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| 5/9/1983 12:00:00 AM

UN DOLIDO ALEGATO

"Jadsi Murat", un retorno de Tolstoi a sus recuerdos juveniles.

Es casi inoficioso hablar de León Tolstoi (1829-1910). "Guerra y Paz", "Ana Karenina" y "Resurrección", no sólo constituyen tres magníficas expresiones de la literatura mundial sino que, además, son una muestra elocuente de la admirable destreza de este noble ruso, al que ni las crisis morales lograron apartarlo del lado de los maltratados y desposeídos. Pero hay otras piezas, dentro de su vasta obra, menores en sus propósitos generales, modestas en los horizontes que abarcaron, sencillas en sus pretensiones, que también forman parte del mejor Tolstoi. Son pequeñas obras maestras. Ese es el caso, por ejemplo, de "Jadsi-Murat" ("ChadziMurat"), breve novela que aparece por pimera vez en 1912, en el tercer tomo de sus obras literarias póstumas, y que Siglo XXI Editores incluye ahora dentro de su colección de la Gran Literatura.
"Jadsi-Murat" relata una serie de sucesos acaecidos en 1851-1852, época en que Tolstoi vivió en el Cáucaso. Iniciada tan sólo en 1897 es, entonces, un retorno del autor a los recuerdos de sus años juveniles, un intento por plasmar -definitivamente- una historia a la cual él va a referirse en distintas oportunidades como a un episodio conmovedor y dramático.
Si damos crédito a lo que señalan algunos críticos, biógrafos y estudiosos, Tolstoi menciona por primera vez a Jadsi-Murat, jefe rebelde caucasiano que temporalmente formó parte del bando ruso, en una carta de 1851 dirigida a su hermano. Diez años más tarde, Tolstoi no ha empezado todavía a escribir la historia, pero la relata entusiasmado a los alumnos de Yasnaia Poliana. Es sólo en 1896, cuando anota en su diario la decisión de iniciar su escritura. En ese año Tolstoi apenas escribe un prólogo que, lamentablemente, la mayoría de las ediciones en español suprimen. Es poco, si se quiere, para un año; pero son esas escasas palabras -no ocupan más de tres cuartillas manuscritas- una reflexión maravillosa de un hombre que ya se encuentra al otro lado de la crisis moral (1877), y ha llegado al total descreimiento respecto a los valores éticos de la sociedad "legítimamente" constituida.
Un año más tarde, después de estudiar diversos materiales sobre la región y la época de Nicolás I, emprende la escritura del relato. Trabajará en él, con prolongadas interrupciones, hasta diciembre de 1904, fecha en que finalmente lo deja a un lado, aunque en ningún momento lo considera concluido. Por eso él nunca habló de su publicacion. Por su parte, el prólogo encierra toda la problemática de la novelística de Tolstoi. En una magnífica demostración de su arte, el escritor aprovecha un episodio personal completamente intrascendente, para establecer un paralelo inigualable con los remotos sucesos caucásicos protagonizados por el jefe rebelde: el autor recorre un amplio terreno recién labrado, despojado por el hombre de toda planta o hierba. Tan sólo un cardo de tres tallos, semidestruido, sobrevive valerosamente. Esta visión que le devuelve a la memoria el trágico desenlace de Jadsi-Murat lo lleva a exclamar: "¡Cuanta energía! El ser humano ha destruido millones de plantas que había alrededor; pero ese cardo no se ha dejado vencer. Eso me recordó una antigua historia caucasiana que, en parte se desarrolló ante mis ojos y que, en parte, oí contar a testigos presenciales. He aquí la historia, tal y como la recuerdo".
"Jadsi-Murat", entonces, no sólo es un dolido alegato contra la huera vanagloria de los generales zaristas sino, también, contra el zar mismo, déspota corrompido y vanidoso que Tolstoi retrata haciendo gala de una mordacidad, agudeza e ingenio incomparables. "Jadsi-Murat" es, pues, un amargo alegato de Tolstoi en defensa del hombre y contra el hombre mismo.
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