Martes, 17 de enero de 2017

| 1991/12/09 00:00

UN DONJUAN HECHO EN COLOMBIA

A propósito del bicentenario de la muertre de Mozart, se crea la Nueva Opera de colombia y se monta una de sus piezas, más exigentes: Don Giovanni.

UN DONJUAN HECHO EN COLOMBIA

QUERIAN CANTAR EN SERIO. TEMIAN que su vocación se refundiera en las tabernas, y que su talento se desperdiciara en veladas familiares. Querían cantar en serio, y estaban seguros de que podían hacerlo. Pero sabían que las oportunidades escaseaban. Habían soñado con subirse a un escenario para representar la Carmen, de Bizet, o el Tristán, de Wagner. Querían hacer ópera, aunque esto sonara demasiado pretensioso. Querían hacer ópera, pero la Opera de Colombia se había disuelto de un plumazo cinco años atrás. Ellos recordaban todavía esos montajes que lograron despertar su vocación. Recordaban que figuras como Martha Senn habían empezado como ellos: con ilusión y con un talento que poco a poco fue moldeándose. Con una voz que fue formándose a pulso.
Eran un grupo de jóvenes con buena voz, simplemente con buena voz y con muchas esperanzas. Un grupo de jóvenes de aquí y de allá que el destino decidió unir algun día para que sonaran juntos. Apenas comenzaba 1990 y estos jóvenes decidieron tocar las puertas del Camarín del Carmen. Preguntaron por Gloria Zea, ese quijote que se había empenado en sacar adelante una compañía de ópera en 1976. ¡Una compañía de ópera en Colombia! Gloria Zea oyó sus propuestas, escuchó su canto y los dejó sonar. Y, de repente, se dio cuenta de que también ella estaba sonando.
Han pasado casi dos años desde cuando sonó, aquella tarde, el portón del Camarín. Y el sueño de ese grupo de jóvenes se hizo realidad. Ahora forman parte del elenco de Don Giovanni, que se estrenó la semana pasada. Fue un sueño ambicioso: montar la ópera más exigente de Wolfgang Amadeus Mozart, para celebrarle al genio de Salzburgo el bicentenario de su muerte. Pero se logró, porque en estos dos años mucha gente estuvo pendiente de todos los detalles. Para empezar, el propio Don Giovanni -el barítono cubano Ramón Calzadilla- se dedicó a convertir las buenas voces de esos jóvenes en voces profesionales. La Orquesta Sínfónica de Colombia repasó las partituras y afinó los instrumentos. Y mientras se alistaba la materia prima, otras entidades culturales se convencieron de la viabilidad del proyecto y se dividieron su financiación. Una financiación que al final no resultó tan costosa, pues ocurrieron milagros como el de traer de Italia a Sergio Bini -el director escénico- y a Lucca Ruzza -el escenógrafo- a un costo bajísimo, por el simple hecho de que ellos también quisieron formar parte del sueño de hacer ópera en el trópico. Y lo lograron. Ahora Don Giovanni, hecho en Colombia, le rinde un homenaje al genio de Salzburgo, con todo y aporte original: el diseño de una escenografía moderna, de corte abstracto, en la cual el juego de luces se encarga de marcar el ambiente propio de cada escena. Y gracias a la facilidad para trasladar esta escenografía, el enamorado compulsivo del donjuán estará paseándose por las principales ciudades del país.

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