Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2003/10/06 00:00

Un continente en suspenso

Una antología reciente muestra que en América Latina hay un creciente interés por el género policíaco. Los críticos afirman que en este continente se publican las mejores novelas del género del mundo.

Un continente en suspenso

La literatura policiaca es quizá una de las más populares en el mundo. Desde sus inicios, a finales del siglo XIX, los lectores han seguido con interés las tramas de misterio creadas por autores como Agatha Christie,

G.K. Chesterton, Edgar Allan Poe y Arthur Conan Doyle. Así mismo, durante todo el siglo XX, esta se convirtió en una literatura de culto: autores como Dashiell Hammett y Raymond Chandler eran considerados estrellas del mundo literario norteamericano. Además, durante la época dorada de los grandes estudios de Hollywood, el género se volvió aún más popular: se filmaron varias adaptaciones de obras clásicas y sus autores eran contratados para escribir los guiones de las mejores producciones.

En América Latina la llegada de este tipo de literatura fue tardía. Esto se debió a que en gran parte el mercado editorial estaba inundado por las obras del llamado boom. Las obras de García Márquez, Carpentier, Donoso y Cortázar dominaban el panorama literario de entonces. Sin embargo, en el año 1949, los escritores argentinos Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares comenzaron a escribir textos policiales en la colección Séptimo Sello de la Editorial Emecé. Estos dos autores seguían al pie de la letra las normas clásicas de los autores clásicos: sus cuentos tenían un enigma, un detective, unos sospechosos y un asesino. Borges era un fanático de este tipo de literatura y, además de escribir cuentos tan interesantes como La muerte y la brújula y El jardín de los senderos que se bifurcan, hizo varias antologías que aún hoy son muy estudiadas.

Pero fue en los años 70 cuando apareció en el continente un primer grupo de autores que trabajaban exclusivamente este género. Entre ellos se encontraban Paco Ignacio Taibo II (quien es considerado el fundador del neopolicial latinoamericano), Rubem Fonseca, Mempo Giardinelli, Leonardo Padura Fuentes, Osvaldo Soriano y Ramón Díaz Eterovic. Estos narradores querían distanciarse del tipo de literatura que habían impuesto los autores del boom. Este gesto es muy interesante pues muestra que el policíaco latinoamericano nació con una motivación contestataria. Lo que quería este primer grupo de autores era retratar otra realidad de sus países y distanciarse de las historias mágicas y rurales que eran el canon en este continente. Esta primera etapa tenía muchos puntos en común con el modelo anglosajón. Sin embargo su principal mérito fue describir, de una manera novedosa, las grandes ciudades latinoamericanas y sus problemas sociales. Sin duda estas novelas son el germen de la literatura urbana que es tan popular hoy día. Leonardo Padura, una de las personas que mejor conoce este fenómeno, dice en un ensayo llamado Miedo y violencia: la novela policial en Hispanoamérica: "Esta nueva novela policial iberoamericana centra su interés en los mundos citadinos y contemporáneos en los cuales conviven el crimen y la vida, la violencia y la realidad más rampante y esencial de un universo abocado a todas las crisis políticas, económicas, morales y culturales".

Ya en la década de los 80 la literatura policial dejó de ser marginal y se convirtió en un verdadero fenómeno. Es a partir de entonces que se puede hablar de la novela policíaca latinoamericana como un género establecido. Los autores de la primera etapa crearon un estilo y un lenguaje propios. Cada vez más sus relatos se enmarcaban en realidades de estos países. Además la difícil situación política y social en países como Chile y Argentina sirvió de inspiración para sus narraciones. Los autores comenzaron a interesarse en las crónicas rojas y en los crímenes que ocurrían en sociedades cada vez más violentas. Así, sus textos sufrieron una metamorfosis y se acercaron más al género negro estadounidense.

En los últimos años han aparecido aún más autores y el género se ha diversificado. Al lado de los que ya venían trabajando el tema han surgido nuevas voces y puntos de vista completamente diferentes. Es tal el fenómeno que en cada uno de los países se pueden encontrar cinco o seis autores reconocidos. Además todos trabajan estéticas tan variadas que los críticos literarios afirman que actualmente América Latina es el lugar donde se escriben mejores narraciones policiales. Entre los nuevos se pueden citar a Ricardo Piglia, Juan Hernández Luna, José Saer, Miryiam Laurini, Luis Sepúlveda, Guillermo Arriaga, Juan Carlos Marteli y Santiago Gamboa, que ya son reconocidos por la calidad y originalidad de sus textos. Bien lo dice Paco Ignacio Taibo: "La novela negra norteamericana está pasando una etapa de decadencia, exceso de repetición y abundancia de tópicos. Los maestros están cansados. En cambio en nuestro continente es un género que está renovándose. En estos últimos 20 años hemos asistido a varias revoluciones internas, a cual más interesante". Y es que al mirar las novelas policíacas que se han publicado últimamente en nuestro continente se encuentran toda clase de temáticas. Están las que tratan la corrupción política (Días de combate de Taibo), las que hablan del sicariato (Rosario Tijeras de Franco), las que retoman los esquemas clásicos (Linda 67 de Fernando del Paso) o las que son conceptuales y abstractas (Respiración artificial de Ricardo Piglia).

Además cada vez se organizan más encuentros, conferencias y premios relacionados con el tema. Por ejemplo, en México se lleva a cabo la semana negra de Guijón, donde año tras año se reúnen cientos de autores que proponen nuevos textos y discuten sobre el género. La academia también se ha dedicado a estudiar el tema con mucho interés. A esto hay que sumarle que los autores encuentran cada vez más inspiración en la realidad, y así lo hace notar Padura: "La nueva policial, al imponer definitivamente la presencia de una literatura urbana apegada a una cotidianidad donde no hay demasiado espacio para la poesía, ha creado un nuevo rostro, acaso hoy más verdadero, de un mundo donde se imponen, como el pan nuestro de cada día, el miedo y la violencia". Todo indica, entonces, que mientras las sociedades latinoamericanas sigan viviendo realidades criminales la novela policíaca tendrá material para alimentarse por varias décadas.

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