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| 8/27/1984 12:00:00 AM

UN ILUMINADO

Consejero de reinas, amigo del pueblo, literato y filósoto, Diderot, 200 años después de su muerte, continúa siendo un personaje de leyenda

Hace doscientos años, un 31 de julio de 1784, moría en París el más grande pensador del siglo XVIII, Denis Diderot. Hijo de cuchillero y alumno de jesuitas, Diderot constituyó al lado de Voltaire y Rousseau, la trilogía de libre pensadores más influyente en el tumultuoso acaecer de su siglo. Si Lutero, el monje rebelde alemán había puesto patas arriba la autoridad eclesiástica, Diderot y sus iluminados compañeros acabarían por demoler los ídolos restantes sometiendo todos los dioses a la nueva Diosa-Razón, Soberana de Occidente.
La leyenda de su vida es digna de sus novelas. Encerrado diez años por su padre en un monasterio, sólo regresó a su tierra natal para pedir a su padre autorización para desposar a Nannette Champion, cuando él tenía treinta años. Esta desigualdad de edad y cultura con esa mujer, la dejó hecha más para los oficios domésticos que para los exquisitos salones parisinos; así esta mujer desempeñó el papel de esposa gruñona y resentida ante la vida libertina del inescrupuloso marido.
Las aventuras amorosas del filósofo con Mme de Puisieux y Sophie Volland produjeron una de las más bellas correspondencias amorosas de que se tenga noticia. Pero más allá de las aventuras amorosas, Diderot gozó de una bien ganada fama de libertino en sus ideas por las cuales pagó cárcel y sufrió trabajos en la publicación de su famosa Enciclopedia.
En compañía de D'Alembert publicó los seis primeros volúmenes de su Enciclopedia en la que se sintió "precisado a denunciar todas las viejas puerilidades, derribar las barreras que no son las barreras de la razón o devolver a las ciencias y a las artes una libertad para ellas tan preciosa".
La persona y la obra de Diderot sufren una permanente contradicción. De naturaleza ardiente, loca y viva era a la vez un amante delicado no sólo de las más finas mujeres sino de su amantísima hija Angélica. Consejero de reinas, como Catalina la Grande, a cuyo encanto no escapó en su estadía palaciega, era sin embargo amigo del pueblo y contrario a los sufrimientos de le plebe oprimida por los señores de la época.
El literato
Como escritor de la mejor literatura de su tiempo, Diderot practicó todos los géneros existentes e innovó la misma novela como fabuloso precursor de la antinovela. Admirado por Goethe y Schiller y considerado por Marx el más grande escritor de su tiempo, Diderot era un mago de la palabra hablada y escrita.
Diderot consideraba que existían tres clases de cuentos: el cuento maravilloso en que la naturaleza está exagerada y la verdad es hipotética y que busca poner los pies en tierra desconocida, "allí donde las cosas no son como en el lugar que habitamos" Luego está el cuento divertido "en que el narrador no se propone ni imitación de la naturaleza ni la verdad, ni la ilusión; se precipita en espacios imaginarios". Finalmente está el cuento histórico al estilo Cervantes: éste busca "ser creído", quiere interesar, conmover, arrebatar, emocionar, producir escalofríos y provocar llanto.
¿Cuál es el género practicado por Diderot? Sin duda alguna él es precursor del cuento maravilloso, mezcla la Roman Licencieux propia de siglo. "La religiosa", "El sobrino Rameau", y Jacques le Fataliste y más allá de la picaresca licenciosa su época. Allí surge la novela filosófica que pone al desnudo no sólo los aspectos más íntimos de la vida del sexo sino que muestra desde lo imaginario todo el ser social de su agitado siglo.
Diderot, el realista maravilloso, es un cultor de la ficción. En una anécdota se relata esto. "Estoy desolado por un cuento que me estoy contando" exclamaba. Este era el resultado de la mistificación: así se ejercía efecto mistificado sobre el propio mistificador quien se transformaba en el personaje contado. Su actividad literaria suponía el desdoblamiento del autor del que toma posesión la ficción contemplada.
Si "La religiosa" nos narró de manera mistificada la historia de su hermana Angélica, la cual murió loca en un convento de Ursulinas, "El sobrino de Rameau" girará en torno al sobrino del famoso músico Jean Francois Rameau cuya leyenda es tan desconcertante como llena de originalidad. Este sobrino de Rameau, como dirá el propio autor, "trata de un compuesto de altivez y bajeza, buen sentido y razón. En esa cabeza las nociones de la honra y la deshonra tienen un aspecto nebuloso". El sobrino de Rameau representa la comedia de la bajeza y la depravación. Se humilla para afirmar al tiempo la dignidad. Sólo que dicha dignidad, apenas se manifiesta, aparece risible para si misma: "Es necesario, dice, que haya cierta dignidad vinculada a la naturaleza del hombre y que nada pueda ahogarla; eso es algo que se siente sin venir a cuento, sí, sin venir a cuento".
En este mundo donde el oro lo es todo y todo se transforma en oro, Diderot se pregunta: "¿qué diablos de economía es ésta, en la cual hay hombres que les sobra de todo, mientras que otros que tienen un estómago tan inoportuno como aquéllos y un hambre que se repite lo mismo, no poseen nada para llevarse a la boca?"
Es este mundo donde todo lo vil se vuelve noble y lo noble vil, donde hay "tanta sagacidad y tanta bajeza; ideas tan justas y tan falsas alternativamente sentimientos de una perversidad tan total, de una torpeza tan completa, pero de una franqueza tan poco común".
Este será el mismo mensaje de Jacques le Fataliste donde parecen dialogar entre un amo y un esclavo, la voz del Ello-inconsciente en sus deseos y la del yo-consciente-real, represor de aquéllos en nombre de las sanas costumbres.
El tiempo y la moral no existen en las novelas de Diderot, como no existe en el inconsciente humano. Aquí son reemplazados por la libre asociación de la imaginación y el denso discurrir del relato verosímil. Al final el Yo y el Otro, el filósofo serio y el loco que le libera de tan molesta sabiduría, han encontrado en las busconas ideas, la sátira de la razón. Ella es la que muestra el otro lado de la vida: la caricatura de nuestra realidad tal como un revelador químico es capaz de devolvernos los rasgos depurados de nuestro rostro.--
Ciro Roldán Jaramillo
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