien generalmente se enfrenta”. Mientras hace un seguimiento y espera bajo la lluvia en una calle de un pueblito francés, Maigret tiene una revelación que será en adelante su filosofía: “Pero él buscaba, esperaba, acechaba sobre todo la fisura. El momento, dicho de otro modo, en que detrás del jugador aparece el hombre”.

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