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| 3/3/2012 12:00:00 AM

Una fábula moderna

La historia de un gondolero que no sabía cantar es el punto de partida de una narración ingeniosa y original.

William Goldman
Los gondoleros silenciosos
Ático de los libros, 2010
155 páginas

Cada vez que leo una buena historia, me asalta la siguiente pregunta: ¿Cuál es el secreto? Como las buenas historias contienen en sí mismas la respuesta, al terminarlas siempre creo haberlo descubierto, pero al rato se me escapa. "Si no me lo preguntan, lo sé. Si me lo preguntan, no lo sé", dicen que dijo San Agustín cuando le preguntaron qué era el tiempo. Acabo de leer Los gondoleros silenciosos, de William Goldman, que me ha parecido una historia magistralmente contada y quisiera, al menos por esta vez, que su secreto no se diluyera igual que un sueño.

Creo que el buen narrador es el que nos atrapa con una pregunta atractiva. ¿Por qué los gondoleros de Venecia, los mejores cantantes del mundo, dejaron de cantar? Tal es la pregunta explícita que encontramos en Los gondoleros silenciosos. Que levante la mano el que no tenga curiosidad de conocer la respuesta. Formular una buena pregunta e irla desovillando lentamente, a lo largo de 155 páginas. Eso es lo que consigue William Goldman, un reconocido novelista (La princesa encantada) y guionista (Todos los hombres del presidente).

"Todo el mundo sabe que los gondoleros de Venecia son los mejores -corrección, perdonen-, todo el mundo solía saber que los gondoleros de Venecia son los mejores cantantes del mundo". Así empieza esta historia, con una sutil ironía que oscila entre la leyenda y la burla de la leyenda. Que sepamos, los gondoleros de Venecia no son los mejores cantantes del mundo. Pero, ¿alguna vez lo fueron? Ahí sí nos entra la duda: en el pasado cualquier cosa pudo ocurrir. El pasado es un terreno fértil para el engaño y allí cualquier narrador puede hacer de las suyas con total impunidad. Pero los buenos, como es el caso de Goldman, desde un principio nos guiñan un ojo y nos otorgan el beneficio de la duda. Los gondoleros cantando, Venecia bajo la luz de la luna, muy romántico. Cuidado: los gondoleros te pueden estafar ("El hecho es que a pesar de todas sus virtudes, los gondoleros miran mucho el dinero") y amparada en la luz de su luna, Venecia se ha ido convirtiendo en un parque temático inundado de turistas. No importa, queremos seguir leyendo para conocer la respuesta. También es virtud de los buenos narradores que aún habiéndonos advertido de la prosaica realidad sean capaces de hechizarnos: "¿Cómo puede ser que la desaparición de algo bello en un mundo tan falto de belleza no sea sino una tragedia?".

Los gondoleros silenciosos es una fábula moderna, a la manera de James Thurber o Augusto Monterroso. Una fábula que utiliza la vieja envoltura de la fábula para decir cosas de ahora. Y al estilo de ahora: con humor, distancia e ironía. Aunque, hay que decirlo, Goldman no llega a los extremos de humor negro que alcanza Monterroso en La oveja negra y otras fábulas.

Luego de algunos circunloquios y de una anécdota del gran cantante Enrico Caruso con un gondolero -en su momento entenderemos su razón de estar ahí- aparece Luigi, el protagonista de la historia, un gondolero incompleto. No obstante sus sobradas habilidades en el manejo de la góndola, cantaba horrible. Horrible es poco: su canto producía migraña y náuseas. Y un gondolero que no pueda cantar no sirve para ese oficio porque tarde o temprano los turistas le van a pedir que cante O sole mio. Luigi es obligado a retirase. No importa que su familia lleve siglos en el negocio, que su propio padre sea gondolero. El prestigio del gremio no se puede poner en duda, no puede ser objeto de burlas. El gremio está por encima de cualquier miembro. A Luigi, para que el fracaso sea menos doloroso, le permiten trabajar en la taberna de los gondoleros. Así sea lavando platos, él lo acepta: peor sería estar lejos del ambiente. Luigi es un hombre bondadoso y manso, nunca resignado. "Pero por dentro, su corazón latía fuera de control, pues presentía, no, sabía, sabía más allá de toda duda, que su vida entera había sido un preámbulo a lo que iba a suceder".

Un mensaje edificante se gesta con la resolución de Luigi. Eso sí, con cierta ambigüedad y risas de fondo. No sería mala idea que los gondoleros dejaran de cantar.
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