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| 3/4/1985 12:00:00 AM

"UNA NOVELA ES COMO UN TALEGO QUE UNO LLENA DE COSAS"

ANTONIO CABALLERO

Conocido por sus columnas en El Espectador y Cambio 16, en las cuales destila lo que unos califican como humor negro y otros camo "mala leche", Antonio Caballero ha mojado últimamente mucha prensa y no precisamente por sus columnas, sino por las entrevistas y comentarios que se han hecho con motivo de la publicación de su primera novela: "Sin remedio". Agotada ya la primera edición y en la lista de las obras más vendidas durante los últimos meses, la novela ha recibido las más encontradas críticas: desde que se lee facilito, pero no deja nada, hasta que es lo mejor que se ha escrito en Colombia en los últimos años después de García Márquez. SEMANA no quiso quedarse atrás, menos ahora que lo cuenta entre sus periodistas, y por eso resolvió hablar con él sobre esa novela que escribió casi completamente ocho veces y a la cual le ha dedicado más de 10 años de sus 39 de vida.
SEMANA: En el personaje de la novela, Ignacio Escobar, ¿hay muchas notas autobiográficas? ¿Cómo es esa relación autor-protagonista?
ANTONIO CABALLERO: Hay muchísimas cosas obviamente que he pensado, o bien que me han pasado, o bien que siento. Pero es un personaje totalmente distinto, es decir, es un personaje hecho con cosas mías y con cosas de otras personas. Creo que es un personaje autónomo, una personalidad distinta a la mía, aunque haya cosas que le pasan que a mí me han pasado. El guayabo, por ejemplo.... los guayabos son guayabos míos. Pero las aventuras, digamos, no tienen nada que ver conmigo. Son aventuras de él y el problema central de él, la incapacidad de actuar, no me pasa a mí, yo toda la vida he hecho cosas con gran esfuerzo. Por eso entiendo perfectamente al personaje central, porque yo las he hecho y él no.
S.: ¿Hasta qué punto los personajes del libro son modelos, estereotipos?
A.C.: Yo no diría que son estereotipos, lo que pasa es que hay gente que piensa como ellos, que siente como ellos. Los personajes reflejan tipos de personas que existen, pero no pretenden ser prototipos. Hay dos clases de personajes en el libro: unos que son importantes y otros que son pasajeros. Esos que son pasajeros, pues sí son un poco más estereotipos que los otros. Beatriz, por ejemplo, la bobita, pues sí es un personaje perfectamente estereotipado, pero porque es un personaje que no tiene prácticamente existencia, es secundario. En cuanto a otros, cuando se ahonda en un personaje, el personaje deja de ser un estereotipo. Ninguno tiene un modelo único. Incluso no tienen características que corresponden necesariamente a su mismo estereotipo. Un personaje puede tener simultáneamente modelos de otra generación, de otra ideología..., además, ellos mismos van arrastrando cosas y van produciendo cosas. El personaje se va imponiendo, incluso saliéndose de lo que yo mismo hubiera podido prever al principio.
S.: ¿Se le complicó algún personaje del libro más de lo previsto?
A.C.: Varios. Henna, por ejemplo, se me complicó muchísimo. Pero se me complicó en un sentido que no era previsible que se me complicara. Como autor me costó un trabajo enorme salir de ella. No lograba encontrar ninguna manera que fuera lo suficientemente poderosa como para sacarla. Otro fue el coronel Buendía. Era un personaje de ésos que pasaban por dos o tres páginas, pero se convirtió en un personaje con volumen. Escobar también. El problema original de Escobar era sólo el de escribir un poema, su dificultad para escribirlo por razones literarias, por razones de fé en la literatura. Después se complicó mucho más, pues se volvió un personaje cuya falta de fé se fue extendiendo a todas las otras cosas.
S.: ¿Hubo un rompimiento entre el Antonio Caballero que escribe las columnas y el que escribió la novela?
A.C.: Son dos cosas distintas. En las columnas yo escribo simplemente lo que opino sobre esas cosas, o lo que pienso sobre las cosas. En la novela escribo, además, las cosas.
S.: Le preguntamos eso, porque de pronto podrían ser actividades contaminantes. Y en "Sin remedio" no podría adivinarse que quien escribe la novela es el mismo que escribe las columnas de El Espectador.
A.C.: Es que son dos actividades distintas, al escribir una columna, la realidad pone la mitad del trabajo. En la novela, me ocupo mucho más de describir la realidad que de opinar sobre la realidad. En la novela no hay una opinión mía.
S.: ¿Pero la novela hasta qué punto describe la realidad y la crítica, y hasta qué punto inventa la realidad?
A.C.: La describe y la inventa pero no la crítica, justamente porque como autor no opino sobre esa realidad que describo.
S.: Una crítica hecha a su novela es la siguiente: que es un libro que se deja leer muy fácil, pero que al final no deja nada. ¿La intención de un autor al escribir una novela es dejar algo o es indiferente?
A.C.: Claro que quise dejar algo pero no quise dejar un mensaje. No es una novela de tesis, es una novela sobre un personaje, es una novela sicológica. A partir de esa novela se puede sacar una conclusión, el propio autor la puede sacar. Es como cuando Freud cuenta un caso clínico, primero cuenta un caso y después lo analiza. La novela es simplemente la narración del caso.
S.: Una forma de escribir una novela puede ser elegir un drama universal y adoptar su esquema como algo subyacente y luego ponerle una carne, unos personajes propios ¿Hay algo de eso en su novela?
A.C.: De una manera mecánica, digamos, no. Yo no parti de ninguna especie de drama prototípico. Una novela es como un talego que uno rellena de las cosas que va encontrando. El tema de la novela lo tuve claro desde el principio, la estructura no. Yo iba haciendo muchísimos apuntes pero además, a medida que iba escribiendo, iba haciendo planes estructurales de la novela, planes que cada seis meses se reformaban, que era necesario empezarlos de nuevo. El plan era simplemente para saber más o menos por dónde iba a ir. Escribiendo la novela trabajé por lo menos 10 planes distintos, estructuras distintas.
S.:¿Las inclinaciones poéticas de Escobar no revelan una frustración poética secreta del autor o por lo menos una inclinación que no ha madurado?
A.C.: No, ni secreta ni frustrada, los poemas de Escobar son escritos por el autor.
S.: ¿Cómo surgió el tema de la novela?
A.C.: Originalmente pensé que era un tema para 100 páginas, pero se creció, se volvió de 500. Yo escribía cosas, escribía cosas que no eran exactamente cuentos. Tenía la idea de escribir sobre ese tema sobre el tema de la dificultad de escribir un poema. Pero no sobre la práctica, la técnica del poema que es una dificultad de veras, sino por qué es tan difícil atreverse a escribir un poema, por qué ese temor a hacer el ridículo.
S.: ¿Y ese temor al ridículo no lo asaltó escribiendo la misma novela?
A.C.: Sí, claro.
S.: Técnicamente ¿cómo se puede comenzar a escribir una novela? A.C.: Supongo que hay muchas técnicas. El único consejo bueno de escritores para escritores, el único que a mi me ha servido es un consejo de Hemingway, un consejo técnico, que es el de dejar empezado lo que uno va a escribir al día siguiente. Es decir no dejar nunca interrumpida una cosa al final de un capítulo o de una escena, sino dejar una cosa ya empezada. Es la única manera de volver a iniciar al día siguiente.
S.: ¿La dinámica misma de la novela se va imponiendo?
A.C.: En realidad lo que estaba previsto era que Escobar pudiera escribir el poema. Pero de ahí en adelante no tenía yo ninguna idea preconcebida. Sin embargo, nunca se me ocurrió escribir primero toda la historia de Escobar y luego mezclarla. Todo lo que viene en la novela mientras Escobar escribe el poema y hasta su muerte,son inevitabilidades, digamos. O sea, he podido parar la novela después de que Escobar escribió el poema, pero al mismo tiempo pensé que era necesario seguir, demostrar un poco que Escobar tenía razón desde el principio. Es decir, que escribir no cambia nada de la realidad. Al suceder eso, era inevitable la muerte de Escobar. No había más que hacer con él. Claro que Escobar hubiera podido resignarse y convertirse en un poeta como Ricardito Patiño. A partir de cierto momento me pareció que era inevitable que Escobar muriera.
S.: ¿Cómo definiríá su novela?
A.C.: La novela es una novela muy reiterativa, dice de varias maneras la misma cosa. Está diciendo en el poema lo mismo que dice en la novela. La novela es una acotación al poema y el poema es un resumen de la novela en cierto modo.
S.: ¿Por qué la reiteración?
A.C.: Es el mismo tema obsesivo de Escobar. Es que todas las cosas son siempre iguales, que además es el tema del poema "Las cosas son iguales a las cosas", es decir, todo es simplemente la reproducción de otra cosa que ya ha sucedido y que es exactamente igual y que sucederá de la misma manera. Esto se rompe con la muerte de Escobar, digámoslo así, porque si no Escobar hubiera debido acabar como Ricardito Patiño, escribiéndole sonetos a Angela hasta los 80 años.
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