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| 5/18/1998 12:00:00 AM

UN DURO

Gran acierto la reedición de la obra de Ernesto Volkening.

Evocación de una sombra Ernesto Volkening Editorial Ariel. Bogotá $ 17.900 la revista Diners, que dirige Alberto Casas Santamaría, tuvo un buen cabezazo en su más reciente número al dedicar amplio espacio a la presencia alemana en Colombia, como abrebocas de la XI Feria Internacional del Libro de Bogotá, que tiene este año de país invitado de honor a Alemania. Somos innumerables los colombianos que tenemos deudas eternas con los inolvidables libreros y galeristas Karl Buchholz, Casimiso Elger y Hans Ungar. Y también somos muchos los que nos iniciamos en el humanismo, en la filosofía y en la literatura con la revista Eco, prolongada hazaña editorial del señor Buchholz. Capítulo aparte merece Ernesto Volkening. Y lo merece porque es, sin duda alguna, uno de los más importantes pensadores y eruditos entre los poquísimos que han escrito y habitado en Colombia. Volkening llegó al país en 1934 y ejerció hasta su muerte, en 1982, el oficio de traductor. En 1947 Alvaro Mutis, director de la revista Vida, le publicó un ensayo sobre Hermann Hesse. Desde entonces escribió para periódicos y revistas, como Crítica, Ahora, Testimonio, Revista de Indias y Eco, la cual dirigió un tiempo y fue su colaborador desde 1962. En las publicaciones citadas y en varias más se encuentra dispersa la obra de Volkening, la cual ha sido recogida parcialmente en libros aparecidos hace ya varios años. El que ahora circula es una muestra mínima de su extenso trabajo como pensador, escritor y crítico. Evocación de una sombra reproduce 24 textos divididos en tres partes: escritos sobre cultura europea (Goethe, Hölderlin, Musil, Villiers de I'Isle-Adam...), escritos sobre colombianos (Gómez Valderrama, Elisa Mújica, Osorio Lizarazo, Mutis, Gómez Dávila) y fragmentos de su diario en los que divaga sobre diversos temas. La erudición de Volkening le permitió escribir con profundidad y rigor sobre historia, filosofía, estética, lingüística, literatura, sicología, sociología y etcétera. Así mismo le facilitó las más variadas e interesantes disquisiciones, alusiones, referencias y conclusiones. Y es asombroso verlo pasar de Gottfried Benn o Ernst Bloch a Elisa Mújica, Fuenmayor o Carpentier y hablar de unos y otros con toda propiedad y conocimiento. También es capaz de hacer una sentida elegía a una vieja mansión chapineruna o de definir el vicio nacional de echar paja. Porque tal es su mérito: haber creado nuevos y ricos vasos comunicantes entre nuestra cultura y la europea. Y ello gracias también, y sobre todo, a su asombrosa capacidad de entendimiento y asimilación de nuestro mundo. Por eso bien vale la pena que la editorial Ariel no se quede en este breve volumen. Por cierto ¿quién realizó la selección?
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