Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2003/12/21 00:00

Un nuevo aire

En 2003 las nuevas generaciones de artistas colombianos siguieron dando de qué hablar en museos y eventos del mundo: una tendencia que se viene dando desde hace varios años a pesar de detractores que se aferran al arte tradicional.

Un nuevo aire

El arte colombiano esta en constante renovación. En contra de las críticas de Fernando Botero a la producción artística de las nuevas generaciones, este año se hizo innegable, evidente, el gran reconocimiento que estos artistas colombianos están consolidando por fuera del país. En 2003 expusieron María Fernanda Cardoso en la Bienal de Arte de Venecia, Italia; Doris Salcedo en la Bienal de Estambul, Turquía; Miguel Angel Rojas en el Whitney Museum de Nueva York y en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Allí también estuvieron José Alejandro Restrepo y Oscar Muñoz en una exposición curada por María Iovino. Muñoz además fue a Teorética en Costa Rica, Danilo Dueñas y Ana Patricia Palacios al Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, y Delcy Morelos expuso una obra en algunas estaciones de metro en Londres.

Adentro del país durante este año también se vieron exposiciones de gran calidad que reflejan el dinamismo del arte nacional. María Elvira Escallón ganó el Premio Luis Caballero, por la intervención de la naturaleza. Los árboles fueron alterados artísticamente y una serie de fotografías dieron fe del proceso. Jaime Avila obtuvo una mención de honor por su obra Cuarto Mundo tras una investigación en "el bajo mundo de la capital". El Ministerio de Cultura reestructuró el Salón Nacional de Artistas, y los frutos de este esfuerzo de recuperar un evento que estaba siendo muy cuestionado, ya se vieron este año en los salones regionales, los abrebocas de esta competencia, con la participación de un importante grupo de curadores y artistas como jurados. El salón se había convertido en un evento sólo para jóvenes o recién egresados de la universidad y ahora se ha conseguido convocar a creadores de varias generaciones. Para no ir muy lejos, el salón de Bogotá: desde Gustavo Zalamea, pasando por Johanna Calle hasta Milena Bonilla.

Gran parte de artistas colombianos se han desprendido un poco de la pintura y la escultura tradicional para decir todo lo que quieren decir, a través de otros medios. Muchos han optado por el video, las instalaciones, las esculturas con materiales no tradicionales, y hasta por el propio cuerpo para realizar obras de arte. Restrepo se apoya en el video después de investigar en detalle; Rojas en varios elementos que van desde la fotografía hasta el uso de hojas de coca para escribir frases sugestivas en las paredes de los museos. Oscar Muñoz con Aliento, obra que estuvo en Buenos Aires, dispuso espejos cóncavos en los que aparecen rostros de víctimas de la violencia, con el vaho del aliento del espectador de turno. Cardoso armó su obra con estrellas de mar, representando un paisaje marino pero también la hipocresía de quienes defienden la ecología. Salcedo, empleando decenas de sillas que aluden a la ausencia del hombre, realizó una escultura directamente en la arquitectura de Gálata en un lugar abandonado por personas forzadas a dejar un espacio arquitectónico en ruinas. Dueñas, con materiales que encontró en ocho depósitos del Museo de Caracas, armó una serie de obras que aludían a varios momentos del arte. También hay muchos artistas -y buenos- que siguen trabajando seriamente con la pintura y el dibujo: Delcy Morelos, Johanna Calle, Franklin Aguirre y Ana Patricia Palacios, entre tantos otros.

Lo que se vivió en 2003, viene de atrás. Ya hace un año, Restrepo había estado en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, Salcedo en Documenta de Kassel, Alemania, y, un poco más atrás, Cardoso en el George Pompidou de París y en el Nuevo Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York, Delcy Morelos en la Bienal de Buenos Aires, y Carlos Uribe en la Bienal de la Habana, entre tantos ejemplos. Seguramente el próximo año esta tendencia se mantendrá a pesar de la dura competencia internacional y de la dificultad para acceder a las principales bienales del mundo. Pero, como sucedió en 2003, allí estarán los colombianos, a través de un trabajo que muy pocas veces se ha valorado como se merece.

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