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| 8/9/1982 12:00:00 AM

UN VIAJE A LOS INFIERNOS

La última película de Volker Schlondorff, "El caso de un pueblo", explora el tema del corresponsal de guerra.

Para muchos, toda buena película de guerra es una crítica de ella, pues se supone ingenuamente que, después de mostrar los horrores que conlleva, toda persona cuerda la rechazaría. Sin embargo, a pesar de la cantidad de películas sobre el tema, las guerras continúan. Lo que lleva a poner en duda la capacidad del cine para influir en la gente.
Volker Schlondorff lo sabe. Por eso no pretende modificar la conducta de las gentes a través de sus películas, sino recrear la realidad.
Las múltiples interpretaciones que un hecho puede ofrecer, especialmente si se trata de algo que ocurre en un punto neurálgico como lo es el Medio Oriente, posibilita su tratamiento cinematográfico en ricos y múltiples niveles temáticos. En "El Ocaso de un Pueblo", no sólo se muestra la situación agónica de los combatientes, sino también el papel de la prensa internacional, la seguridad familiar, las relaciones interpersonales, el fracaso de una civilización que ha sido llamada occidental, la dicotomía entre el pensamiento y la acción.
En su diario Schlondorff escribió durante uno de los días de la filmación: "¿Por qué nos encontramos tan incómodos en la seguridad y el bienestar cuando regresamos de Beirut? Bruno Ganz el sonidista ya compraron tiquetes Berlín-Beirut para regresar tan pronto sea posible. La editora, que vive en Ingolstadt, no puede dormir por las noches. Se siente demasiado tranquila, demasiado segura y demasiado cómoda. No soportamos nuestra paz, porque es sólo "una" No es un paraíso perdido aquello por lo que suspiramos, sino un país completamente destrozado"
En la película, Georg Lachen (Bruno Ganz), corresponsal de una revista, llega al Líbano con el fin de cubrir la información sobre la guerra civil. Pero su oficio se ha convertido para él, desde hace mucho, en algo terrible. Sabe lo bien que se cotiza lo truculento, tanto más si se ilustra con las fotos adecuadas. Y no quiere seguir desempeñando ese papel. Su vida le resulta falsa. Respecto a su mujer y al resto de su familia, a quienes ha dejado en la región de Luneburg en Alemania vive en una constante situación de distanciamiento. La paz de la casa le parece tan insufrible como la guerra en Beirut. Por todas partes se destruye la vida, con opresión casera en Alemania y brutalmente en el Líbano. En este viaje conoce a una alemana (Hanna Schygulla) que vive desde hace años en Beirut y que se siente identificada con ese país. Georg entra en una situación de crisis que no tiene retorno.
Schlondorff, a partir del itinerario errabundo del protagonista por calles destruídas, en donde acecha la muerte en todo momento, crea el ambiente de la pérdida de sentido, del vacío profundo, de un individuo que se caracteriza por su ambiguedad moral. La única forma de que le publiquen su reportaje es falsificando su experiencia.
Los hechos comienzan a ser manoseados de tal forma que, cual mina de oro, sólo importan en la medida en que puedan ser consumidos por lectores ávidos de novedades, cómodamente instalados en sus casas a miles de kilómetros de distancia. En este sentido, la escena en que se subastan las fotos de los muertos es de una fuerza conmovedoramente crítica. Allí Sichlondorff nos está diciendo que este no es sólo un problema de los medios de información, sino también del cine mismo que muchas veces convierte la miseria humana en objeto de complacencia morbosa.
Sin embargo, estos son sólo aspectos parciales de la película. Su totalidad es mucho más rica, máxime cuando Schlondorff es un director que tiene mucho que decir desde su propia visión de las cosas. Y la única manera de apreciarla en su riqueza temática no es desde estas líneas sino desde la butaca frente a la pantalla.--
Rafael Parra Crondona
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