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| 4/15/2014 7:00:00 PM

Una noche en el Limbo

Hasta el 19 de abril se presenta Limbo en el Downtown Majestic, un show dinámico y sensual de la compañía australiana Strut and Fret

Elementos de circo y cabaret convierten esta obra en una fiesta. Música, danza y acrobacias sumergen al público en un mundo exótico y místico que cobra vida durante 75 minutos.

El espectáculo -que se estrenó hace un año en el Festival Adelaide Fringe – está por comenzar. Tras escena, en un cuarto pequeño que se conecta con el escenario por una estrecha escalera en forma de caracol parte del elenco se prepara para la función: Heather Holliday, reconocida traga espadas, y Evelyn Allard, especialista en aros aéreos, se maquillan y se miran al espejo mientras hablan.

Por su parte, Hilton Denis prepara unos pasos de tap, se detiene de manera brusca y mira su reflejo en el espejo fijamente. Saca de su pantalón una peinilla con la que arregla su pelo estilo afro y sonríe, es el mismo guiño que usa para interactuar con la audiencia durante la presentación.

Los demás integrantes del elenco (Danik Abishev, Jonathan Nosan y Mikael Bres) repasan sus rutinas en el escenario. Entre tanto, la banda, que afina sus instrumentos, anticipa la entrada al Limbo e inunda con melodías el teatro todavía vacío. La función está por empezar.

El nacimiento de esta obra

Scott Maidment, quien ha trabajado durante 24 años en las artes escénicas, como director y fundador de la compañía, creó este espectáculo de circo en su forma más pura. Por eso, Limbo recrea una spiegeltent (una tienda ambulante) de los años 20. “Allí, artistas de varios países del mundo mezclan música, danza, circo, magia, acrobacias y sideshow (actos como traga fuego)”, explica.
 

A diferencia de otros espacios de circo y cabaret, Limbo se concibió con la música como punto de partida. Sxip Shirley, músico de Nueva York y productor musical de la obra, viajó a Melbourne (Australia) luego de recibir una llamada de Maidment: “Me fijé en cómo el equipo movía su cuerpo, en la fuerza de los movimientos y así creaba música que los intensificara”, dice.

Sin embargo, no solo el sonido se roba la atención. Para el director también es importante el elenco multidisciplinario: “A pesar que cada uno es especialista en su acto, estaba interesado en ¿qué más podían hacer?, porque en algún momento del show tienen que cantar, bailar y tocar un instrumento”, afirma. Esa característica diferencia a Limbo de otros espectáculos de su tipo.

El resultado es una mezcla de sonidos y ritmos que “no son lo que la gente asocia con el circo… son más oscuros y extraños”, según Mick Stuart, percusionista de la banda. Y todo sumado logra una explosión de sensaciones que lleva a los espectadores a una cadena de emociones. “No es que cada uno haga su rutina de cinco minutos y le de paso a otro. Es más bien un show que fluye”, dice Holliday.

Diseñar las transiciones entre los actos fue lo más difícil, recuerda Shirley, ya que “de un momento suave y delicado hay que pasar a ser un dios del punk” y, para lograrlo, el director trabaja de cerca con el elenco.

Además, aunque su estructura general permanece igual la obra ha cambiado. Luego de un año de funciones, los cambios van desde detalles pequeños como la manera en que los actores se mueven o usan una pieza de vestuario, hasta el uso de elementos técnicos y de escenografía más compleja.


“Estamos mejorando el show constantemente para darle a la audiencia la mejor experiencia posible. Queremos que los actos permanezcan frescos. En la concepción original teníamos más trucos de magia e ilusiones pero, con el tiempo, la música y los elementos de circo humano se han vuelto la fuerza que conduce el espectáculo”, aclara Maidment.


Una fiesta entre el cielo y el infierno


Animadas conversaciones, explosiones de risa, calentamientos y detalles de maquillaje consumen los últimos minutos antes de la función. Los rituales son sencillos. La calma en el camerino no anticipa la explosividad que durante la hora y cuarto siguiente inundará el Downtown Majestic.

Silencio y oscuridad. De repente, una fuerte sacudida musical golpea al público y una luz roja ilumina el escenario. Sxip Shirley, con traje blanco, pequeñas alas sobre sus hombros, gafas oscuras y micrófono en mano, saluda al público. La banda lo sigue. Shirley es todo un maestro de ceremonia, un ángel que guía al público por un mundo surreal, sensual y exótico.


Cuerpos se contorsionan hasta casi quebrarse, bailarines de tap se mueven al ritmo de látigos y las danzas acrobáticas dinámicas sorprenden por su alto nivel de exigencia. Luego, algunas mujeres tragan y escupen fuego, y un hombre trata de escapar por una escalera envuelta en llamas. Actores, música y acrobacias crean la puesta en escena de Limbo, tan peligrosa como impresionantemente bella.

 

 

 

 

 

 

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