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| 6/9/2003 12:00:00 AM

Una intrusa en la familia

Una comedia sin mayores méritos que, gracias a sus divertidas actuaciones, se ríe de la intolerancia y del racismo.

Director:Adam Shankman
Protagonistas: Steve Martin, Queen Latifah, Eugene Levy, Joan Prowlight, Jean Smart, Kimberly J. Brown, Angus T. Jones

No es una gran comedia, por supuesto, pero verla no le hará daño a nadie. En el peor de los casos, creo, se admirará el talento de sus cuatro protagonistas y se recordarán un par de escenas divertidas durante algunas horas. Sí, se tendrá la misma sensación que se tiene frente a muchas de las películas que se hacen en el Hollywood de hoy (que está editada a las patadas, como si los productores fueran conscientes de que tarde o temprano los canales de televisión van a insertarle comerciales y a censurar los diálogos), pero se valorarán la energía de varias secuencias y los esfuerzos de todos los involucrados por escapar a los lugares comunes del género y construir conflictos que podamos reconocer en nuestras propias vidas.

El personaje principal de Una intrusa en la familia, Peter Sanderson, es un exitoso abogado de impuestos que ha perdido a su familia a fuerza de trabajar a toda hora. Podría decirse que su esposa le pidió el divorcio porque pasaba más tiempo con su teléfono celular que con ella, podría asegurarse que sus hijos no quieren contarle los detalles de sus vidas porque ya se han acostumbrado a las promesas que rompe. Sanderson es, para no ir más lejos, el personaje cómico que el gran Steve Martin ha interpretado desde hace más de 20 años: un tipo solitario, un hombre asaltado en su buena fe, un perdedor de puertas para adentro que se encuentra a punto de explotar y necesita de un milagro para redimirse. El milagro es, en esta ocasión, uno que sólo podría ocurrir en estos tiempos: Charlene Morton, una gigantesca mujer negra que conoce en un chat (encarnada sin problemas por la cantante Queen Latifah) y que se hace pasar por otra, por una que no ha estado en la cárcel, para conseguir sus servicios profesionales.

Es el choque de estos dos mundos, el encuentro entre la rutina del abogado blanco de clase media y el divertido desastre de la mujer negra hecha en las calles, lo que produce las risas y las pequeñas moralejas de Una intrusa en la familia. Dos actores más resultan de especial utilidad para reírse de la intolerancia y del racismo: Eugene Levy, que suele robarse el show en todas las comedias en las que aparece con breves papeles secundarios (recordemos al papá de American Pie y al vendedor de Señales de amor), interpreta al mejor amigo de Sanderson, Howie Rottman, que se ha enamorado de Charlene desde que la ha visto por primera vez, y la brillante Joan Prowlight, viuda de Lawrence Olivier, asume con el encanto de siempre el papel de la señora Arness, que, pobre, siente una profunda nostalgia por aquellos tiempos en los que todas las cocineras eran negras y entonaban tristes y respetuosos cantos para sus amos.

Que todos los prejuicios que tenemos no nos impidan, pues, disfrutar esta comedia sobre todos los prejuicios que tenemos. No es una obra maestra, se sabe, pero al menos no rompe sus pocas promesas.
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