Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 12/8/1986 12:00:00 AM

UN SEÑOR Y UNA SEÑORA

La historia que enterneció al mundo, vuelve 20 años más tarde con un amor más maduro y definitivo

UN SEÑOR Y UNA SEÑORA UN SEÑOR Y UNA SEÑORA
Las primeras secuencias de "Un hombre y una mujer: veinte años más tarde" anticipan lo que serán el vértigo, el temblor, la ansiedad, la prisa y también la desesperación de los personajes rescatados por Claude Lelouch todo ese tiempo después, ubicándolos en oficios que ejercen con gusto y envueltos en una serie de conflictos emocionales que, más por obligación que por azar acabará por enredarlos de nuevo: varios coches deportivos avanzando por una pista húmeda y resbaladiza, tropezándose, adelantándose, quedándose, haciendo que sus conductores tengan que maniobrar como locos. Aquel corredor impetuoso llamado Jean Louis, el que se enamoró de una mujer a quien no supo conservar y mientras el pegajoso tema musical de Francis Lai era memorizado por millones de espectadores en todos los idiomas, ese hombre, ya no es tan audaz, ahora ha mesurado sus instintos, ahora piensa dos veces antes de aceptar el peligro.
Las primeras secuencias encierran el lenguaje cinematográfico de este realizador: la prisa por contar, por presionar y acorralar al espectador, por no dejarlo aburrir mientras le plantea, por primera vez en el cine, la continuación de una historia que se volvió mítica veinte años atrás y la utilización de los mismos actores, más acabados por el tiempo, más cautelosos, más heridos por el amor y la soledad.
La muchachita que era anotadora ha dado el salto y ahora produce sus propias películas y fracasa y entiende que la gente no quiere a estas alturas películas intelectuales y entonces descubre (¿por azar o por conveniencia?) que ese hombre de veinte años atrás sigue vivo y sigue atractivo y entonces le propone la fórmula que la salvará: hacer una película sobre su amor de veinte años atrás, reconstruir las heridas, abrir de nuevo los sentidos a esa pasión que el cine convirtió en una película ganadora de Oscares y Cesars. Y entonces, Lelouch, un realizador que conoce como pocos todos los recursos, todos los pliegues, todas las sombras, todas las posibilidades de cine como expresión y también como técnica, juega al cine dentro del cine (¿homenaje sutil a Truffaut?), hace una película dentro de su nueva película que se relacione con su película de veinte años atrás.
Es como un juego de espejos. El prueba la calidad y capacidad de los autos mientras decide irse al desierto a participar en esa competencia preliminar del infierno que hay entre París y Dakar; ella busca salvarse de la quiebra en que se encuentra su empresa.
Divertida, sensual, muy bien realizada, con todos los hilos al aire, con todo el mecanismo depredador expuesto a la curiosidad de los espectadores, esta película es un encanto, así es como hay que llamarla, un encanto por parte de Lelouch quien juega con sus personajes, los rescata del olvido, los pone a funcionar y de paso, luega también con los espectadores que se sienten felices de haber visto la primera y ahora la segunda película sobre un hombre y una mujer que se aman mucho y tienen un hijo y una hija.
Quizás algunos espectadores se sientan asqueados por el tono rosa que predominará y quizás otros saltarán de la silla al sentirse manipulados por el titiritero pero, para quienes gozan con el cine como si fuera un mecanismo de relojería, quienes se emocionan mirando los piñones y los alambres y la tensión de las agujas, entonces esta es su película: con esa magia que hay detrás del zumbido de una cámara cantando un pedazo de realidad falsa.

"EN 20 AÑOS SE CAMBIA TOTALMENTE"
A los 48 años, a pesar de todo el cine que ha hecho, Claude Lelouch mantiene intacta su pasión por la cámara. Por eso es su ya extensa producción de películas que incluye hasta repeticiones como es el caso de "Un hombre y una mujer, veinte años más tarde" que acaba de estrenarse el Colombia. Sobre esta su pasión sobre su inclinación comercial sobre sus conceptos del cine como medio de expresión, Lelouch hablo recientemente en Buenos Aires con el suplemento del periódico Tiempo. Por la oportunidad, SEMANA publica sus con ceptos:

--¿Qué es lo que tiene "Un hombre y una mujer", aparte de su posibilidad comercial, para que vuelva a repetirse en una nueva versión veinte años después?
CLAUDE LELOUCH: Cuando hicimos la primera película nos prometimos, un poco en broma, hacer su continuación en el futuro. Pasó el tiempo y la idea me fue gustando más, porque a medida que el tiempo pasa se entiende mejor la evolución del ser humano. Creo que si uno se cruza con una persona después de no verla durante veinte años puede reconocerla físicamente, pero seguramente no la reconocerá mentalmente. Lo que me interesó, entonces, es demostrar que en veinte años una persona puede cambiar totalmente. Que en veinte años llegamos a contradecirnos a nosotros mismos. Un hombre inteligente es el que cambia, y cambia completamente, todos los días.

--¿Qué ocurre con un director de cine que se encuentra con su película veinte años después?
C.L.: Cuando reveo mis antiguas películas, me pregunto si realmente fueron hechas por mí, me sucede que soy espectador de mis propias películas porque cuando termina una secuencia no sé cuál le va a seguir. Entonces tengo una mirada crítica, más severa, como si fuera la película de otra persona. En realidad no me gusta volver a ver mis películas. De esto hablé bastante con otros directores y creo que todos nos parecemos en ese sentido. Estamos felices de nuestros trabajos, pero con el tiempo nos hubiera gustado hacerlos de otra manera. Esta es la prueba de que el cine tiene vida, por eso queremos más a la última película que hemos hecho porque todavía está más cerca nuestro. No obstante, un artista no puede ser juez de su propia obra.

--Los espectadores de "Un hombre y una mujer",en su primera versión, seguramente habrán imaginado, cada uno de ellos, una propia continuidad para aquella película. ¿Esta nueva versión no corre el riesgo de defraudar la fantasía de los espectadores?
C.L.: Es posible. Cuando se hace una película que se refiere a la memoria colectiva, se corren riesgos. "Un hombre y una mujer" tuvo tanto éxito que ya no me pertenece, esa historia ya no me pertenece. Ahora doy mi propia versión sobre la continuidad de aquella película. La que me parece más lógica y que corresponde a nuestra época y a los cambios que hubo en este tiempo, sobre todo en las relaciones entre un hombre y una mujer. Quizás hice esta película para los que no vieron la primera versión. Seguramente los que no vieron la primera película, estarán más dispuestos a ver la segunda.

--Tanto en este nuevo filme, como en otros, el proceso de una película, o el cineasta, el camarógrafo, están dentro de la narración. ¿Por qué?
C.L.: Porque el cine es lo que más quiero en el mundo. Nací en 1937 frente a un televisor. Vi imágenes y escuché sonidos antes de aprender a escribir. Creo que mi cultura es cinematográfica. Todo lo que sé, más que de la literatura, lo aprendí del cine. Creo que de todas las artes es la que más me enseñó.

--¿Pese a su cuota de mentira?
C.L.: Es más difícil mentir en una película que en un libro. Creo que desde que llegó el cine hay más verdad. Hasta ahora la memoria del mundo estaba en manos de la literatura; ahora existe el cine. Es más difícil mentir en el cine. Amo el cine porque es el arte que menos miente, porque también es el que tiene mayor cantidad de testigos, mayor cantidad de espectadores. Por otro lado, no se trabaja solo; uno está rodeado de colaboradores que también buscan la verdad. Antes un escritor trabajaba sólo y podía contar lo que se le ocurría, ahora no. También creo que a través del cine es más fácil entender al mundo en que vivimos. El mundo en que vivimos hoy se parece más a una película que a la realidad.

--Si el cine llegara realmente a reemplazar a la literatura, ¿no se le estaria arrebatando la imaginación al espectador? Si todo es claro y manifiesto, ¿qué hacemos con la fantasía?
C.L.: Evidentemente es así. Sin embargo, el cine a mí me dio ganas de leer. Recurrí entonces a la literatura y me di cuenta que se podía llegar más lejos que en el cine. Con esto quiero decir que no propongo un reemplazo, sino un estímulo de las demás artes a través del cine. La literatura, la música y la pintura, las descubrí gracias al cine; por eso digo que mi cultura es cinematográfica. Creo que actualmente un cineasta es un cineasta, mientras que antes era un escritor que hacía cine.

EDICIÓN 1861

PORTADA

Prieto en la mira

La imputación de cargos al exgerente de la campaña de Santos sorprendió. Pero esta no tiene que ver con el escándalo de Odebrecht ni con la financiación de las campañas. ¿Por qué?

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com