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| 12/11/1989 12:00:00 AM

UN MUNDO RARO

La destrucción moral del hombre por el hombre, en "Los modernos".

"Los modernos" Dirigida por Alan Rudolph
Con Keith Carradine, Geraldine Chaplin y John Lone
Pocas películas tan sofisticadas, personales y realizadas en clave como esta. Si el lector es de los que detestan el cine de acción, en la cama o fuera de ella, entonces se sentirá a gusto con esta historia sobre personajes decadentes que se mueven en el ambiente de Paris o Nueva York en los años veinte, junto a pintores, falsificadores, rameras, millonarios, drogadictos, tramposos, genios, escritores, actores de cine y solitarios para quienes en medio de la bebida, el sexo, la molicie, la droga, el dinero, la mentira y la muerte misma, además de la codicia, el insulto y la inteligencia, lo único importante es sobrevivir mientras se deja un testimonio.
El realizador de esta rareza es un niño prodigio de Hollywood, Alan Rudolph, quien mientras otros jugaban con triciclos, ya estaba tomando clases de actuación y dirección. Ayudante de un loco como Robert Altman, para quien sirvió de asistente de dirección ("El largo adiós", "California Split" y "Nashville") y guionista ("Búfalo Bill y los indios" y "Desayuno de campeones"), Rudolph debutó con dos películas que lo convirtieron en todo un personaje: "Premonición" y, sobre todo, Welcome to L. A.. De ahi en adelante los críticos agotarían los adjetivos para referirse a títulos como Remember my name, Endangered Species, Choose me, Trouble in mind (con Kris Kristoferson, policíaca, con esos escenarios reproducidos por el ex convicto en miniaturas que anticipan el desastre para todos: se consigue en video), y la comedia "Nacidos en el cielo" .
Ahora, con "Los modernos", Rudolph logra un curioso ejercicio estilístico que desesperará a la mayoría pero dejará a otros la sensación de asistir a la vivisección dolorosa de un grupo de personajes incapaces de amar, incapaces de aceptar a los demás, empecinados en ese ejercicio permanente de destrucción mutua. La época es un pretexto. La historia, las circunstancias y los personajes son muy actuales. La alusión evidente a figuras históricas es un guiño cómplice a quienes siguen pensando que en un director como este es mejor leer entre líneas, es decir, entre gestos.

"El muestro de música"
Dirigida por Gerard Corbiau- Con
José Van Dam y Anne Roussel.
Las primeras escenas de esta película, que fue derrotada por "Pelle, el conquistador" en sus aspiraciones para conseguir este año el Oscar extranjero de la Academia, son duras, violentas. El cantante de ópera Joachim Dallayrac, al finalizar un concierto en Londres, poco antes de estallar la I Guerra Mundial, anuncia dramática pero elegantemente que ese ha sido su último concierto, que se retira, mientras el público estalla en comentarios de sorpresa y sollozos. Entre los espectadores sólo uno, el príncipe Scotti, entiende lo que está pasando. Después se sabrá por qué.
En su retiro, Dallayrac se encarga de la educación musical y personal de una muchacha, Sophie, sobrina de uno de sus mejores amigos. La amante del maestro, Estella, siente que la llegada de la joven altera la atmósfera que se vivía en esa mansión retirada. Las relaciones entre el maestro, la alumna y la amante se complicarán más cuando el músico se tope con un vagabundo dotado de una bellísima voz, Jean, quien será incorporado al grupo.
Apoyado en la música de Mahler, Verdi, Bellini, Mozart, Offenbach, Schubert, Schumann y Puccini, excelentes actores jóvenes y la fotografía de Walter Vanden Ende, el director belga Gerard Corbiau ha logrado algo que en el cine han podido conseguir pocos realizadores, entre ellos Franco Zefirelli, Joseph Losey y el mismo Ingmar Bergman: que la música sea la protagonista de la película, que todos los diálogos y personajes y situaciones hagan referencia a la música como un personaje concreto, que sea esta la que aumente o disminuya la intensidad dramática, sobre todo cuando el espectador descubra que asiste a una mirada implacable a las relaciones de este maestro solitario con esos dos muchachos en quienes deposita toda su sabiduría, y quienes irán a una competencia donde la crueldad, la histeria, la ridiculez y la venganza acabarán con la poca tranquilidad que había. Curiosamente, esta ha sido una de las películas más taquilleras en Europa. Ganadora de numerosos premios en festivales y muestras, "El maestro de música" es intensa, madura, penetrante y sagaz, revela los laberintos insondables de esos personajes quienes, en medio del salvaje aprendizaje, comprenden que son fichas en un juego más peligroso, juego en el que el corazón y el sexo nada tienen que hacer, apenas son referencias pasajeras, inferiores, mientras la música misma se convierte en un elemento demoledor, que no perdona a nadie.
Si el lector se siente un espectador diferente, entonces escoja las dos películas de esta página antes que las retiren de cartelera. Aunque el éxito sorprendente de una obra maestra como "Gringo viejo" abre las puertas a productos como estos.
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