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| 1/24/2000 12:00:00 AM

UN PINTOR VERSATIL

Alvaro Medina, curador del Museo de Arte Moderno de Bogotá, hace una semblanza del pintor <BR>Sergio Trujillo Magnenat, un artista polifacético recientemente fallecido.

Cordialidad, sentido del goce y elegancia podrían ser tres de los muchos atributos que
distinguieron a Sergio Trujillo Magnenat, el pintor nacido en Manzanares, Caldas, que acaba de fallecer en
Bogotá a los 88 años de edad. Compañero de Germán Arciniegas en más de una aventura intelectual de alto
vuelo, la desaparición de estas dos personalidades en cuestión de pocos días es significativa ya que los dos
participaron, cada uno en su terreno, en el vuelco que sacó a Colombia de un ochocentismo empecinado que
de muchas maneras sobrevive para llevarnos a una dinámica de orientación y sabor novecentistas. Los
colombianos no somos fuertes en historia porque preferimos suspirar alegres en la tierra del olvido, así que me
parece necesario recordar ahora que en los años 20 se incubó un movimiento cultural renovador que ya en
los años 30 dio frutos bastante magros, pero frutos al fin y al cabo.Entonces accedió al poder con el
Partido Liberal una juventud untada de modernidad que despertó agudos celos y recelos, entre otros del
jefe de la oposición política, el conservador Laureano Gómez. Si Germán Arciniegas fue el escritor que,
guiado al principio por el pensamiento de José Carlos Mariátegui, templó la idea de un continente con
muchas cosas en común a pesar de las diferencias regionales, Sergio Trujillo Magnenat fue el responsable
de convertir la idea en vibrantes imágenes. Ambos trabajaron juntos en dos ocasiones memorables. La primera
hacia finales de los años 30, cuando Arciniegas dirigió 'Lecturas Dominicales' de El Tiempo, cuyas páginas
fueron ilustradas por Trujillo Magnenat y por sus contemporáneos Ignacio Gómez Jaramillo y Gonzalo Ariza. La
segunda experiencia se produjo en los años 40, cuando Eduardo Santos fundó esa revista formidable que fue
América, dirigida también por Arciniegas, cuyo título era una declaración de fe en nosotros mismos. Por
decenas, las carátulas de América estuvieron a cargo del recién desaparecido pintor. Realizados entre 1934 y
1940, los mejores cuadros de Trujillo Magnenat son ilustrativos en el mejor sentido del término. De figuras
alargadas y acentuados contrastes de luces y sombras, dos características del art deco que el artista
asimiló y manejó con sofisticación, hay pinturas como la titulada Muerte y doncella (1936) que pueden ser
consideradas entre las obras más interesantes de la pintura colombiana de todo el siglo XX. De conmovedora
y dramática belleza, este óleo sobre lienzo revela al dibujante preciso y espontáneo que críticos e
historiadores han reconocido como uno de los más puros de nuestra historia. Fue la asidua práctica del dibujo
la que le dio su sello personal a este versátil artista, dedicado por igual al diseño de muebles que a la
fotografía, al grabado que a la cerámica escultórica, al mural que al diseño gráfico. En esta última disciplina
dejó huella perdurable. Las mejores páginas de la famosa Revista de las Indias fueron concebidas y
realizadas por él con ojo certero, así como las de la revista infantil Rin Rin, dos publicaciones que el Ministerio
de Educación Nacional patrocinó entre 1936 y 1938.El aéreo trazo de Trujillo Magnenat le dio carácter visual a
libros de León de Greiff y Eduardo Carranza que hoy buscan con avidez los bibliómanos, así como a la
primera serie de carteles realmente profesionales que se imprimieron entre nosotros, dibujados con motivo
de los Juegos Bolivarianos realizados en Bogotá en 1938. La dispersión minó la producción del pintor pero
alimentó la fértil imaginación de quien tal vez será recordado como el padre del diseño gráfico
colombiano.Sergio Trujillo Magnenat era lector de poesía, bebedor de buen whisky y un magnífico ejemplar
de eso que en su juventud denominaban "un gentleman". Su pasión por la literatura francesa, idioma que
heredó de su madre, era proverbial. En los altos de Chapinero construyó una casa art deco que resumía con
sus muebles y cuadros el temperamento de quien se entregó de lleno al culto de esa diosa cambiante y
fugaz que llamamos Belleza.
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