Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1994/06/27 00:00

UN FIGURATIVO ABSTRACTO

Con una interesante propuesta, el joven pintor Lusas Posada expone su obra más reciente en la sede de la Cancillería, en Bogotá.

UN FIGURATIVO ABSTRACTO

LOS CUADROS DEL joven pintor colombiano Lucas Posada, que por estos días se exhiben en la sede de la Cancillería, el Palacio de San Carlos, en Bogotá, suelen retener al espectador varios minutos. Es probable que el primer contacto visual con el lienzo sólo descifre la mancha multicolor que invade al lienzo en atropellado desorden. Pero una vez los ojos descansan para divisar la obra en su conjunto, las forman emsiezan a surgir. Entonces ya no son simples capas de óleo, sino torsos que luchan por asumir su identidad frente al espectador; no son simples adornos que la espátula ha coloreado sobre la tela, sino rostros que asoman desde el fondo; no uno, sino varios, formados entre sí con un mismo ojo. Tal vez con una misma boca, pero con expresión independiente.

La exposición se titula Gestalt y hace referencia, como él mismo lo describe, a la corriente sicológica alemana de principios de siglo que no tomaba el Yo en autonomía, sino en mutua relación con los demás y con el medio que lo rodea. Pero más que la sicología, carrera en la que se graduó de la Universidad de los Andes y con la que hizo un posgrado en arte y sicología en la Universidad de Massachusetts, lo que ha marcado la obra de Lucas Posada ha sido su contacto con los indígenas colombianos, entre los que se encuentran los Kogi, de la Sierra Nevada de Santa Marta. Sus vivencias, unidas a la influencia del expresionismo alemán y de pintores como Jackson Pollok, se desbordaron en el lienzo, adoptando, entre claras referencias abstractas, un lenguaje figurativo sólido e independiente.

En la mayoría de los 65 cuadros que conforman la muestra, el espectador puede observar el cuidadoso manejo cromático del autor para lograr el efecto deseado. Sus figuras surgen nítidas de la espesa capa de pintura multicolor, pero las mismas caras se van deformando a medida que el ojo se detiene en ellas. También asumen gestos instantáneos y efímeros que sugieren un movimiento constante, quizá para que el espectador no olvide que las cosas están ahí, pero solo existen de la manera como el hombre las observa.

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