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| 8/5/1996 12:00:00 AM

UN LUGAR EN EL MUNDO

Esta película bucólica y utópica demuestra el rumbo del cine argentino y su acogida internacional.

Director: Adolfo Aristaraín
Protagonistas: Federico Luppi, José Sacristán, Cecilia Roth
No es la primera vez que un cineasta argentino o chileno se ha extasiado con los áridos paisajes australes, el exilio de personajes marginales y la nostalgia gaucha, como lo hizo en esta película Adolfo Aristaraín. Así había sucedido ya en La frontera o Archipiélago, y como en esas ocasiones el favor del público y los premios de los festivales fueron muy favorables. Con estas premisas, el espectador llega a la sala a buscar los aciertos que pusieron de acuerdo a jurados de todo el mundo para otorgarle premios como el de San Sebastián, el Goya e incluso una nominación a mejor película de la Academia de las Ciencias y las Artes de Estados Unidos. Lo primero que se encuentra, sin duda, es una historia diferente al típico esquema gringo, en el que la trama gira alrededor del número de policías asesinados y donde los personajes son figurines atléticos enredados en amores fatales. Pero, por el otro lado, tampoco está la estereotipada apuesta melodramática latina del culebrón. Un lugar en el mundo plantea desde el principio otra mitología: la de un grupo de intelectuales (un profesor, su esposa médica y una monja de vanguardia) que al extremo del mapa tratan de recuperar las utopías de los años 60 entre rudos ovejeros. Estos militantes de la libertad y la justicia son observados a la vez por el joven hijo de la pareja y por la sardónica mirada de un extranjero escéptico. Ambos terminan por convencerse, aunque cada uno por distintos motivos, de la validez del mundo propuesto por estos soñadores perdedores de la guerra pero ganadores absolutos de sus pequeñas batallas cotidianas. Seguramente esa fotografía tranquila, esos personajes sentidos aunque en oportunidades aburridoramente petulantes, esa historia con olor a tierra y esa obvia moraleja de fraternidad y rebeldía en tiempos neoliberales hayan sido el gran gancho para la acogida en tantos países. Así la historia y los planteamientos cinematográficos no vayan más allá de una medianía decorosa que en todo caso a veces es bastante difícil de encontrar en el cine latinoamericano.
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